Marruecos abre una nueva etapa política con un cambio histórico. El rey Mohamed VI ha designado este martes a Fátima Zahra El Mansouri como jefa del Gobierno, convirtiéndola en la primera mujer que ocupa este puesto desde la independencia del país. La dirigente del Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), de 50 años, recibe así el encargo de formar el próximo Ejecutivo después de que su formación se impusiera en las elecciones legislativas celebradas el pasado 23 de septiembre.
El PAM obtuvo 97 de los 395 escaños de la Cámara de Representantes, por delante de la Reagrupación Nacional de Independientes (RNI), que consiguió 66, y del partido Istiqlal, con 65. Ninguna formación dispone por sí sola de mayoría absoluta, por lo que Mansouri tendrá que negociar la composición de un Gobierno de coalición.
Su llegada al poder supone además un cambio significativo en el panorama político marroquí. Mansouri sustituirá a Aziz Ajanuch y estará al frente de un Ejecutivo que tendrá que gestionar asuntos de gran relevancia económica y social, además de preparar al país para la organización del Mundial de fútbol de 2030, que Marruecos compartirá con España y Portugal.
La designación de Mansouri supone la primera vez que una mujer ocupa la jefatura del Gobierno marroquí. También la convierte en la segunda mujer en dirigir un Ejecutivo en el mundo árabe, después de la tunecina Najla Bouden, que fue primera ministra entre 2021 y 2023.
La propia Mansouri ha presentado su llegada al cargo como un momento histórico para las mujeres marroquíes. Tras reunirse con Mohamed VI en el Palacio Real de Rabat, destacó el significado de convertirse en la primera mujer al frente del Ejecutivo y agradeció la confianza depositada en ella.
Su trayectoria política explica en buena medida la decisión. Abogada de formación, Mansouri ha ocupado la alcaldía de Marrakech en dos etapas y hasta ahora era ministra de Urbanismo y Vivienda. Desde hace dos años también coordina la dirección colegiada de su partido. Su experiencia al frente de Marrakech y su presencia en el Gobierno saliente la han convertido en una de las figuras con mayor peso dentro del PAM.
El reto de formar Gobierno
La victoria electoral de su partido no le proporciona una mayoría suficiente para gobernar en solitario. La nueva primera ministra deberá comenzar ahora las conversaciones con otras fuerzas para construir una mayoría parlamentaria.
El escenario apunta a negociaciones con los partidos que ya participaron en la anterior coalición, especialmente la RNI y el Istiqlal. Entre ambas formaciones suman 131 diputados, por lo que su incorporación permitiría al PAM superar ampliamente la mayoría absoluta necesaria en la Cámara.
Mansouri ha señalado que está dispuesta a dialogar con las distintas fuerzas políticas. El objetivo inmediato es presentar una propuesta de Gobierno que permita iniciar la nueva legislatura. El nombramiento se produce, además, después de unas elecciones marcadas por una participación especialmente baja. La abstención se situó en torno al 62%, mientras que la participación entre los jóvenes fue particularmente reducida.
Ese alejamiento de una parte de la población, especialmente de los jóvenes, será uno de los principales desafíos políticos del nuevo Ejecutivo. Mansouri llega al Gobierno en un momento en el que Marruecos afronta importantes demandas sociales. El empleo, los salarios, las desigualdades y las oportunidades para los jóvenes se encuentran entre las cuestiones que deberá abordar el nuevo Ejecutivo.
La nueva primera ministra ha defendido la necesidad de incorporar a los jóvenes a la vida pública y ha hablado de buscar soluciones concretas a sus problemas. Su llegada se produce además después de las movilizaciones protagonizadas por una parte de la denominada Generación Z.
El desafío no será únicamente económico. La baja participación electoral refleja también un problema de confianza en las instituciones políticas que el nuevo Gobierno tendrá que afrontar durante los próximos años.
El Mundial de 2030 marca la legislatura
Uno de los grandes proyectos que estarán sobre la mesa será la preparación del Mundial de 2030. Marruecos será una de las sedes de la competición junto con España y Portugal y tiene previsto desarrollar importantes inversiones en estadios, carreteras, ferrocarriles y otras infraestructuras.
La nueva primera ministra tendrá que supervisar parte de ese programa de inversiones, estimado en torno a los 20.000 millones de euros, al tiempo que deberá responder a las demandas sociales que reclaman una mayor atención a servicios como la sanidad, la educación y el empleo.
La organización del torneo supone una oportunidad económica para el país, pero también coloca al Ejecutivo ante la necesidad de equilibrar las grandes inversiones en infraestructuras con las necesidades cotidianas de la población.
La llegada de Mansouri también tendrá consecuencias para las relaciones entre Marruecos y España. La nueva jefa del Gobierno ya se pronunció sobre la relación bilateral durante la campaña electoral y defendió que ambos países deben mantener vínculos de alto nivel debido a su proximidad geográfica y a sus intereses compartidos.
La relación con España estará marcada por cuestiones económicas, comerciales, diplomáticas y migratorias. Entre estas últimas destaca la situación de los menores marroquíes en Ceuta, un asunto sobre el que Mansouri ha defendido públicamente la responsabilidad de Marruecos. Su llegada al poder se produce, por tanto, en un momento especialmente relevante para las relaciones entre ambos países, con el Mundial de 2030 como uno de los grandes proyectos comunes.
La reforma de los derechos de las mujeres
El nombramiento de Mansouri tiene también una dimensión social. Marruecos ha introducido durante las últimas décadas reformas destinadas a ampliar los derechos de las mujeres, aunque persisten diferencias entre la igualdad reconocida constitucionalmente y determinadas disposiciones de la legislación familiar.
Uno de los asuntos pendientes es la reforma de la Mudawana, el Código de Familia marroquí. El proceso para actualizar esta legislación permanece pendiente después de varios años de debate. La llegada de una mujer a la jefatura del Gobierno coloca de nuevo estas cuestiones bajo los focos, aunque el nombramiento por sí mismo no implica cambios legislativos concretos.
Fátima Zahra El Mansouri inicia así una etapa política inédita en Marruecos. Su principal tarea inmediata será construir una coalición que permita gobernar al PAM, pero sobre la mesa tendrá también desafíos económicos, sociales y diplomáticos de gran alcance.
La nueva primera ministra deberá combinar la preparación del Mundial de 2030 con las demandas de una población que reclama empleo y mejores oportunidades, especialmente entre los jóvenes. También tendrá que afrontar la baja participación electoral y avanzar en las reformas sociales pendientes.
Marruecos tiene por primera vez a una mujer al frente del Gobierno. Ahora, el reto para Mansouri será convertir ese hito histórico en una legislatura capaz de responder a los desafíos que han quedado reflejados en las urnas y en las demandas sociales del país. @mundiario