Todos los análisis históricos sobre los grandes imperios en la historia, reflejan inevitablemente, que estos, como las personas, no son eternos. El imperio egipcio, el imperio romano, el imperio persa, y en épocas más recientes, el imperio español y el imperio inglés -e incluso la URSS Unión de Repúblicas Soviética Socialistas-, todos, han sucumbido a la fuerza de la historia. Tanto las teorías como la teoría de los ciclos económicos de Immanuel Wallerstein con su análisis de los Sistemas-Mundo, enfoque que entiende el capitalismo histórico no como una serie de economías nacionales, sino como una economía-mundo única y global, afirman que el capitalismo norteamericano, está en su etapa final y que opera mediante ritmos cíclicos de larga duración que alternan entre fases de expansión y contracción, las cuales determinan la acumulación de capital y la estructura de poder mundial. Otros como Steven Pinker en su libro principal relacionado con el liberalismo clásico y la defensa de sus valores, defienden que los ideales liberales de la Ilustración (razón, ciencia y humanismo) han funcionado, resultando en mejoras medibles en la salud, prosperidad, seguridad, paz y felicidad mundial.
Coincido con la idea de economistas prestigiados que identifican que presenciamos ya la decadencia del imperio norteamericano y el ascenso del imperio chino. Un imperio es una concentración de poder económico, político y geográfico, que tiene enorme dominio sobre otros pueblos y eso es lo que ostentan los norteamericanos en los últimos 100 años; tanto, que nuestro país sufrió precisamente de ese ascenso, cuando en la guerra de mediados del siglo XIX nos invadieron y quitaron la mitad del territorio mexicano. Así como el imperio español acumuló oro de los pueblos conquistados, así también los norteamericanos, conquistando territorios y comercializando sus productos a través de empresas transnacionales, lograron por décadas, ganar guerras mundiales y dominar a sus vecinos. Pero esto no es eterno y los imperios mueren, cuando su capacidad de consumo es mayor que la de producción, cuando su moneda se deprecia, cuando su productividad marginal es decreciente, cuando su poderío militar le genera gastos excesivos, cuando su deuda es mayor que su Producto Interno Bruto.
Y estos, son síntomas claros que tiene el imperio norteamericano hoy, desde las crisis energéticas de los años 80. La diferencia entre los expertos, es sobre cuándo se acelerará la caída del imperio. Lo ubican entre 10 y 20 años, y más, cuando surge otro imperio que confronta al imperio hegemónico en ruinas, se acelera la decadencia. Y eso es lo que ha logrado el imperio chino en los últimos 50 años. Tanto, que ya llega a igualar la generación de riqueza con una productividad creciente de sus clases obreras y medias, en tanto que la norteamericana es una voraz consumidora de recursos. Nuestro país desde 1994 con el Tratado de Libre Comercio, ligó nuestro destino al imperio del Norte y con esto a la fecha, el 80% de nuestras exportaciones e importaciones, dependen de ellos. Donald Trump en su primer periodo, convenció a su electorado del inicio de la decadencia y que requerían volver a industrializar el País y reducir los enormes déficits fiscales que tienen. Echaba la culpa a los migrantes, cuando la esencia del crecimiento norteamericano, han sido precisamente ellos. Ya en su segundo periodo, Trump desató una guerra militar sistemática en todos los frentes y éste, es precisamente otro de los síntomas de la decadencia; pues si bien, las guerras activan ciclos económicos, también generan gastos exorbitantes. Imposible sostener tantos frentes con tantos gastos. No pueden seguir creyendo tener el control de todo el mundo.
Por eso es probable que el pueblo norteamericano reaccione por el lado de la crisis económica y el endeudamiento creciente. Al detener el flujo de droga hacia su País, Trump busca reducir la enorme salida de divisas y de allí la enorme presión hacia nuestro México y a nuestra Presidenta. El futuro para nosotros, no es sencillo y por eso, la estrategia del régimen de concentrar el poder, como lo hizo el PRI en 71 años. Solo que ahora, México y su sistema político y económico, están infiltrados y dominados por el crimen. Y salir de ahí, no será nada fácil, pues en los últimos años tienen la economía y la vida política, pronto, las elecciones y en mi opinión, aquí es donde está el verdadero riesgo del futuro de México, vecino del imperio.