Un grupo de ganaderos, productores y comercializadores en Estados Unidos pidieron a la Representación Comercial (USTR) incluir el tema del etiquetado de país de origen (COOL, por sus siglas en inglés) en los trabajos correspondientes a la revisión del T-MEC.
En una carta enviada a Jemieson Greer, titular de la USTR y principal negociador del T-MEC, los interesados consideraron que detallar el país de origen de los cárnicos permitiría una mayor transparencia al consumidor, además de regular precios justos en la comercialización.
"El proceso de revisión del T-MEC representa una importante oportunidad para negociar una nueva solución a este problema persistente.
"Esto podría lograrse mediante la inclusión de un anexo sobre Transparencia en el Etiquetado de Alimentos en el Capítulo del T-MEC sobre Obstáculos Técnicos al Comercio", urgieron los manifestantes.
Con la inclusión de la medida en el acuerdo comercial, México y Canadá se comprometerían a no presentar impugnaciones al COOL ni a cuestiones relacionadas con el etiquetado de alimentos ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Cabe recordar que, en 2008, el Congreso aprobó el etiquetado de origen en frutas, verduras, pollo, carnes y mariscos; sin embargo, en 2015, la medida fue derogada para el cerdo y la res por considerarse discriminatoria, tras un fallo de la Organización Mundial del Comercio.
"El breve periodo de vigencia de los requisitos de etiquetado obligatorio demostró que el etiquetado puede beneficiar a los productores estadounidenses: la adopción del etiquetado COOL obligatorio conllevó un aumento constante del precio del ganado estadounidense", afirmaron las agrupaciones que firmaron la misiva enviada al USTR.
Según lo manifestado por los casi 40 organismos interesados, incluso las consultas entre consumidores revelan la preferencia por la adquisición de productos estadounidenses.
Además, la medida cobra relevancia tras el reciente decreto del Presidente Donald Trump por facilitar las importaciones de carne de res desde Argentina, una medida que se considera en detrimento de los productos de Estados Unidos y sin un efecto significativo en los precios al consumidor.
"A medida que la población bovina estadounidense continúa disminuyendo debido a la sequía y a las condiciones insostenibles del mercado, las multinacionales cárnicas están importando carne de res a niveles récord, representando aproximadamente el 16 por ciento del consumo estadounidense", se argumentó