El primer paso lo dio este viernes el diputado del PP por Ceuta Jesús Celaya Brey durante la comparecencia del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en la Comisión de Interior del Congreso. Aunque defendió el malestar existente entre parte de la población ceutí por la gestión de la crisis migratoria, también marcó una línea roja: la violencia no puede ser la respuesta.
Celaya rechazó tanto el acoso a periodistas como los intentos de impedir que Cruz Roja atendiera a los inmigrantes. Su intervención supone un matiz relevante respecto al discurso mantenido por el partido apenas 24 horas antes, cuando sus principales dirigentes habían evitado condenar expresamente las agresiones protagonizadas por ciudadanos contra personas migrantes.
Poco después, Elías Bendodo reforzó ese cambio de tono. El vicesecretario del PP reconoció la preocupación existente en Ceuta, pero insistió en que cualquier respuesta violenta resulta inadmisible y reclamó al Gobierno que asuma sus responsabilidades.
Una posición común frente a los disturbios
El giro del PP coincide con una declaración institucional aprobada este viernes por todos los grupos de la Asamblea de Ceuta. El documento rechaza cualquier forma de violencia y advierte de que los responsables de los disturbios dañan la imagen de la ciudad y desvían la atención del problema que ha originado la tensión.
El presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, fue quien dio lectura al acuerdo, trasladando una imagen de unidad política ante una situación que amenaza con agravarse.
La presión sobre el PP había aumentado después de que el Gobierno reclamara a los partidos, y especialmente a los populares por su peso político en Ceuta, una condena inequívoca de los incidentes. El Ejecutivo había advertido de la necesidad de evitar que el conflicto derivara en una espiral de enfrentamientos.
El riesgo de una escalada mayor
La controversia también pone de manifiesto la dificultad de gestionar una crisis migratoria en un territorio marcado por una fuerte presión fronteriza. El malestar ciudadano puede convertirse en un factor de tensión política, pero los últimos acontecimientos evidencian las consecuencias de permitir que esa frustración desemboque en agresiones o en obstáculos a la asistencia humanitaria.
El cambio de discurso del PP busca precisamente marcar distancia con esas actuaciones sin renunciar a sus críticas contra la gestión del Gobierno. La formación ha pasado así de centrar sus reproches en el ataque de un grupo de migrantes a un convoy militar, que dejó cuatro agentes heridos, a respaldar una condena global de la violencia.
El desafío inmediato será evitar nuevos enfrentamientos y contener una tensión que puede tener consecuencias tanto para la convivencia en Ceuta como para el debate político sobre inmigración y seguridad. @mundiario