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Radar Inteligente
El Financiero 06 Apr, 2026 01:30

El salario mínimo: ¿incentivo perverso para el mercado laboral mexicano?

El salario mínimo ha tenido a lo largo de la denominada cuarta transformación un total de ocho incrementos, todos ellos notables. En la recta final del presidente Enrique Peña Nieto, el monto era de ochenta y ocho pesos diarios; a partir de entonces, los ocho incrementos siguientes han sido de dos dígitos; al parecer, esa será la tónica permanente y ello es plausible. Podríamos aseverar que la economía “ha aguantado” estos aumentos, desmontando el mito del incremento a la inflación. Los aumentos permiten saldar en alguna medida una hipoteca social con la clase trabajadora mexicana. Pero también podemos decir que, en materia de aumentos al salario mínimo, ni el paraíso prometido ni el infierno diagnosticado.

El salario mínimo era el 37 por ciento del salario medio en 2014 y Morena lo ha incrementado a más del 75 por ciento. Esto alivió la pobreza; los salarios de los trabajadores informales también han aumentado, ya que el nuevo salario mínimo hace que los salarios muy bajos sean menos aceptables socialmente. Pero representa un freno para la formalización y el crecimiento.

Con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), específicamente con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) y de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI), ambos publicados oportunamente en forma mensual, el número de personas que perciben salario mínimo casi se ha cuadruplicado entre el 2018 y el 2025, pasando de 4.5 millones a 16.2 millones. En porcentaje de población con salario mínimo, México ha pasado del 16 por ciento (2015) al 26.8 por ciento en el 2026 (más de 10 puntos porcentuales). Alguien se preguntará: ¿qué comportamiento tiene el grupo poblacional que gana más de uno y hasta dos minisalarios? Este grupo se ha desplomado, pasando de 8 millones en el 2018 a 2.7 millones en el 2025.

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Hay una primera lectura de estos datos para reflexionar: el empleo en México es casi pleno (promediamos tasas de ocupación a razón de casi el 97 por ciento desde la 4T), pero es precario; más personas con salario mínimo significa que más jefes de familia no pueden con el dinero de su trabajo mantener a su prole (asumiendo familias de tres personas, la canasta alimentaria más la no alimentaria es de 14 mil pesos y el sueldo mínimo roza los 10 mil).

La clase empresarial y empleadora mexicana debe salirse del “jardín del salario mínimo” (esto incluye no solo a obreros, sino a las personas trabajadoras del hogar que laboran en nuestras casas, por ejemplo). El dato de concentración en hasta un salario mínimo revela un fenómeno estructural: el mercado laboral mexicano absorbe mano de obra, pero no la integra en esquemas de productividad ni de protección. No estamos frente a una economía que no emplea, sino frente a una economía que quizá emplea mal.

En su última publicación sobre el estado de la economía y el mercado laboral, CONASAMI adaptó una medición novedosa, la del “Salario Mínimo Equivalente”, expresando textualmente lo siguiente: “Para comparar la población ocupada por rangos de salario mínimo, el INEGI desarrolló la metodología de salarios mínimos equivalentes. De manera resumida, el método consiste en llevar el salario mínimo vigente, al momento de levantarse la información, a pesos de cada periodo histórico, ajustando con el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC); esto permite hacer una comparación en el tiempo”. Con esta variable del salario mínimo entre diciembre de 2018 y diciembre de 2025, el porcentaje de la población ocupada que gana hasta un Salario Mínimo Equivalente (SME) se ha reducido 5.5 puntos porcentuales. Este número parece más presentable, y convendría saber por qué la Comisión de Salarios Mínimos optó por esta fórmula. Este ejercicio me recordó a un primer ministro inglés, quien expresó que en política hay “mentiritas, mentirotas y estadísticas”.

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