Tras arrasar en el resto del mundo, las automovilísticas chinas han puesto la mira en el mercado estadounidense.
Y los fabricantes de automóviles estadounidenses, nerviosos, temen que sea solo cuestión de tiempo.
Por ahora, los aranceles del 100% sobre los vehículos eléctricos chinos impiden de facto que BYD, Geely y Xiaomi vendan en Estados Unidos. Sin embargo, se espera que el Presidente Donald Trump y su homólogo, Xi Jinping, discutan la posibilidad de reducir estas barreras durante su cumbre, largamente planeada, en mayo.
Y a pesar de sus críticas a China, Trump ya ha dado señales de estar dispuesto a permitir la entrada de las empresas chinas, bajo su mandato. En enero, declaró ante el Club Económico de Detroit que estaría encantado de que los fabricantes de automóviles chinos abrieran fábricas en Estados Unidos y emplearan a trabajadores estadounidenses.
"Estamos muy cerca de que se rompa la proverbial represa", afirmó Michael Dunne, ex ejecutivo de General Motors Co en Asia.
"La opción que están considerando los chinos -y que están analizando detenidamente en este momento- es fabricar en Estados Unidos, posiblemente con un socio estadounidense", afirmó Dunne, consultor automotriz especializado en China. "Eso está más cerca de lo que muchos creen".
BYD, por sí sola, representa 7 de cada 10 ventas de vehículos eléctricos nuevos en México, según estimaciones de BloombergNEF. Funcionarios canadienses firmaron recientemente un acuerdo con China para importar 49 mil automóviles al año. Geely espera obtener pronto la certificación del gobierno canadiense para vender sus vehículos allí, según declaró el director ejecutivo de su empresa matriz a Bloomberg el mes pasado.
Además, Stellantis NV, la empresa matriz de Chrysler, está en conversaciones con Zhejiang Leapmotor Technology Co para fabricar vehículos eléctricos conjuntamente en Canadá, posiblemente utilizando una planta inactiva de Stellantis en un suburbio de Toronto.
Para las empresas estadounidenses, lo que está en juego es sumamente importante.
Los fabricantes de automóviles chinos se han hecho con una cuota de mercado mundial con vehículos elegantes, equipados con tecnología avanzada y mucho más económicos que los que ofrece Detroit. Eso es especialmente cierto en el caso de sus vehículos eléctricos, que se cargan más rápido y cuestan menos que cualquier competidor estadounidense; algunos tienen precios inferiores a los 10 mil dólares.
En los últimos cinco años, China superó a todas las demás naciones productoras de automóviles importantes para convertirse en el mayor exportador del mundo, según la consultora AlixPartners. Los 7 millones de vehículos que China exportó en 2025 empequeñecieron las 1.3 millones de exportaciones de Detroit.
BYD y sus competidores también pueden lanzar nuevos modelos al mercado en la mitad del tiempo que les toma a las compañías automotrices estadounidenses, y a una fracción del precio. Competir con ellos en su propio país es una pesadilla para los grandes fabricantes de automóviles estadounidenses tradicionales. Para las empresas emergentes como Lucid Motors o Slate Auto, la amenaza podría ser existencial.
"Su costo y la calidad de sus vehículos son muy superiores a lo que veo en Occidente", dijo Jim Farley, director ejecutivo de Ford Motor Co, en el Festival de Ideas de Aspen el año pasado. "Estamos en una competencia global con China, y no se trata solo de vehículos eléctricos. Y si perdemos esta competencia, no tenemos futuro en Ford".
Farley incluso ha conversado con la administración Trump sobre la posibilidad de permitir que empresas chinas y estadounidenses formen empresas conjuntas para fabricar automóviles en Estados Unidos, siempre y cuando el socio nacional posea una participación mayoritaria. Personas familiarizadas con la conversación describieron la idea como una sugerencia informal, no una propuesta firme.
Sin embargo, la llegada de automóviles chinos a las carreteras estadounidenses no es un hecho consumado.
General Motors se opone a permitir la entrada de sus rivales chinos, argumentando que esta medida costaría a las empresas estadounidenses cuota de mercado y perjudicaría gravemente a sus proveedores norteamericanos. La directora ejecutiva, Mary Barra, calificó la decisión de Canadá de permitir algunas importaciones chinas como "una pendiente muy resbaladiza". El mes pasado, los grupos de presión de la industria automotriz enviaron una carta a Trump antes de su reunión prevista con Xi, advirtiéndole que China pretende "dominar" la industria automotriz mundial y podría diezmar la manufactura estadounidense.
Políticos de estados productores de automóviles han advertido sobre una amenaza para los empleos estadounidenses y han cuestionado si los automóviles chinos recopilarían demasiada información confidencial sobre los conductores estadounidenses. De hecho, el Departamento de Comercio de Estados Unidos impuso el año pasado restricciones a la tecnología de los autos inteligentes procedentes de China para evitar la vigilancia de los conductores.
Los fabricantes de automóviles estadounidenses ya se enfrentan a un momento difícil. La guerra comercial de Trump ha trastocado sus cadenas de suministro, que durante décadas han dependido de Canadá y México. Al eliminar los requisitos de eficiencia de combustible y los incentivos para los autos eléctricos, el presidente ha liberado a las empresas para que se centren en sus modelos más rentables: SUV y camionetas con grandes motores de gasolina. Pero esos vehículos no se venden bien fuera de Norteamérica, lo que significa que los fabricantes de automóviles estadounidenses corren el riesgo de convertirse en actores de nicho en el mercado global si no logran dominar los vehículos eléctricos.
Los fabricantes de automóviles chinos se han beneficiado de cuantiosos subsidios gubernamentales y mano de obra barata, factores que llevaron al Presidente Joe Biden a imponer aranceles elevados a sus vehículos. Sin embargo, también cuentan con tecnología que, en varias áreas clave, ha superado con creces a la de Detroit. Los analistas les otorgan una ventaja sustancial en baterías, uno de los componentes más importantes y costosos de un automóvil eléctrico. Muchos de sus vehículos están diseñados para integrarse perfectamente con la vida digital de sus propietarios, con características futuristas como el reconocimiento facial para personalizar el tablero de instrumentos para cada conductor.
Fuera de Estados Unidos, los fabricantes de automóviles occidentales ya se han asociado con los chinos para aprender de su tecnología y beneficiarse de ella.
Stellantis invirtió mil 100 millones de dólares en 2023 para adquirir una participación del 20% en Leapmotor, estableciendo una empresa conjunta con una participación del 51%-49% para producir y vender vehículos eléctricos asequibles fuera de China.
Según informó Bloomberg, Stellantis está considerando utilizar el software y la tecnología de vehículos eléctricos de Leapmotor en sus marcas europeas, como Fiat y Peugeot. Mientras tanto, la alemana Volkswagen AG invirtió 700 millones de dólares en 2023 para adquirir una participación del 5% en Xpeng Inc, especialista chino en vehículos eléctricos, creando así una empresa conjunta para el desarrollo de vehículos eléctricos y software.
Por su parte, Ford mantuvo conversaciones con Geely sobre la posibilidad de compartir capacidad de fabricación en Europa, ya que el fabricante estadounidense busca nuevas alianzas globales en el marco de la revisión de su estrategia de vehículos eléctricos.