
Amílcar Olán y Germán Pérez son nombres que generan doble preocupación al Grupo Tabasco, esa amalgama político-empresarial que cruza varias generaciones y que aumentó su fortuna o se volvió millonaria durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, cuya historia negra se escribirá con los testimonios de muchos, como el de ellos dos, quienes les fueron funcionales y que han empezado a hablar con los verdugos del macuspano: los estadounidenses. ¿Qué pudieran revelar? Para empezar, todos los cercanos a López Obrador que se empaparon de actos de corrupción, que siguen viviendo en la impunidad, sin investigaciones en contra y con sus negocios floreciendo.
Germán Pérez, nombre desconocido por millones, es una pieza clave por haber jalado el seguro para que el andamiaje de poder, construido gracias al picaporte en el despacho presidencial, con la percepción de aval y protección del expresidente, se hiciera público, abriendo una herida que, pese al encubrimiento del régimen, no ha impedido que siga sangrando. Pérez, indignado porque Amílcar Olán le estaba robando dinero, filtró a los medios y a organizaciones civiles las grabaciones telefónicas donde menciona a los hijos de López Obrador como las cabezas de múltiples negocios multimillonarios.