
Neguib Simón Farah (*) Llegó tarde a la política, cuando muchos ya no esperan nada. Tenía 73 años, un país en ruinas y una tarea ingrata: gobernar después de la derrota, del crimen y del descrédito moral. No llegó para prometer grandeza ni para encender entusiasmos, sino para algo mucho más difícil: asumir la verdad […]