El turismo llega a las elecciones generales del próximo 29 de noviembre con una posición económica privilegiada, pero también con una larga lista de asuntos pendientes. Tras un verano en el que el PIB turístico creció un 3,5%, por encima del conjunto de la economía española, hoteles, agencias y otras empresas del sector quieren aprovechar el cambio de ciclo político para colocar sus principales preocupaciones en la agenda del próximo Ejecutivo.
Una de las más sensibles vuelve a ser la vivienda turística. Exceltur plantea que el alquiler turístico de viviendas sea tratado claramente como una actividad económica, con las obligaciones fiscales y urbanísticas correspondientes, y que se diferencie del alquiler de temporada. La organización lleva tiempo reclamando, además, que las plataformas digitales tengan una responsabilidad efectiva para impedir la comercialización de alojamientos que incumplan la normativa.
La cuestión trasciende al enfrentamiento tradicional entre hoteles y apartamentos. En muchas ciudades españolas, la expansión de las viviendas destinadas a visitantes convive con el debate sobre el acceso residencial, la convivencia vecinal y el modelo turístico. La petición empresarial busca, por tanto, establecer unas reglas más homogéneas y reducir la oferta que opera al margen de los requisitos administrativos.
El otro gran problema está dentro de las empresas
El absentismo laboral aparece como otra de las prioridades del sector. Según recoge 20minutos, Exceltur reclama una política integral para reducirlo y sostiene que la tasa ha pasado del entorno del 2% durante la pandemia al 7,7% actual. Para hoteles y otras compañías intensivas en personal, el fenómeno se traduce en mayores costes y dificultades para organizar plantillas, especialmente durante los periodos de máxima ocupación.
La agenda empresarial no termina ahí. Exceltur también plantea mejorar la captación y retención de trabajadores, simplificar trámites administrativos y acelerar la incorporación de inteligencia artificial en las compañías turísticas. Son reivindicaciones que reflejan una transformación del sector: España sigue recibiendo una demanda muy elevada, pero cada vez resulta más complejo convertir ese volumen de actividad en mayores márgenes.
El transporte constituye otro frente. La patronal reclama inversiones que permitan aumentar la capacidad y calidad de los aeropuertos, pero rechaza que ese esfuerzo desemboque en incrementos de las tasas aeroportuarias. El debate resulta especialmente relevante por el nuevo periodo inversor de Aena y por la dependencia que tiene buena parte de la industria turística española de la conectividad aérea.
El momento económico explica la urgencia. Exceltur calcula que el PIB turístico avanzó un 3,5% durante el verano de 2026, frente al 2,6% estimado para el conjunto de la economía española en ese mismo periodo. Para todo 2026 prevé que el turismo crezca un 2,7%, aunque anticipa una moderación durante la recta final del año.
La convocatoria electoral anunciada por Pedro Sánchez ha convertido así el buen momento turístico en una oportunidad para presionar por reformas. Las elecciones del 29 de noviembre decidirán la composición del próximo Parlamento, pero para una industria fundamental en la economía española la discusión ya ha empezado: el reto no consiste únicamente en seguir recibiendo más visitantes, sino en determinar cómo gestionar el alojamiento, el empleo, las infraestructuras y los costes de un sector que quiere continuar creciendo sin perder rentabilidad ni aceptación social. @mundiario