Roberto Velasco, secretario de Exteriores, aterriza esta semana en China para su primera visita oficial como canciller mexicano, donde será recibido con un mensaje de alto nivel: Pekín quiere fortalecer la “confianza política mutua” y ampliar la cooperación con México como socios estratégicos integrales. El viaje llega apenas días después de reunirse con el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, y refleja el delicado equilibrio que busca el gobierno de Claudia Sheinbaum entre Washington y Pekín. Mientras Estados Unidos mantiene la presión sobre temas comerciales y de seguridad, China despliega la diplomacia para ganar terreno.
Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena, ya se deslindó de los señalamientos contra la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama: “No compartimos esas acciones”, dijo, recordando que el movimiento llegó al poder para combatir la corrupción y los privilegios. Pero el chisme va más allá de si los funcionarios tenían negocios antes de llegar al gobierno, de si “la gente los conoce” o de que trabajan 24/7. La pregunta es si ese estilo de vida es compatible con la austeridad republicana. Porque la austeridad no debería limitarse a decir que los lujos no se pagan con dinero público. También es una forma de vivir. Y resulta difícil hablar de austeridad mientras se exhiben aviones privados, departamentos de lujo, vehículos costosos, joyas o bolsas que la mayoría de los mexicanos no puede permitirse. Trabajar 24/7 tampoco explica la ecuación: millones de mexicanos trabajan todos los días y jamás podrán pagar un vuelo privado. Y ser madre y luchar por los hijos, por supuesto, es admirable, pero tampoco convierte los privilegios en austeridad. Así que el verdadero chisme es este: ¿la austeridad republicana se practica… o solamente se predica?
Ruth González Silva ya levantó la mano para gobernar San Luis Potosí y, de paso, dejó un chiste bastante claro sobre sus aspiraciones. La senadora del Partido Verde dijo que sería un honor llegar al gobierno estatal y, cuando le preguntaron por la posibilidad de que su esposo, el actual gobernador Ricardo Gallardo Cardona, pudiera impulsarla políticamente, respondió entre risas: “Es que soy su esposa, ni modo que otra persona, otra mujer, pueda ser la favorita”. El problema es que Morena ya ha puesto sobre la mesa reglas contra el nepotismo que podrían complicar una eventual candidatura de González Silva bajo sus siglas. Pero la senadora parece no preocuparse demasiado: asegura que en el Partido Verde todavía no se definen los tiempos.Mientras Morena cierra la puerta a las candidaturas que puedan parecer herencia familiar, el Verde todavía mantiene la ventana abierta. Y Ruth González, por si acaso, ya dejó claro que quiere sentarse en la silla grande de San Luis Potosí.