La guerra de Ucrania ha acostumbrado a Kiev a las explosiones, los drones y los ataques rusos. Lo ocurrido este miércoles, sin embargo, tiene una naturaleza distinta: agentes del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) y miembros de la inteligencia militar ucraniana (GUR) han terminado intercambiando disparos en las calles de la capital. Hay varios heridos y una investigación abierta. Y, detrás del enfrentamiento, aparece la desaparición de un militar ruso que combate del lado de Ucrania.
El episodio es especialmente delicado porque no se trata de dos unidades ordinarias enfrentadas por un incidente menor. El SBU es el principal servicio ucraniano de seguridad interior, contrainteligencia y lucha antiterrorista; el GUR —la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa— pertenece al aparato militar y concentra buena parte de sus funciones en inteligencia exterior y operaciones vinculadas a la guerra. La existencia de una confrontación armada entre efectivos de ambos organismos revela, como mínimo, un grave problema de coordinación.
El enfrentamiento se produjo durante la madrugada del 2 de septiembre en el distrito Dniprovskyi de Kiev, en torno a la calle Yuriia Shumskoho. La zona fue acordonada y hasta allí acudieron investigadores de la Oficina Estatal de Investigaciones (DBR) y responsables de las unidades especiales. El diario digital Ukrainska Pravda informó de tres miembros del GUR heridos como consecuencia del enfrentamiento.
La versión oficial del SBU sitúa el origen de la operación en una investigación sobre un supuesto atentado terrorista preparado por el Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB). Según el organismo, sus agentes realizaban actuaciones urgentes para recoger pruebas cuando un grupo armado intentó impedirles el paso y atacó al equipo de investigación. La unidad especial Alfa habría intervenido posteriormente y utilizado sus armas para detener la resistencia. Los participantes fueron detenidos y, según el SBU, pertenecían a una unidad de las Fuerzas de Defensa de Ucrania.
La Fiscalía General ha abierto una investigación penal por las amenazas y el supuesto intento contra la vida de un agente. El propio SBU sostiene que todavía deben determinarse las circunstancias exactas y la responsabilidad individual de cada participante. Pero esa es solamente una parte de la historia.
La desaparición de Stepan Kaplunov, la pieza que falta
El confuso incidente en torno a Stepan Kaplunov, subcomandante de operaciones de combate del Cuerpo de Voluntarios Rusos (RDK), ha desatado una crisis sin precedentes entre los servicios secretos ucranianos. Tras denunciar el RDK su desaparición forzosa el 23 de agosto, el caso escaló dramáticamente cuando agentes de la Inteligencia Militar (GUR) —estructura a la que está vinculada operativamente la unidad de voluntarios rusos— se enfrentaron a tiros contra efectivos del SBU. El tiroteo se produjo mientras el SBU realizaba un polémico registro en el domicilio de Kaplunov y dejó tres oficiales del GUR heridos.
Tras el tiroteo, el abogado del militar, Taras Borovski, confirmó que Kaplunov fue finalmente liberado. Aunque su paradero exacto se mantiene bajo estricto secreto por razones de seguridad nacional, el RDK ratificó que su subcomandante ya se encuentra a salvo, bajo el amparo directo del GUR —dirigido por Oleh Ivashchenko— y contando con el respaldo político de la Oficina Presidencial de Ucrania, hoy coordinada por Kyrylo Budanov, quien ha exigido una investigación exhaustiva sobre el incidente.
Ahí aparece la principal incógnita: ¿Kaplunov fue secuestrado por desconocidos, detenido por las autoridades ucranianas o estaba siendo protegido dentro de una operación contra el FSB? Las autoridades no han establecido públicamente una versión definitiva.
La tensión aumenta porque los testimonios procedentes del entorno de Kaplunov y del GUR ofrecen una interpretación muy diferente. El abogado Tarás Borovski afirmó que los agentes del SBU acudieron durante la noche al domicilio de su cliente y cuestionó la legalidad del registro y la ausencia de explicaciones sobre su situación.
