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El Economista 28 Mar, 2026 16:38

Día del Taco 2026: el origen de los tacos al pastor, del trompo árabe al ícono chilango

El taco al pastor no nació únicamente del antojo. Detrás de su carne roja, de la piña en lo alto del trompo y del gesto preciso con el que el taquero rebana cada capa dorada, hay una historia de migración, adaptación y ciudad. Como ocurre con muchos platillos que hoy parecen inseparables de la vida cotidiana mexicana, su origen no está en una sola cocina ni en una fecha exacta, sino en un proceso de mezcla cultural.

Aunque hoy se asocia de inmediato con la Ciudad de México y con la noche urbana, diversas investigaciones y divulgaciones académicas coinciden en que su raíz está ligada a la llegada de migrantes libaneses a México durante el siglo XX, especialmente a Puebla, donde técnicas cercanas al shawarma y al taco árabe comenzaron a transformarse con ingredientes locales.

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    Más tarde, esa base evolucionó en la capital hasta dar forma al taco al pastor como hoy se conoce: carne de cerdo adobada, cocida en trompo vertical y servida sobre tortilla de maíz.

    Del shawarma al trompo mexicano

    La historia empieza lejos del puesto callejero. En Medio Oriente, la técnica de asar carne en un espetón vertical ya existía desde hace tiempo y permitía cocinar capas superpuestas de carne mientras el calor doraba el exterior. Esa lógica viajó con comunidades migrantes que llegaron a México y que buscaron reproducir sabores conocidos con lo que tenían a la mano.

    En Puebla, ese traslado culinario encontró una primera traducción en los tacos árabes, elaborados con carne cocida en trompo y servidos en pan de estilo árabe. Pero México rara vez adopta intacto lo que recibe: lo transforma. Con el tiempo, la carne cambió, el condimento se volvió más cercano al adobo mexicano, el maíz sustituyó al pan como vehículo principal y el resultado dejó de ser una reproducción para convertirse en otra cosa.

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    Tacos al pastorCortesía

    Uno de los puntos más interesantes del taco al pastor es que no puede explicarse solo como herencia libanesa. Su identidad actual depende de una mexicanización radical: el uso del cerdo en lugar del cordero, la presencia del achiote y de chiles en el adobo, la tortilla de maíz como base, las salsas, la cebolla, el cilantro y, en muchos casos, la piña. Es decir, el trompo vino de fuera; el sabor que lo volvió masivo se construyó aquí.

    También hay una discusión sobre el término “al pastor”. Algunas fuentes señalan que el nombre moderno se consolidó después, cuando la técnica del trompo ya se había adaptado al entorno mexicano; otras recuerdan que la expresión “asado al pastor” existía en el país desde el siglo XIX, antes incluso de la popularización del trompo vertical. Eso vuelve todavía más interesante al platillo: no solo mezcla ingredientes y técnicas, también capas de lenguaje culinario mexicano con una herencia migrante.

    Si el taco árabe remite a Puebla, el taco al pastor terminó de consolidarse en la Ciudad de México. Ahí encontró el escenario ideal: una ciudad de ritmos acelerados, noches largas y hambre constante. El trompo resultó perfecto para el consumo callejero porque permite velocidad, rendimiento y espectáculo.

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