Una de las cosas que le han mantenido a uno más perplejo durante toda esta legislatura que, por cierto, ya tiene fecha de caducidad, ha sido el mantra de que, España, es el país cuya economía ha estado creciendo, año tras año, más que el resto de los países europeos.
Pues menos mal, oye, porque si llega a ocurrir lo contrario, ya me dirán ustedes en qué estado estaría el Estado, ¡pobrecito mío! En un Estado cualquiera en el que la cuentas estuviesen tan boyantes y fuesen la envidia de sus vecinos continentales, lo normal, lo coherente, sería que su Primer Ministro programase con avidez, para lucimiento personal y, por extensión, de su gobierno, un rimbombante debate anual sobre el Estado de la Nación, a ver si me entiendes, de esos que dejarían a la malévola oposición sin palabras y al pueblo, a la ciudadanía, en espera del maná procedente de la macro-gallina de los huevos de oro.
Solo puede haber dos explicaciones para que Pedro Sánchez haya rechazado la tentación de sacar pecho, de exhibirse en El Congreso de los Diputados como el increíble Hulk económico, como faquir de las cosas del comer y del vivir en una intervención, sin límite de tiempo y año tras año de legislatura, para convencer a las españolas y españoles que éramos ricos, coño, que nos salía la pasta por las orejas, que nos contemplaban las potencias europeas, venidas a menos, como el nuevo e inesperado milagro español en un occidente en decadencia.
Una, sería su proverbial humildad, el desapego al protagonismo y su inflexible lema de que obras son amores y no buenas razones, pero, claro, no se lo creería ni Patxi López, oye, nada sospechoso el hombre de poner en duda a su divino líder. Solo nos quedaría, entonces, la otra explicación posible y extensible a los sucesivos juegos al escondite, por ejemplo, con los juguetes rotos de los Presupuestos Generales del Estado: un inusitado brote de vergüenza torera que, a mis escasas luces, tampoco tiene visos de formar parte de los atributos del Presi, prácticamente ya en funciones.
A falta pues de diagnósticos sobre el Estado de la Nación y Presupuestos Generales de prolongada baja médica, uno se pregunta: ¿cómo es posible que, en un Estado que lo está petando, su artífice no saque las cuentas a la luz y apueste por contar cuentos? ¿Cómo es posible que estemos nadando en la abundancia, y los AVES no vuelen, las carreteras no sean homologables, brille por su ausencia la vivienda protegida, inunden las calles danas de generaciones sin techo, ardan los montes del olvido, no haya policía para tanto narco, no haya médicos para tanto paciente, no haya medios para blindar fronteras, no haya pan para tanto chorizo, no haya coches oficiales para tanto ídem y haya tantas listas de espera en los tribunales de presuntas y presuntos inocentes investigados por estar llevándoselo crudo, en tráficos de influencias, en malversaciones de fondos públicos, en joyas de las coronas extranjeras, en rescates que van por el aire Plus Ultra, o sea, más allá, en comisiones que se van colando por las alcantarillas, en sicarias y sicarios ni fontaneros ni cobardes?
Chico, la Puerta del Sol se ha quedado pequeña para tanto aspirante a plantar tiendas de campaña y promover una huelga general ciudadana. En el País de Europa en el que más crece la economía, curiosamente, es donde más disminuye el poder adquisitivo de la gente corriente, de los pobres mortales que, con piso o sin piso, cada vez son gobernados peor que la legislatura anterior y es posible que incluso mejor que la legislatura siguiente.