Rubén Omar Romano salió de La Noria —el campo de entrenamiento del Club Cruz Azul— como cualquier otro día: sin compañía y a bordo de su camioneta. Ya en marcha, un grupo de hombres armados lo interceptó.
Lo primero que pasó por la mente del entonces técnico de Cruz Azul fue que se trataba de un robo; incluso, se quitó el reloj de la muñeca. Sin embargo, sus agresores tenían como objetivo secuestrarlo.
Su jornada en La Noria y los últimos paisajes antes de subir a su auto fueron lo último que vio en mucho tiempo. Cuando lograron capturarlo, los secuestradores le colocaron una venda en los ojos, con la que permaneció más de dos meses.
¿Qué le pasó a Rubén Omar Romano? Así fue su secuestro
El secuestro del director técnico argentino ocurrió en 2005. En ese momento, Romano trabajaba con ‘La Máquina Celeste’, equipo al que dirigió durante ese año antes de pasar al Atlas.
Por ello, se encontraba saliendo de un entrenamiento en La Noria cuando fue abordado: “Se apareció gente con armas largas. Yo pensé que iba a ser un robo, pero no; me bajaron de la camioneta”, recordó en el pódcast El Reportero.
Debido a la rapidez con la que descendió del vehículo, Romano no colocó adecuadamente el freno, por lo que la camioneta siguió avanzando. Él intentó subir nuevamente para detenerla, lo que alertó a sus captores.

“Soltaron un disparo. Pegó en la ventana de atrás; la verdad, no me dio de casualidad. La bala quedó en el asiento trasero”, comentó en una entrevista con el exfutbolista Alberto García Aspe.
Rubén Omar Romano recibió un cachazo y fue ingresado a otro vehículo: “Me subieron a un carro; a los 15 o 20 minutos me pasaron a la cajuela de otro”, relató en entrevista con El Reportero.
Finalmente, llegaron a la casa de seguridad donde permanecería 65 días privado de su libertad, un destino muy distinto a lo que imaginaba el ‘profe’, quien pensaba que estaría ahí solo un máximo de cinco días.
¿Cómo vivió Rubén Omar Romano los 65 días de su secuestro?
Desde el inicio, Romano se dio cuenta de que los secuestradores veían en él la oportunidad de pedir rescate directamente a Cruz Azul, lo que elevaba la suma.
“No iban por mí, iban por Cruz Azul. Me pidieron el teléfono de Billy Álvarez; no el de mi papá o mi familia”, comentó en la conversación con Alberto García Aspe. El técnico afirmó que fue elegido porque solía salir solo de La Noria.
No proporcionó el contacto de Guillermo Álvarez Cuevas, entonces director general de la Cooperativa La Cruz Azul, y únicamente compartió el número de su auxiliar.
Romano explicó que no sufrió violencia física, pero sí psicológica, ya que lo obligaban a mentirles a sus hijas cada vez que le permitían comunicarse con ellas durante la negociación.

Pasó 65 días en un cuarto con un colchón en el piso; además, le ataron manos y piernas, lo que dificultaba su movilidad. Permaneció con los ojos vendados en todo momento.
“Escuchaba la televisión, las noticias, incluso el partido de fútbol, porque me ponían al Cruz Azul cuando yo estaba ahí”, compartió con ‘Beto’ Aspe. Solo pudo bañarse una vez, poco antes de su liberación.
Durante ese tiempo, pensaba constantemente en su familia, en su fe y en volver a dirigir en la Liga MX, lo que le permitió mantener la esperanza.
¿Cómo fue la liberación de Rubén Omar Romano?
La entonces Agencia Federal de Investigación colaboró con la familia para negociar su liberación. La hija mayor del entrenador estuvo a cargo de recibir las llamadas.
Sin embargo, los secuestradores cometieron un error durante las comunicaciones, lo que permitió ubicar el lugar donde se encontraba, según relató Romano en una conversación con el canal de YouTube de Joaquín ‘Shaggy’ Martínez.

“No hubo rescate porque se equivocaron los que me cuidaban en dos o tres llamadas que hicieron a la familia. De ahí surgió el lugar donde estaba”, explicó.
Los captores fueron interceptados el mismo día en que planeaban cambiarlo de casa de seguridad. Una hora después de su liberación, se organizó una rueda de prensa para informar los detalles.
Tres días después, Romano volvió a la cancha y, aunque no estaba previsto que dirigiera, terminó haciéndolo: “No podía estar ahí sentado como si fuera auxiliar”, dijo con ‘Shaggy’ Martínez.