Agosto aún no ha terminado, pero los registros acumulados permiten anticipar un dato histórico. La temperatura media del verano de 2026 se sitúa 2,5 °C por encima del promedio de 1991-2020, una diferencia suficiente para que la Aemet considere prácticamente seguro que será el verano más cálido de la serie.
El dato cobra más importancia al compararlo con los récords anteriores. El verano de 2025 queda ahora en segundo lugar, con una anomalía de 2,2 °C, mientras que 2022 ocupa la tercera posición, con 2,1 °C.
La evolución durante estos meses tampoco ha sido uniforme. Desde mediados de mayo, las temperaturas han permanecido por encima de lo habitual durante buena parte del tiempo, con algunos intervalos de tregua. La previsión de la Aemet apunta, además, a que el calor intenso podría regresar a comienzos de septiembre.
Cinco de los años más cálidos están aquí
El récord no se limita al verano. Entre enero y agosto, 2026 también se sitúa como el año más cálido registrado en España desde 1961 y lo hace con una diferencia considerable respecto a 2024, que ocupa el segundo puesto.
El dato más revelador aparece al ampliar la perspectiva: los cinco primeros puestos corresponden a los últimos años. Tras 2026 aparecen 2024, 2025, 2022 y 2023.
Para la Aemet, esta acumulación de récords no responde simplemente a una sucesión de episodios excepcionales. El cambio climático está modificando el comportamiento habitual del verano, adelantando su llegada y prolongando los periodos de temperaturas extremas.
Eso implica que el problema deja de ser únicamente la aparición de jornadas puntuales con temperaturas muy elevadas y pasa a ser la duración cada vez mayor de las condiciones de calor.
Más calor, más presión sobre la salud y los ecosistemas
Las consecuencias van mucho más allá de la incomodidad que generan los termómetros disparados. La exposición prolongada a temperaturas extremas incrementa los riesgos para la salud, mientras que los ecosistemas afrontan unas condiciones cada vez más difíciles.
Los incendios forestales ofrecen uno de los ejemplos más visibles. Hasta el 18 de agosto, España acumulaba más de 255.000 hectáreas forestales quemadas. Castilla y León, Andalucía, Castilla-La Mancha y Aragón se encontraban entre las comunidades más afectadas.
El calor, por sí solo, no provoca un incendio, pero favorece unas condiciones de sequedad y estrés de la vegetación que pueden facilitar la propagación de los fuegos.
El contexto tampoco es exclusivamente español. Europa atraviesa episodios de calor extremo y sequía, mientras que los océanos han seguido marcando registros preocupantes. En Mallorca, una boya situada frente a Sa Dragonera llegó a medir 33,2 °C en la superficie del mar Mediterráneo, un récord absoluto para esa zona.
Con cuatro olas de calor registradas en España este verano, el balance de 2026 deja una cuestión de fondo: el récord puede dejar de ser una excepción y convertirse en parte de una tendencia cada vez más habitual. @mundiario