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El Diario 27 Sep, 2026 19:41 (8 min de lectura)
Observatorio Neutral

Alza ‘La Mujer Obrera’ voz contra violencia de género

Por Jaime Torres/El Diario de El Paso En mexico México, Chihuahua
Alza ‘La Mujer Obrera’ voz contra violencia de género
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Mily Treviño-Sauceda advierte sobre la violencia oculta en trabajadoras agrícolas y domésticas.
• Evento 'Disrupt the Injustice' busca justicia para sobrevivientes de abuso sexual.
• Ocho de cada diez mujeres del campo han sufrido acoso laboral.

La violencia contra las mujeres continúa siendo una realidad que permanece oculta en muchos hogares, centros de trabajo y comunidades, particularmente entre trabajadoras agrícolas, domésticas y otras mujeres que enfrentan condiciones de vulnerabilidad, advirtió Mily Treviño-Sauceda, directora ejecutiva de la Alianza Nacional de Campesinas.

Durante una entrevista previa a la jornada "Disrupt the Injustice: National Day of Action – Survivors Rising", organizada por La Mujer Obrera, Treviño-Sauceda destacó la necesidad de dejar de normalizar conductas de acoso, abuso y violencia de género, así como de crear espacios donde las víctimas puedan hablar sin temor a ser cuestionadas o culpabilizadas.

La actividad se realizó este sábado 26 de septiembre en Café Mayapán, en El Paso, bajo el llamado a promover justicia, rendición de cuentas, sanación y transformación para sobrevivientes de violencia sexual y abuso.

Treviño-Sauceda señaló que uno de los principales obstáculos para enfrentar la violencia es que muchas mujeres llegan a considerar normales situaciones que en realidad constituyen abuso.

Explicó que el miedo a denunciar, a no ser creídas, a ser señaladas por la forma de vestir o por sus decisiones personales, así como el temor a perder el empleo o afectar a su familia, mantiene muchos casos en silencio. "No importa dónde estabas ni cómo vestías. Nadie tiene derecho a abusar de ti", sostuvo.

La activista consideró que hablar sobre estas experiencias puede abrir la puerta para que otras mujeres reconozcan que tampoco están solas y busquen ayuda.

De acuerdo con cifras que Treviño-Sauceda mencionó durante la entrevista, ocho de cada 10 mujeres trabajadoras del campo han enfrentado algún tipo de acoso, mientras que entre cinco y seis de cada 10 habrían reportado experiencias de abuso sexual. Estas cifras fueron presentadas por la activista durante la conversación y no fueron acompañadas, en la entrevista, de una referencia específica al estudio de origen.

La problemática, aclaró, no se limita al trabajo agrícola. La Alianza Nacional de Campesinas también ha trabajado con mujeres dedicadas a labores domésticas, de limpieza, de fábrica y otras actividades.

Treviño-Sauceda explicó que las condiciones de aislamiento que pueden existir en algunos empleos agrícolas aumentan la vulnerabilidad de las trabajadoras, particularmente cuando dependen de un patrón o de un empleo temporal.

También relató que algunas mujeres pueden enfrentar situaciones de abuso durante procesos relacionados con el traslado o cruce de la frontera, cuando personas en posiciones de poder utilizan su situación de vulnerabilidad para someterlas. "No estamos solas", insistió, como uno de los mensajes centrales de su trabajo comunitario.

En uno de los momentos más personales de la entrevista, Treviño-Sauceda reveló que ella misma vivió situaciones de acoso cuando trabajaba en el campo siendo joven. Explicó que durante años guardó silencio. El temor, la impotencia y la preocupación por las consecuencias que pudiera tener hablar de lo ocurrido hicieron que mantuviera esa experiencia en privado durante aproximadamente 15 años.

Recordó que llegó a sentir ansiedad, dificultades para dormir y pesadillas, además del temor de encontrarse nuevamente con hombres que pudieran representar una amenaza.

Con el paso del tiempo, al conocer las experiencias de otras mujeres, comenzó a comprender que aquellas reacciones estaban relacionadas con el trauma provocado por lo vivido.

Para Treviño-Sauceda, compartir esas experiencias permitió entender que el problema no era individual, sino parte de una realidad que enfrentan muchas mujeres.

La activista explicó que el proceso de recuperación no es igual para todas las sobrevivientes y que, dependiendo de la gravedad del trauma, puede ser necesaria la intervención de profesionales especializados.

La labor de las organizaciones comunitarias, dijo, consiste también en acompañar a las mujeres para que puedan encontrar servicios adecuados, incluyendo refugios, centros de atención y organizaciones especializadas.

