TLAJOMULCO, Jal., 3 de abril de 2026.- Cruz Blanca de Cuexcomatitlán, una comunidad ubicada en la ribera de la laguna de Cajititlán, Tlajomulco, mantiene sus tradiciones. Cerca de ocho familias se han encargado de mantener vivas las artesanías elaboradas principalmente con palma y tule.
Valente Nazario es la segunda generación de artesanos en su familia y espera que sus hijos continúen con este legado. Su interés por este oficio nació al observar a sus padres, quienes originalmente trabajaban únicamente la palma; sin embargo, con el paso del tiempo decidió innovar e incorporar nuevos materiales, dando un valor agregado a sus creaciones, que van desde lámparas hasta sillas.
“Más que nada, a mí me gustó la forma del tejido, el proceso de cómo lo trabajamos, y a partir de eso hay clientes y amigos que nos han invitado a trabajar con otros tipos de materiales. Me llamó la atención intentar con nuevas opciones; conforme pasan las modas, van surgiendo otros materiales y así hemos ido innovando”.
El trabajo artesanal requiere de un proceso específico para el manejo de la palma, ya que en su estado natural es rígida y puede quebrarse o causar lesiones. Por ello, se somete a un proceso de humectación durante al menos cinco horas, lo que permite ablandarla y facilitar su manipulación.
“Nosotros lo trabajamos así: como ven, la palma es muy tiesa y se quiebra; entonces, el proceso es deshojarla en tiras. Después de deshojarla, la mojamos, la humedecemos en un hule, y queda blandita para que se pueda torcer la palma”.
El tejido de palma y tule no solo da forma a piezas artesanales, sino también a la historia y la unión de su comunidad. El Gobierno de Tlajomulco reconoce el trabajo de las y los artesanos, quienes, a través de su oficio, fortalecen la identidad cultural del municipio.
A DETALLE:
La palma debe humedecerse al menos cinco horas para poder ser moldeada en la elaboración de piezas como sillas y lámparas.
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