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Mundiario 08 Oct, 2026 18:47 (8 min de lectura)
Observatorio Neutral

León XIV reivindica los valores europeos y alerta contra la “ilusión del rearme” en el mundo

León XIV reivindica los valores europeos y alerta contra la “ilusión del rearme” en el mundo

El Papa León XIV ha elegido Metz, una ciudad marcada durante siglos por los cambios de frontera y los enfrentamientos entre potencias europeas, para lanzar uno de sus mensajes más explícitos sobre el futuro político y estratégico del continente. En la última jornada de su viaje de cuatro días a Francia, el pontífice estadounidense reivindicó los valores sobre los que se construyó la Europa posterior a la II Guerra Mundial y advirtió de que las relaciones internacionales están entrando en una etapa en la que la fuerza vuelve a imponerse sobre el derecho.

Su discurso, pronunciado en el centro de congresos Robert Schuman bajo el lema En las raíces de Europa por la paz y la unidad, tuvo como referencias centrales el diálogo, el derecho internacional, el multilateralismo y la negociación. León XIV sostuvo que estos principios son el mejor instrumento para contener lo que definió como una “voluntad de dominación”, que situó en el origen de los conflictos.

El Papa fue especialmente contundente al describir el deterioro del escenario internacional: “Hoy en día, las relaciones humanas y entre los Estados se vuelven cada vez más bárbaras. Se menosprecia el valor de la palabra dada; y se presume más bien la mentira y el engaño”. La frase no mencionó directamente a Rusia, Ucrania, Estados Unidos ni a ningún dirigente concreto, pero se produjo en un contexto marcado por la guerra en Ucrania y por una creciente preocupación europea por su propia seguridad.

La ciudad se encuentra próxima a las fronteras de Alemania y Luxemburgo y forma parte de una región que durante siglos sufrió las consecuencias de las disputas territoriales europeas. Pero, sobre todo, es la ciudad natal de Robert Schuman, uno de los principales impulsores de la integración europea después de la II Guerra Mundial.

Schuman representa precisamente la idea que León XIV quiso recuperar: convertir un continente acostumbrado a la confrontación entre Estados en un espacio de cooperación progresiva. El Papa recordó que, después de la tragedia de la guerra, Schuman entendió que los antiguos adversarios necesitaban construir mecanismos permanentes de cooperación.

De ahí que su llamamiento a Europa no se limitara a una petición religiosa de paz. León XIV vinculó la paz con las instituciones, el derecho y la capacidad de los Estados para resolver sus diferencias mediante mecanismos comunes. En sus palabras, “el derecho internacional y el multilateralismo hacen hincapié en la igualdad efectiva de los Estados en sus relaciones mutuas y constituyen el mejor antídoto contra la voluntad de dominación, que es la raíz de todo conflicto”.

Es una concepción de Europa como proyecto político antes que únicamente económico. La Unión Europea nació precisamente de la idea de que la interdependencia podía hacer mucho más difícil una nueva guerra entre sus principales miembros. Ocho décadas después, el Papa plantea si ese mismo principio puede seguir siendo útil en un continente que vuelve a hablar de seguridad, amenazas externas, industria militar y capacidad de defensa.

La “ilusión del rearme” y el dilema de la seguridad europea

El punto más controvertido del discurso del papa León XIV en Metz fue su firme advertencia contra “la ilusión del rearme”, pronunciada en un contexto de escalada del gasto militar en el continente frente a la amenaza rusa. El pontífice aclaró que la búsqueda de la paz no debe confundirse con un “irenismo ingenuo” o un pacifismo a ultranza, citando la propia vigencia histórica de la Declaración Schuman de 1950.

Sin embargo, cuestionó severamente que el incremento de las capacidades armamentísticas se plantee hoy como una estrategia de disuasión. Para el líder católico, confiar la estabilidad global a las armas no solo traiciona la diplomacia, sino que alimenta una alarmante espiral donde las relaciones entre Estados se vuelven “cada vez más bárbaras”.

