En la teoría, es todos contra todos.
En la práctica, es todos contra los Dodgers.
El atisbo comenzó a ser certeza en el primer fin se semana de la edición 122 de la MLB.
El equipo de Los Ángeles hizo gala del poderío y orgullo que los representa en su serie ante Diamondbacks de Arizona.
No fue una barrida cualquiera: fue una demostración real, fuerte y penetrante de seriedad e inversión, de exigencia y superación, de estoicismo y poder, con tres juegos en los que la palabra ‘remontada’ se magnificó por su ejecución dentro del diamante.
Justo en ese campo alusivo al lujo, donde la tierra pugna por destruir la pulcritud de los uniformes y la grama se establece como una dificultad con la cual se debe respetar y convivir, hay también una selección natural: quien arriesga e invierte está más cerca del triunfo que el que no arriesga e invierte lo mínimo -no lo necesario-.
Bien dicen que la historia se cuenta como a uno más le conviene y, en este caso, a la mayoría le conviene ver a los Dodgers como villanos, en ese afán que, milenariamente, tiene el ser humano de dramatizar lo que vive y siente.
Pero, la realidad, es que el enfoque está mal direccionado. Los Dodgers deben de servir como ejemplo a seguir, no como ejemplo a destruir.
Los Dodgers celebran su victoria en la Serie Mundial. Credit: AP
El éxito económico y deportivo que hoy gozan no se hizo de la noche a la mañana: fue un trabajo arduo que se estableció al tocar fondo en 2012, en un proyecto que logró establecerse por completo a finales de enero del 2013, cuando firmaron con la empresa Time Warner Cable para transmitir todos sus juegos como local por 7,000 millones de dólares y 25 años.
Hoy, causó gran revuelo lo que hicieron en la temporada baja al adquirir los servicios del bateador zurdo Kyle Tucker y del cerrador derecho Edwin Díaz, dos de los agentes libres más codiciados del mercado anterior, con la idea de que en Los Ángeles se roban todo y no dan espacio a la competencia, cuando son los mismos jugadores que, por elección propia, convierten a Chávez Ravine en su nueva casa.
“Esta organización, de arriba hacia abajo, es de primera clase, y el equipo que han armado para ofrecer un gran espectáculo a la afición y competir por campeonatos habla por sí solo”, comentó Tucker el día de su presentación.
“Elegí a los Dodgers porque son una organización ganadora. Quiero ganar, y creo que tienen todo para ganar. Elegir a los Dodgers fue bastante fácil”, comentó Díaz el día de su presentación.
Hasta cierto punto, entiendo el discurso.
Creo firmemente que es parte de nuestra naturaleza humana señalar villanos y potenciales héroes. Así hemos crecido; así hemos vivido.
Sin embargo, si queremos regirnos bajo esta premisa, la realidad es que no veo qué héroe pueda trazar su camino para llegar al final y destronar al nuevo ‘Imperio del Mal’.
Sé que aún es muy temprano en la larga travesía de 162 partidos por equipo, pero tan solo en el primer fin de semana completo de la competencia, todos los equipos del Oeste de la Liga Nacional iniciaron con récord perdedor… salvo los Dodgers.
Los Padres de San Diego, a quienes veo más débiles que el año pasado, terminaron con récord de 1-2 frente a los Tigres de Detroit.
Y después de los Dbacks, que ya sabemos que fueron barridos por Dodgers, están los Gigantes barridos por los Yankees, y los desahuciados Rockies barridos por los Marlins.
Para no hacer más largo el cuento y evitarnos los ejemplos de cada año en la Nacional sobre Milwaukee, Filadelfia, Atlanta y Chicago, a los que les falta el colmillo que les sobra a los Dodgers en postemporada y por eso dudo mucho que lleguen a dar el do de pecho, no encuentro a esa ‘Cenicienta’.
Ni mucho menos encuentro en este tenor a los Azulejos de Toronto, aquel equipo que nos quisieron vender como el David el año pasado, cuando fueron la quinta nómina más alta de todo el beisbol.
Quizás los Tigres de Detroit, que tienen mucho potencial desde el año pasado y son la octava nómina del beisbol en el 2026, puedan sobresalir y me callen la boca; pero, de allí en más, solo encuentro a dos equipos ‘ricos’ que pueden hacerle frente a Dodgers y ambos son de Nueva York: Mets y Yankees (y eso que todavía dependen de que no se les acabe el gas después del Juego de Estrellas).
Aaron Judge, capitán de los Yankees de Nueva York . Agencia AP.
Como cualquier ciclo sin fin, todo gira en torno a Dodgers, en ganarles y destronar el mal llamado ‘Imperio del Mal’.
Ya no hay forma de cambiar el discurso.
Por más que quisiera, no puedo.
Y es algo triste, pues mientras tanto, clubes como Marlins, Rays, Guardianes, Mellizos, Nacionales, Rockies, Medias Blancas y Cardenales se mantienen echados a la hamaca, y bien pueden decir que el malo, el villano, es otro.
Ahora, tocará sufrir los estragos, porque como van las cosas, los Dodgers serán el pretexto idóneo para aumentar la fricción que, de por sí, ya existe entre el Sindicato de Peloteros y los dueños en vías de aceptar o no un tope salarial.
Al final, como siempre sucede, el tiempo, inevitable e incorruptible, hablará por sí solo…
-El Dugout del Gabo.