NAUCALPAN, Edomex., 2 de abril de 2026. -Lo que comenzó como una molestia física por el esfuerzo de cargar garrafones terminó en una tragedia irreparable. Un joven trabajador, que se desempeñaba como lavacoches, acudió al IMSS de Naucalpan buscando alivio para un dolor intenso en los pies. Tras un diagnóstico inicial erróneo de “enfermedad degenerativa” y la negativa de darle incapacidad, una resonancia privada pagada por su familia reveló la verdad: padecía una hernia discal.
A pesar de ser operado con éxito aparente, la pesadilla apenas comenzaba. Fue dado de alta de manera apresurada con medicamentos básicos, solo para regresar al día siguiente en estado crítico. La falta de un seguimiento postoperatorio adecuado y la ligereza con la que se manejan las altas en el sistema público sentenciaron su destino.
El caos diagnóstico en el hospital
Al reingresar de emergencia, la familia enfrentó el primer obstáculo: la resistencia del personal para atenderlo. Una vez dentro, los diagnósticos cambiaron constantemente; primero se habló de problemas intestinales y luego de una bacteria. El paciente pasó días sin un rumbo médico claro, bajo el cuidado intermitente de enfermeras y con la ausencia notable de médicos especialistas.
La falta de coordinación llegó a su punto máximo cuando una fisioterapeuta lo obligó a levantarse a pesar de tener indicación de reposo absoluto. Este error humano fue el detonante: el paciente sufrió una convulsión y un colapso pulmonar. Mientras su esposa gritaba por auxilio, el hospital evidenció su mayor carencia: no había médicos presentes ni equipo de reanimación disponible en el momento crítico.
Zoé Robledo ante la crisis del IMSS
Este caso ocurre en un contexto de deterioro sistémico bajo la gestión de Zoé Robledo Aburto, Director General del IMSS. Mientras la narrativa oficial presume avances, la realidad en hospitales como el de Naucalpan es de abandono. La “eficiencia” que pregona la dirección se traduce, en la práctica, en altas médicas prematuras para liberar camas, ignorando los protocolos de seguridad que salvan vidas.
La gestión de Robledo ha sido criticada por la reclasificación interna de “quejas” a “gestiones”, un proceso administrativo que, según expertos, maquilla las cifras de negligencia y resta transparencia. Para la familia de este trabajador, la institución no solo falló en curar, sino que se convirtió en el escenario de una muerte evitable.
Estadísticas de la negligencia en México
Las cifras son alarmantes. De acuerdo con informes de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), el IMSS encabezó las denuncias por violaciones al derecho a la salud durante 2022, 2023 y 2024. Tan solo en 2024, la institución acumuló 165 recomendaciones, la cifra más alta para cualquier dependencia pública en la historia reciente de México.
En el Estado de México (EMX), los hospitales del IMSS registran un déficit de especialistas de hasta el 30 por ciento en turnos vespertinos y fines de semana. Esta carencia de personal calificado se traduce en más de 5 mil 900 expedientes de queja abiertos en el último año, donde la falta de diagnóstico oportuno y el mal trato son las constantes que sufren los derechohabientes.
Justicia en espera y una familia rota
Hoy, Brenda, la viuda del paciente, enfrenta un proceso legal por presunta negligencia médica mientras cría sola a su hija de 6 años, quien perdió a su padre el día de su cumpleaños. El peritaje médico tardará al menos 20 días, pero la factura emocional y económica ya es impagable. El funeral y los gastos jurídicos recaen sobre una familia que solo pedía salud y recibió una tragedia.
Este caso en Naucalpan es un recordatorio de que en el sistema de salud pública la falta de atención ya no debe normalizarse. La exigencia de justicia no es solo por una indemnización, sino por una reforma real que impida que entrar por un dolor de pies sea una sentencia de muerte en el IMSS de Zoé Robledo.
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