“Es necesario comprometerse en un diálogo paciente, mostrar audacia en la negociación y estar dispuestos a sacrificar algunas posiciones por el bien superior de la paz”, afirmó. Y añadió una pregunta dirigida de manera implícita a las instituciones europeas: si están haciendo “esfuerzos creativos” para promover la paz o simplemente intentando contener “la hemorragia de la guerra” mientras se preparan para futuros conflictos.

La cuestión adquiere especial relevancia en la Europa actual. La guerra de Ucrania ha llevado a los gobiernos europeos a replantear sus capacidades militares y a incrementar el gasto en defensa, mientras la OTAN ha elevado sus objetivos de inversión. El Vaticano interpreta ese proceso desde una perspectiva diferente: para León XIV, la defensa puede ser necesaria, pero no debería desplazar a la diplomacia ni convertirse en sustituto de una estrategia política destinada a alcanzar acuerdos.

Su advertencia tampoco implica que el Papa considere inexistentes las amenazas militares. Lo que cuestiona es la premisa de que acumular armamento pueda resolver por sí mismo las causas de los conflictos. El debate que plantea es, por tanto, político y estratégico además de religioso: cuánto debe invertir Europa en disuasión y cuánto esfuerzo debe dedicar simultáneamente a crear condiciones para una negociación.

León XIV evitó pronunciar el nombre de Ucrania en el discurso de Metz, una cautela que encaja con el tradicional interés de la Santa Sede por conservar capacidad de interlocución con las partes enfrentadas. Sin embargo, la referencia a “una nueva inútil masacre” en Europa y su llamamiento a estar dispuestos a ceder determinadas posiciones fueron interpretados en el contexto de la guerra que continúa en territorio ucraniano. Reuters y AP situaron expresamente sus palabras dentro de ese escenario.

Ese lenguaje introduce una cuestión especialmente delicada: negociar significa necesariamente aceptar que las partes tengan que modificar algunas de sus posiciones, pero no establece por sí mismo cuáles ni en qué condiciones. El Papa habla de “sacrificar algunas posiciones por el bien superior de la paz”, pero no plantea un plan diplomático concreto ni define los términos de un eventual acuerdo.

Por eso, el valor político del discurso está menos en una propuesta específica que en la prioridad que establece: evitar que la preparación para futuras guerras termine sustituyendo a la búsqueda de mecanismos para impedirlas.

Inmigración y valores europeos

El segundo gran eje de la intervención fue la inmigración. León XIV vinculó la llegada de personas procedentes de zonas de guerra, persecución y pobreza con el propio proceso histórico de construcción europea. “Acoger a una persona significa integrarla como en la propia familia, ofreciéndole la posibilidad de desarrollar sus talentos, sus capacidades y sensibilidades, pero también de entrar en el espíritu de la casa que la acoge”, afirmó.

El Papa insistió también en la necesidad de vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación contra las redes de tráfico, protección de las víctimas e integración. Es una posición que sitúa la inmigración dentro del debate sobre la identidad europea y no únicamente como una cuestión de control fronterizo.

La dificultad reside en que esa concepción convive actualmente con políticas nacionales cada vez más centradas en el control de las fronteras, la reducción de las llegadas irregulares y el endurecimiento de las condiciones de acceso y permanencia. León XIV no entra en los detalles de esas políticas, pero sí establece una referencia diferente: la integración como parte de la tradición europea de convivencia.

El mensaje tuvo, sin embargo, una escenografía institucional bastante menos contundente de lo que podía sugerir la convocatoria. El presidente Emmanuel Macron había promovido un encuentro al que estaban invitados dirigentes europeos, pero la representación de alto nivel fue limitada. Entre los asistentes estuvieron Macron y dirigentes de Luxemburgo, Mónaco y Andorra, además de otras autoridades y personalidades europeas.

La ausencia de buena parte de los principales líderes de la Unión Europea puede explicarse, al menos parcialmente, por una agenda internacional especialmente intensa, incluida la Asamblea General de Naciones Unidas. No obstante, produce un contraste significativo entre la dimensión del mensaje pronunciado por el Papa y la representación política presente en la sala. @mundiario

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