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Mundiario 06 Oct, 2026 05:22 (6 min de lectura)
Soberania / Oportunidad

El Nobel de Física premia al científico que convirtió el hielo de la Antártida en una ventana al universo

El Nobel de Física premia al científico que convirtió el hielo de la Antártida en una ventana al universo
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Francis Halzen recibe el Nobel de Física 2026 por su rol en IceCube.
• Descubrimiento claveinos astrofísicos de alta energía.
• El hielo antártico funciona como detector gigante para partículas cósmicas.

Hay lugares en la Tierra que parecen estar completamente alejados de la exploración espacial. El Polo Sur es uno de ellos. Sin embargo, bajo el hielo de la Antártida se encuentra uno de los instrumentos científicos más extraordinarios jamás construidos: un gigantesco detector capaz de captar señales procedentes de algunos de los acontecimientos más extremos del cosmos.

Precisamente ese proyecto ha llevado este año a Francis Halzen hasta el Premio Nobel de Física. La Real Academia Sueca de las Ciencias ha reconocido al físico belga por su papel fundamental en el desarrollo del Observatorio de Neutrinos IceCube y por el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico.

El galardón reconoce así una idea que durante décadas pudo parecer casi imposible: utilizar el hielo antártico como un gigantesco telescopio para estudiar partículas procedentes del espacio profundo.

Las partículas que atraviesan casi todo

Los neutrinos son unas de las partículas más esquivas de la naturaleza. Apenas interactúan con la materia, lo que significa que pueden atravesar enormes cantidades de material sin detenerse. De hecho, cantidades ingentes de neutrinos atraviesan continuamente nuestro planeta y nuestros propios cuerpos sin que podamos percibirlos.

Esa característica, que durante mucho tiempo convirtió a los neutrinos en un auténtico desafío para los científicos, es precisamente lo que los hace tan valiosos.

Mientras la luz puede ser absorbida, desviada o bloqueada durante su viaje por el universo, los neutrinos pueden recorrer distancias enormes prácticamente sin alterar su trayectoria. Esto permite utilizarlos como mensajeros de acontecimientos cósmicos extremadamente violentos.

Su estudio ofrece información sobre lugares y procesos que de otro modo serían mucho más difíciles de investigar, desde explosiones estelares hasta fenómenos relacionados con agujeros negros y otras fuentes capaces de generar cantidades extraordinarias de energía.

El hielo de la Antártida se convirtió en un telescopio

La gran aportación de Halzen fue comprender que el hielo situado bajo la superficie de la Antártida podía convertirse en un detector gigantesco.

El Observatorio IceCube está instalado en las proximidades del Polo Sur y utiliza miles de sensores distribuidos a gran profundidad. Cuando un neutrino interactúa excepcionalmente con la materia, puede producir partículas secundarias que generan pequeños destellos de luz. Los sensores son capaces de registrar esas señales y reconstruir información sobre el neutrino que las originó.

La escala del experimento resulta difícil de imaginar. IceCube ocupa aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo, convirtiendo una parte de la Antártida en una infraestructura científica única.

Lo extraordinario es que el detector no necesita mirar hacia el cielo como lo haría un telescopio convencional. En cierto modo, hace lo contrario: espera a que las partículas atraviesen el hielo y deja que sean ellas las que proporcionen información sobre su lugar de origen.

El descubrimiento que cambió las posibilidades de IceCube

Uno de los momentos decisivos llegó cuando IceCube consiguió identificar neutrinos de alta energía procedentes del cosmos. Aquello demostró que el enorme detector antártico podía hacer algo que hasta entonces pertenecía casi al terreno de la ciencia ficción: identificar partículas procedentes de fuentes astrofísicas lejanas y utilizar su recorrido para estudiar el universo.

El hallazgo supuso el comienzo de una nueva etapa para la astronomía de partículas. Ya no se trataba únicamente de observar lo que emite luz, sino también de detectar partículas capaces de atravesar el espacio y llegar hasta la Tierra prácticamente intactas.

Desde entonces, esta estrategia ha permitido investigar los mecanismos que producen partículas de energías extraordinariamente elevadas y profundizar en el conocimiento de algunos de los escenarios más extremos del universo.

¿Quién es Francis Halzen?

Francis Halzen nació en Bélgica en 1944 y desarrolló buena parte de su trayectoria científica en Estados Unidos, donde es profesor en la Universidad de Wisconsin-Madison. Su carrera ha estado estrechamente ligada a la física de partículas y a la búsqueda de neutrinos.

Antes de IceCube, Halzen ya había trabajado en proyectos destinados a detectar estas partículas. Su trayectoria desembocó en la creación de un observatorio de una dimensión completamente diferente, construido aprovechando las condiciones excepcionales del hielo antártico.

El Nobel reconoce precisamente esa combinación de perseverancia, innovación y visión científica: transformar un problema aparentemente irresoluble —detectar partículas que casi nunca interactúan con la materia— en una herramienta para estudiar el cosmos.

Say hello to our 2026 physics laureate Francis Halzen! Halzen sent us a snapshot from his hotel room in Italy - join us in congratulating our new #NobelPrize laureate. https://t.co/5nlwBADLk0

— The Nobel Prize (@NobelPrize) October 6, 2026

Un Nobel para una ciencia que mira donde los telescopios no llegan

El premio está dotado con 12 millones de coronas suecas, alrededor de 1,2 millones de dólares, y será entregado oficialmente el 10 de diciembre en Estocolmo.

Pero el verdadero alcance del reconocimiento está en lo que representa para la física moderna. IceCube ha demostrado que todavía existen formas completamente nuevas de observar el universo. La luz, las ondas gravitacionales y ahora los neutrinos permiten construir diferentes perspectivas de un mismo cosmos.

En este caso, el protagonista no es un telescopio gigantesco situado en el espacio, sino una red de sensores enterrados bajo el hielo de uno de los lugares más inhóspitos del planeta.

Halzen ha convertido la Antártida en una gigantesca trampa para partículas invisibles y, gracias a ella, los científicos pueden escuchar algunos de los mensajes más antiguos y energéticos que llegan desde el universo. Ese es el verdadero alcance del Nobel de Física de 2026. @mundiario

 

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