Anabella Bergero es una artista argentina-mexicana que encontró una imagen de la Virgen en un altar de Querétaro y la convirtió en el eje de “La Virgencita”, un proyecto que la llevó a confirmarse en la fe católica en 2025 y a construir un lenguaje visual pop latinoamericano propio, alejado del canon europeo.
Cómo empezó este proyecto
Anabella Bergero no salió a buscar a la Virgen. La encontró. Fue durante un taller de fotografía con el argentino Marcos López en Querétaro. Entre mercados y mesas de artesanías, se topó con un altar improvisado dentro de un estacionamiento.
La inspiración la encontró en las calles y la gente de pie. | Source : Cortesía.Ahí estaba esa imagen que, sin que ella supiera explicar cómo, terminó colándose entre los recortes de sus collages. “No sé cómo se empezó a meter en mis collages, esa parte es inconsciente”, cuenta.
Lo que sí sabe es que esa imagen encontrada terminó centralizando fragmentos dispersos de su trabajo y dándoles una coherencia que antes no tenían.
Lenguaje fuera de los libros
Antes de ese hallazgo, Bergero vivía en Londres, recorriendo galerías donde el arte conceptual exigía, según describe, casi un manual para entenderlo.
“Yo lo sentía como súper desvinculado de los lenguajes visuales de los que yo me había criado”, recuerda. Ahí decidió que no iba a cambiar su identidad para encajar en un arte que sentía ajeno.
En cambio, se propuso construir su propio código: collage, color saturado, una estética que combina pop latinoamericano con acentos churriguerescos y barrocos, tomada directamente de lo que se ve al caminar por cualquier calle de la región.
Ese lenguaje fue el que llevó primero a Constructing Identities en Nueva York, después a intervenciones murales sobre fachadas de edificios y, finalmente, a Heart of Community, la instalación que montó en el Project Room de Faena, en Miami, y que se expandió hasta convertirse en un centro cultural con talleres, podcast y charlas abiertas al público.
La obra conceptualizada entre otras
Bergero llegó a esa exhibición pensando en representar un lenguaje visual latinoamericano. Lo que no esperaba fue que el público reescribiera el sentido de su propio trabajo.
Mujeres que entraban a la sala empezaron a contarle sus historias personales con la Virgen, algunas entre lágrimas. “Ahí hay un tono teológico que yo jamás me hubiera cuestionado”, dice la artista, quien admite haber llegado al proyecto “bastante cabeza dura” en ese sentido.
Ese intercambio la transformó a ella también. El año pasado hizo su confirmación religiosa en Santa Fe, Ciudad de México, un episodio que describe como una reconexión con lo religioso, ya no desde lo cultural, sino desde la experiencia vivida.
La artista transformó en arte las historias que otras le contaron. | Source : Cortesía.Una pieza que se sigue escribiendo
Buscando que la Virgencita saliera de las salas de exhibición, Bergero desarrolló una pashmina de seda que puede enmarcarse, usarse como prenda o coleccionarse, una forma de que la imagen viva también en lo cotidiano.
Pero insiste en que el proyecto sigue abierto: no descarta que derive en más objetos o, incluso, en un libro.
Lo que empezó como un hallazgo casual en un estacionamiento terminó siendo, para Bergero, una manera de entender que el arte no se completa hasta que alguien más lo mira y cuenta su propia historia frente a él.