nullPaloma Espinoza Cházaro/Ciudadanía y Café
@palomaechazaro
La inteligencia artificial ya no solo organiza correos o responde mensajes. Hoy está jugando en otra liga: la de los conflictos globales. Analiza enormes volúmenes de datos en segundos, identifica objetivos con precisión y mejora sistemas de defensa como los antimisiles. Traducido: decide más rápido… y con mayor impacto.
En febrero, durante la cumbre REAIM en España, 85 países discutieron su uso en lo militar. Solo 35 firmaron una declaración de principios éticos. Adivine quiénes no lo hicieron: Estados Unidos y China. Casualidad, claro que no.
El acuerdo proponía algo básico y a la vez complejo: que siempre exista control humano en decisiones letales. Justo ahí está el dilema. Mientras se habla de ética, el Pentágono discute con empresas tecnológicas sobre los límites de esa supervisión.
La realidad es incómoda: la IA avanza más rápido que su regulación. En esta carrera, nadie quiere quedarse atrás.
La inteligencia artificial no ha sustituido (todavía) al humano, pero sí está redefiniendo algo mucho más delicado: quién decide, cómo decide y a qué velocidad se ejecuta.
Cuando eso se traslada al terreno militar, la pregunta ya no es tecnológica… es profundamente humana.