El comandante de la unidad especial Timur, vinculada al RDK, sostuvo también que Kaplunov había sido detenido sin cargos y acusó a agentes del SBU de abrir fuego contra efectivos del GUR. Tres miembros de la inteligencia militar habrían resultado heridos, dos de ellos de gravedad, según el abogado. Son acusaciones que deberán ser comprobadas durante la investigación y que no coinciden con la versión oficial del SBU.
La Fiscalía, por ahora, ha confirmado la existencia del enfrentamiento y la participación de miembros de las Fuerzas de Defensa, pero no ha establecido públicamente toda la cadena de acontecimientos que desembocó en los disparos. Esa distinción es importante: el tiroteo está confirmado; la explicación completa de por qué comenzó todavía no.
Zelenski interviene y exige responsabilidades
La reacción presidencial muestra hasta qué punto el incidente ha sido considerado grave. El presidente Volodímir Zelenski calificó el enfrentamiento de situación "absolutamente vergonzosa" y ordenó que la Fiscalía General y la Oficina Estatal de Investigaciones reconstruyan lo sucedido paso a paso.
El presidente reclamó además posibles cambios de personal y pesquisas internas en ambos organismos. "Aquí en Ucrania, uno solo puede disparar contra los ocupantes rusos en defensa de Ucrania", afirmó, dejando claro que Kiev no quiere presentar el episodio como una simple disputa operativa.
La gravedad del tiroteo forzó una intervención drástica en la cúpula de seguridad. El presidente Zelenski firmó el decreto oficial para fulminar a Oleh Khramov de su cargo como jefe del Departamento de Protección de Secretos de Estado y Licencias del SBU. Aunque el cese fulminante no imputa una autoría directa a Khramov en el enfrentamiento armado, la destitución funciona como un cortafuegos político de Bankova. Con este movimiento, el Ejecutivo asume que la retención extrajudicial de Stepan Kaplunov cruzó todas las líneas rojas operativas, delegando en la Oficina Estatal de Investigaciones (DBR) la tarea de depurar las responsabilidades penales de los agentes implicados.
El tiroteo reabre las históricas fricciones operativas entre ambas agencias. El precedente más grave y directo se remonta al 5 de marzo de 2022, cuando el banquero y agente del GUR Denys Kireyev, pieza clave en las primeras mesas de negociación con Moscú en Bielorrusia, fue ejecutado con un disparo en la nuca en la parte trasera de una furgoneta del SBU en Kiev bajo la sospecha (posteriormente disputada) de una presunta traición. En 2023, el entonces jefe de la inteligencia militar y actual Jefe de la Oficina Presidencial, Kyrylo Budanov, acusó directamente a elementos del SBU de asesinar a Kireyev para sabotear la resistencia ucraniana.
Budanov sostuvo la tesis de que dentro del SBU operaban facciones rusas infiltradas. Según su postura, el objetivo de asesinar a Kireyev no fue un error, sino una operación deliberada para silenciar a una pieza clave de la inteligencia ucraniana y descarrilar las mesas de diálogo en Bielorrusia que buscaban ganar tiempo para las tropas de Kiev.
Durante el mandato del expresidente prorruso Viktor Yanukóvich, el SBU fue prácticamente desmantelado y reformado a favor de los intereses de Moscú. De hecho, varios jefes del SBU de esa época huyeron a Rusia tras la revolución del Maidán. Muchos oficiales de rango medio y bajo que fueron reclutados o promovidos bajo esa administración prorrusa permanecieron dentro de la estructura del servicio durante años, camuflados o inactivos, actuando como "células durmientes" o la famosa "Quinta Columna".
Aunque el asesor presidencial Mykhailo Podolyak atribuyó el suceso a una "deficiente coordinación" en el caos de los primeros meses de la invasión, la repetición de choques armados en las calles demuestra que la falta de un mando único coordinado sigue siendo una asignatura pendiente.
La comparación no permite establecer que ambos casos respondan al mismo patrón, pero sí explica por qué el tiroteo actual genera una preocupación adicional. La prioridad inmediata de Kiev será reconstruir quién ordenó cada actuación, qué información poseía cada organismo, por qué efectivos del GUR acudieron al lugar y quién inició los disparos. Mientras esas respuestas no lleguen, el tiroteo seguirá siendo menos una historia cerrada que el síntoma de una disputa institucional todavía abierta. @mundiario