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El Imparcial 18 Sep, 2026 08:34

Homicidios en Sonora: Ni descenso ni remanso

Y sin embargo

Los anexos estadísticos del Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum contienen un excelente acervo de información que, más allá de la coyuntura política, permite comparar con números fríos y en serie temporal la situación de cada Estado frente al entorno nacional. Entre esos datos, la tabla de defunciones por homicidio 2008-2025 funciona como termómetro para entender cómo le ha ido a Sonora en materia de violencia, no sólo en el último año, sino en la última década y media.

El caso de Sonora

En 2025, con cifras aún preliminares, Sonora registró 1,634 homicidios, equivalentes a una tasa de 52 por cada 100 mil habitantes. Es una cifra alta, pero lo relevante es la trayectoria previa. Hasta 2018 Sonora era un Estado relativamente tranquilo: En 2016 sumó apenas 580 homicidios, con una tasa de 19.9, prácticamente calcada a la media del País.

A partir de ahí el Estado entró en una escalada sostenida. En 2019 los homicidios saltaron a 1,384; en 2020 a 1,582; y en 2021 alcanzaron su punto más alto de toda la serie: 2,089 casos, tasa de 69.1, la más elevada que ha registrado la entidad desde 2008. Fue un repunte abrupto, casi una duplicación en tres años, coincidente con la disputa territorial entre grupos criminales por el corredor fronterizo y las rutas hacia Arizona.

Después de ese pico, la cifra ha descendido de forma gradual pero sin desplomarse: 1,759 en 2022, 1,494 en 2023 (el mejor año reciente) y un repunte a 1,605 en 2024. El dato de 2025 sugiere que Sonora no logra bajar del umbral de las mil 500 muertes violentas anuales, un piso que se ha vuelto, en los hechos, un nuevo “nivel operativo” para la violencia en el Estado.

Comparativo con lo nacional

Comparando con el País, el contraste es contundente. La tasa nacional de homicidios en 2025 es de 21 por cada 100 mil habitantes; la de Sonora, de 52, es decir, dos veces y media más alta. Mientras el promedio nacional cede desde su techo de 2018-2020 (cuando rondó tasas de 28 y 29), Sonora se mueve en sentido contrario: Pasó de estar por debajo de la media nacional hasta 2016, a superarla de forma consistente y creciente desde 2019.

Dicho de otro modo: Sonora mata, proporcionalmente, casi el doble de lo que le correspondería por su tamaño poblacional.

Comparativo con Sinaloa y Baja California

Colocar a Sonora junto a sus vecinos inmediatos (Sinaloa y Baja California) ayuda a matizar el diagnóstico. En 2025, Baja California encabeza el trío en cifra absoluta, con 2,095 homicidios y una tasa de 50.7; Sinaloa, con 1,805 casos, tiene la tasa más alta de los tres, 56.6; Sonora, con 1,634, queda en medio, con 52. Las tres entidades respiran hoy, en otras palabras, el mismo nivel de violencia, apenas separadas por matices y ligeras diferencias.

Esa cercanía es relativamente nueva. Durante buena parte de la década pasada, Sinaloa era con claridad el Estado más violento de los tres: En 2010 llegó a una tasa de 85.7, muy por encima de cualquier cifra que Sonora haya alcanzado jamás. Sin embargo, vivió después un descenso sostenido hasta tocar un mínimo de 18.8 en 2022, cuando Sonora ya lo había rebasado ampliamente. El repunte sinaloense de 2024-2025 (ligado a la fractura interna del Cártel de Sinaloa tras la detención del “Mayo” Zambada) volvió a emparejar a los dos estados en niveles similares, mientras Baja California ha mantenido, con altibajos, cifras elevadas desde 2017.

El expediente estadístico de homicidios en las entidades federativas que contiene el informe presidencial arroja un diagnóstico claro: Sonora ya no vive una violencia moderada, como ocurría hace una década, sino que se instaló, desde 2019, en un tramo alto y persistente, con tasas que duplican la media nacional y lo colocan a la par de dos de los estados con mayor tradición de violencia organizada del País. La mejoría de 2022-2023 parece que no se consolidó, y el repunte de 2024-2025 sugiere que el problema sigue latente. Sonora no muestra entonces ni un descenso abrupto de los homicidios ni es la excepción tranquila del Noroeste.

Nicolás Pineda

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