Uno de los objetivos es que esos servicios respondan de manera adecuada a las necesidades culturales y lingüísticas de las comunidades a las que atienden. "El simple hecho de que sean parte de este trabajo ayuda a que se den cuenta de que no era su culpa", explicó.

Los talleres impulsados por las organizaciones no se limitan a conversaciones sobre las experiencias de violencia. Treviño-Sauceda explicó que algunas sobrevivientes encuentran en el dibujo, el arte y otras formas de expresión herramientas para comunicar aquello que resulta difícil expresar verbalmente.

A través de estas actividades, las participantes pueden imaginar y construir una idea de lo que sería para ellas un espacio seguro, libre de violencia.

La problemática también alcanza a niñas y adolescentes, quienes pueden llegar a considerar normales determinados comportamientos de acoso o abuso en las escuelas y otros espacios, señaló.

Por ello, uno de los objetivos es que aprendan a identificar situaciones de riesgo, buscar ayuda y construir redes de apoyo entre ellas.

Una red que trasciende El Paso

Treviño-Sauceda destacó que La Mujer Obrera forma parte de una red de organizaciones que trabajan en diferentes estados de Estados Unidos para atender la problemática y capacitar a comunidades sobre violencia de género, trauma y mecanismos de apoyo.

El objetivo, explicó, no es solamente convencer a las mujeres de denunciar, sino acompañarlas durante el proceso y ayudarlas a encontrar servicios que puedan atenderlas de manera segura.

También subrayó que los hombres pueden ser víctimas de violencia y que las organizaciones han atendido casos de este tipo.

El llamado: creer, escuchar y acompañar

Para Treviño-Sauceda, uno de los primeros pasos para enfrentar la violencia es escuchar y creer a quien se atreve a hablar. Consideró que cuestionar a una sobreviviente, responsabilizarla por lo ocurrido o minimizar su experiencia puede provocar que vuelva a guardar silencio y se aleje de quienes podrían ayudarla.

"No te quedes callada. Estamos por aquí. Vengan a La Mujer Obrera y, si nosotros no podemos apoyarlas directamente, vamos a buscar quién pueda hacerlo".

La jornada "Survivors Rising" fue convocada como un espacio de diálogo y acción para visibilizar la violencia sexual y el abuso, pero también para destacar la importancia de la solidaridad comunitaria y de las redes de apoyo para las personas sobrevivientes.

A la junta pública también se sumó Irma Cruz, organizadora comunitaria de la Red Fronteriza por los Derechos Humanos, quien destacó que el encuentro busca ampliar la conversación sobre la violencia que enfrentan las mujeres y reconocer que el problema va más allá de las agresiones sexuales.

Cruz señaló que el objetivo es "levantar la conciencia y levantar la voz" frente a diferentes formas de abuso, entre ellas la violencia doméstica y situaciones de violencia que pueden presentarse dentro de la familia, en los centros de trabajo y en el entorno social y ambiental.

"Necesitamos hablar de lo que nos está pasando, de lo que vivimos día a día y de cómo apoyarnos mutuamente", expresó la organizadora comunitaria, quien consideró fundamental que las mujeres cuenten con redes de apoyo y espacios donde puedan expresar sus experiencias sin sentirse solas.

La activista subrayó además el papel que desempeñan las mujeres como integrantes de sus familias y como líderes comunitarias. Dijo que, para poder acompañar y apoyar a otras personas, es necesario que las propias mujeres también cuenten con espacios para cuidarse, fortalecerse y atender las situaciones que enfrentan cotidianamente.

Cruz describió el encuentro como una oportunidad para hacer comunidad y generar conciencia colectiva, con el propósito de construir mejores condiciones de vida para las familias y para la sociedad en general.

Como parte de las actividades, las participantes trabajaron también en la elaboración de un mural interactivo, mediante el cual buscaron plasmar cómo imaginan los espacios donde viven y qué cambios quisieran ver en su entorno.

Cruz explicó que el ejercicio forma parte de un proceso para transformar simbólicamente el barrio y visualizarlo como un lugar más seguro, armonioso y agradable.

"Estamos visionando lo que nos gustaría ver alrededor de nosotras, que todo fuera más bonito, más armonioso y que pudiéramos tener una mejor vida", señaló.

El mural se convierte así en una herramienta de expresión colectiva que complementa las conversaciones sobre violencia, pero que también permite a las participantes imaginar alternativas y expresar sus aspiraciones para sus familias, sus comunidades y los espacios que habitan.
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