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Quadratin 30 Mar, 2026 10:16

Sin tanto Roy-o

La ciudad como escenografía. Partido exhibe caos de movilidad.

El sábado pasado no fue un evento cualquiera. Fue la antesala de lo que vendrá en unas semanas: el regreso del espectáculo deportivo más grande del mundo a la Ciudad de México. El partido inaugural en el Estadio Azteca no solo marcó el arranque de la cuenta regresiva rumbo al Mundial; también exhibió, sin filtros, la realidad de una ciudad que parece haber olvidado cómo planear.

Porque un Mundial no se improvisa y no es un evento más en la agenda. Es el evento. Más de mil quinientos millones de personas lo verán en todo el mundo. Millones de visitantes se desplazarán entre ciudades. Las economías locales se activan, las ciudades se transforman y, en los mejores casos, se aprovecha el momento para dejar infraestructura, orden y beneficios que trascienden el torneo.

Ese ha sido el estándar internacional, pero aquí decidimos jugar otro partido: el de la simulación.

Lo que vimos este fin de semana alrededor del Azteca no fue una ciudad preparándose para el mundo, sino un gobierno tratando de salir del paso. Calles recién pavimentadas en algunos tramos, brochas apresuradas tiñendo todo de morado, y una narrativa oficial que pretende hacernos creer que eso es transformación urbana.

No lo es. Eso es maquillaje.

La prueba más clara está en la movilidad. En lugar de mejorarla, se colapsó. El cierre total de accesos vehiculares por falta de estacionamiento no es una estrategia, es una confesión: no hubo planeación. Si esto ocurre en un evento de prueba, ¿qué podemos esperar cuando lleguen miles de visitantes adicionales durante el Mundial?

La respuesta es evidente: más tráfico, más caos, más frustración.

Y lo más grave es lo que no se ve en las transmisiones ni en las fotos oficiales. Las colonias que rodean el estadio siguen enfrentando los mismos problemas de siempre: servicios deficientes, infraestructura deteriorada, abandono institucional. Terminada la fiesta, volverán a su realidad cotidiana sin haber recibido un solo beneficio estructural.

Eso es lo que duele.

Porque el Mundial era -es- una oportunidad histórica. El pretexto perfecto para intervenir de fondo: repensar la movilidad en el sur de la ciudad, invertir en transporte público de calidad, ordenar el espacio urbano, dignificar el entorno de miles de personas que viven ahí todos los días.

Pero nada de eso ocurrió, ni en esta administración, ni en la anterior. Ambas optaron por lo más fácil: obras superficiales, decisiones de corto plazo y una lógica de gobierno que privilegia la imagen sobre los resultados. Pintar es más rápido que planear. Inaugurar es más rentable que transformar.

Y así, la ciudad llega al Mundial como ha llegado a muchas otras cosas en los últimos años: tarde, mal y sin visión.

No se trata de desear que le vaya mal a la ciudad. Todo lo contrario. Queremos que a la ciudad le vaya bien, que esté a la altura de lo que representa y de lo que merece su gente.

Pero para eso se necesita algo más que pintura morada.

Se necesita gobierno. Se necesita planeación. Se necesita entender que los grandes eventos no son un fin en sí mismos, sino una oportunidad para construir ciudad.

Hoy, lo que tenemos es una advertencia. 

Y como último apunte para evidenciar el contraste cuando se planea, mientras en la ciudad se han construido o remodelado 13 campos de fútbol para el mundial, este fin de semana en Nuevo León, se inauguró la cancha número 500.

Y el reloj ya está corriendo.

La nota Sin tanto Roy-o apareció primero en Quadratín México.

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