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Mundiario 08 Oct, 2026 18:35 (5 min de lectura)
Observatorio Neutral

Terminó Stuart no logra salvar el multiverso y ya es la peor serie en lo que va del año

Terminó Stuart no logra salvar el multiverso y ya es la peor serie en lo que va del año

Stuart Fails to Save the Universe parte de una idea que, sobre el papel, parecía tener suficientes posibilidades para construir una comedia diferente dentro del universo de The Big Bang Theory.

Stuart Bloom rompe accidentalmente un dispositivo creado por Sheldon y Leonard y provoca un desastre que obliga al personaje a viajar por distintas realidades para intentar arreglarlo. El problema es que la serie convierte esa premisa en un ejercicio demasiado mecánico: llegar a un universo, descubrir sus reglas, hacer algunos chistes y volver a saltar al siguiente.

Explorar universos acaba siendo siempre lo mismo

El principal problema de Stuart Fails to Save the Universe es que el multiverso, que debería ser su mayor virtud, termina funcionando como una limitación. Cada nuevo episodio promete una realidad distinta, pero la estructura se repite tanto que descubrir qué universo visitarán los protagonistas deja de resultar especialmente interesante. La sorpresa inicial desaparece y los saltos entre dimensiones terminan pareciendo una sucesión de escenarios intercambiables.

Además, algunas de estas realidades están lejos de resultar especialmente creativas. Hay mundos gobernados por una inteligencia artificial, otros en los que existe la magia y otros en los que los personajes viven en una especie de paraíso en armonía con la naturaleza.

También aparecen situaciones mucho más extravagantes, como universos en los que tiran de estómagos de caballo o aquellos en los que pueden leer los sentimientos de los demás. El problema no es que sean absurdos, sino que la serie no consigue convertir ese absurdo en un recurso cómico lo bastante potente como para justificar el viaje.

La sensación que queda después de varios capítulos es que Stuart Fails to Save the Universe podría haber contado exactamente lo mismo en menos tiempo. La primera temporada tiene 10 episodios, pero la historia no parece necesitar semejante extensión. De hecho, podría haberse planteado como una única entrega mucho más breve y probablemente habría conservado buena parte de su gracia sin obligar al espectador a atravesar una sucesión de universos que terminan pareciéndose demasiado entre sí.

El mayor gancho son los cameos de The Big Bang Theory

Para los seguidores de The Big Bang Theory, el principal motivo para continuar viendo la serie no está tanto en la historia de Stuart como en descubrir qué personajes conocidos aparecen y cómo lo hacen. Las versiones alternativas de algunos rostros familiares funcionan como pequeños premios para quienes conocen la serie original, mientras que la posibilidad de reencontrarse con Sheldon y Leonard se convierte en uno de los pocos elementos capaces de mantener la intriga.

Sin embargo, depender tanto de las referencias y de los cameos también deja claro uno de los problemas de la serie: cuando se eliminan esos elementos reconocibles, queda una comedia de ciencia ficción bastante convencional. El interés por saber quién aparecerá en el siguiente episodio acaba siendo más fuerte que el interés por descubrir qué le ocurrirá realmente al grupo.

El final intenta romper las reglas, pero llega demasiado tarde

El último capítulo intenta cambiar las reglas del juego y llevar la propuesta un poco más lejos. Gracias a Kripke, los protagonistas descubren que están dentro de una sitcom y llegan a romper la cuarta pared para encontrarse con el propio set de grabación y con los actores que los interpretan utilizando sus nombres reales.

La idea tiene sentido dentro del tono de la serie y permite recuperar algunos de los recursos más característicos de The Big Bang Theory, pero tampoco consigue generar la emoción que debería tener un final de temporada. La ruptura de la cuarta pared funciona como un último intento de sorprender al espectador, aunque llega después de tantos episodios construidos con una fórmula similar que resulta difícil recuperar el entusiasmo.

Y aunque el episodio deja abierta la posibilidad de seguir explorando este multiverso, cuesta pensar que haya suficientes razones para querer regresar a él. Las posibilidades son, en teoría, infinitas, pero la imaginación de la serie no parece estar a la misma altura de esas posibilidades.

Explorar universos alternativos deja de ser una aventura y se convierte en una actividad rutinaria, mientras que el desenlace tampoco logra convertir el final de temporada en un acontecimiento. Si la principal pregunta es si merece la pena invertir diez episodios en ella, la respuesta es difícilmente afirmativa: hay poco que se pierda por no completar el viaje.@mundiario

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