
Alrededor de 2008, mientras hacía coberturas de Ciudad de México, se presentó un diagnóstico sobre el estado de la red hídrica, cuando Ramón Aguirre estaba al frente del Sistema de Aguas.
A la presentación acudieron autoridades locales, se pensó mucho en el problema, se dieron soluciones. Una de ellas fue “hay que atender las fugas de agua” y se remarcó que había que mantener en buenas condiciones la infraestructura de la red de abasto.
Estamos 18 años después y de nuevo se hacen evaluaciones. Acuden expertos, se diagnostica el problema. La conclusión fue: “hay que atender la fugas de agua”.
Según estudios hechos por la UNAM recientemente, en Ciudad de México se pierde casi el 50 por ciento del agua en fugas.
Más que un recorrido por mis recuerdos profesionales, lo que quiero retratar es que los problemas hídricos no han cambiado mucho y al parecer las soluciones tampoco.
Esto hace que nuestras desgracias futuras sean más absurdas. No vamos a poder poner el pretexto de que la falta de agua es un problema que nos haya tomado desprevenidos.
No es una crisis de la que nadie nos avisó. No solo es un problema muy anunciado, sino que su solución es igual de evidente.
Se requiere inversión, se requiere una política pública específica y el problema es que por ahora no hemos logrado aquilatar el problema sin que sea en un panorama parecido a una película apocalíptica.
El tema viene un poco a cuento porque en Estocolmo se llevó a cabo la Semana Mundial del Agua, donde repetimos el diagnóstico donde las ciudades de Latinoamérica en general y de México en particular, requieren un cambio de paradigma para atajar la crisis y no se ha llevado a cabo.
En entrevista, Jorge Fuentes, director de proyectos del Consejo Consultivo del Agua, dijo que el modelo actual no tiene las capacidades para afrontar los retos que vienen y los esfuerzos por mejorar la infraestructura deberían ser más contundentes y tener mayor constancia.
“Desafortunadamente es una inversión que se ve poco, políticamente no es una decisión atractiva o que pueda transformarse en votos. Por eso no es muy popular. Pero será un problema del que todos deberíamos estar ocupándonos ahora”, dijo.
Por eso ahora viene la duda genuina, ¿qué tiene que pasar para que tomemos acciones preventivas en el tema del agua?
Tenemos poca disposición de prevenir contingencias y más bien parece que estamos muy dispuestos a que cuando llegue el desastre improvisemos soluciones más a rajatabla, que evidentemente van a terminar acentuando desigualdades y dejando a una buena parte de la población bastante descubierta en el proceso.
Más allá de la disponibilidad de recursos para tratar el problema de agua, necesitamos modificar la mentalidad con la que tratamos el líquido, porque si nos preocupa solo cuando hace falta, ya habremos llegado tarde a la posibilidad de encontrar un remedio.
@Micmoya