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Mundiario 06 Apr, 2026 10:22

Cuando la guerra nos la cuentan los agresores

Los medios de comunicación, especialmente los españoles, nos cuentan todos los días noticias de la guerra ilegal que emprendieron Trump y Natanyahu contra Irán. En un solo día y en un mismo medio de comunicación se pueden leer al menos cinco titulares bajo la misma fórmula: “Trump dice…”, “Trump asegura…”, “Netanyahu precisa que la mayoría de los misiles lanzados por Irán han sido interceptados”, “Trump amenza…” ¿Dónde está la información sobre la marcha real de la guerra? O si prefieren, las crónicas sobre un conflicto que tiene sobrecogido al mundo. Para esa tarea se necesitan medios y profesionales dispuestos a ejercer el periodismo.

Las mejores facultades y escuelas de periodismo del mundo llevan tiempo advirtiendo de la falacia del periodismo declarativo. También es verdad que es el más barato de hacer; tan sólo requiere poner oído a lo que dicen líderes políticos o empresariales o sociales y darles forma en los diferentes medios. Es, por decirlo en términos vulgares, el periodismo del fulanismo: fulano dice tal, mengano responde tal y tal. Por esa vía se informa poco y se tergiversa mucho.

"Inundar el campo de mierda" (Steeve Bannon)

Esta falla del periodismo es bien aprovechada por los políticos más populistas que tienen anotado en sus agendas comparecencias periódicas a lo largo del día para ir alimentado a esa caterva de medios sin mayor pretensión que servir a sus pagadores. En estas recientes vacaciones de Semana Santa, el PP dejó como “portavoz de vacaciones” -la cosa tiene bemoles- a un insultador profesional, Jaime de los Santos, cuyas barbaridades han alimentado las páginas de periódicos y ediciones digitales.

El hombre naranja -ahora un poco descolorido por efecto del paso del tiempo- que preside Estados Unidos ha llevado esta práctica a la locura. Ha repartido las credenciales a la prensa acreditada en la Casa Blanca entre sus amigos, dejando fuera o al margen a aquellos medios con criterio para preguntar y, sobre todo, con arrestos para denunciar sus barbaridades. A primera hora de la mañana lanza su mensaje a través de la red social de su propiedad (Truht Social), mensaje que encuentra rápida cabida en los medios de todo el mundo. A media mañana y a primera hora de la tarde se instala en su mesa del despacho oval para lanzar sus proclamas que hacen las delicias de sus periodistas entusiastas. Sin el menor rubor es capaz de decir una cosa y la contraria en la misma frase sin temor a ser reprendido por tal fechoría. 

Esta técnica de comunicación que han adoptado los líderes de la derecha y de la extrema derecha, sobre todo, en Europa fue inventada por quien fuera su primer asesor como jefe de estrategia durante el primer mandato de Trump. Steve Bannon concretó esta estrategia en una solo frase: “inundar el campo de mierda” (Flood the zone wiht shit), esto es: llenar el espacio mediático con multitud de historias, contradicciones, bulos, amenazas, insultos, descalificaciones, hasta que el ciudadano ve imposible distinguir la verdad, mientras los medios más serios son incapaces de desmentir tanta desinformación. También contribuyó a esta situación otro de los hombres fuertes de la órbita trumpiana, Marc Zuckerberg, propietario de Meta/Facebook, quien estableció un nuevo concepto: la verdad alternativa. Y ahí estamos, incapaces de distinguir entre la verdad y la mentira porque nos han metido en el ecosistema de la verdad alternativa, la que marca el nuevo emperador.

Periodistas cruzando la raya de la indecencia

Algunos han cruzado la raya de la decencia de forma reiterada. El nuevo corresponsal de ABC y la Cope en Washington, David Alandete, ha encontrado acomodo distinguido entre los periodistas con visa para entrar en el despacho oval. Alandete es el encargado de poner los balones en la raya de gol para que Trump o alguno de sus ministros lancen sus invectivas contra el presidente del Gobierno español. La última indecencia llegó hace unos días cuando se lanzó desde Washington que Estados Unidos investigaría el caso de Noelia Castillo, la joven que se acogió a la eutanasia. Las crónicas de ABC, seguidas con entusiasmo por la brigada mediática de la derecha, venían a decir que desde Washington se había pedido a su embajada en Madrid que se recabasen datos por los posibles “fallos sistémicos de derechos humanos”. ¿Cabe mayor despropósito informativo? 

Volviendo a la información de la guerra, los tertulianos y articulistas que tiene el PP desplegados por los medios, incluidos los programas de la televisión pública, acuden a su trabajo con el argumentario bien aprendido. Todos con los mismos argumentos: “El PP está en contra de la guerra”, “Pedro Sánchez ha llevado demasiado lejos su enfrentamiento con Trump, hasta el punto de originar un conflicto diplomático con nuestros aliados”. 

Ver a la portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Ester Muñoz, acudir todas las mañanas a la sala de prensa del Congreso para dar respuesta a las preguntas que se le plantean es la mejor demostración de la inconsistencia de un partido y sus dirigentes ante un problema de envergadura como lo es la guerra ilegal contra Irán. Tal es la inconsistencia que cuando se enfrenta una pregunta que no estaba prevista en el argumentario que habían elaborado en su partido, la respuesta siempre es la misma: Pedro Sánchez y la corrupción, ETA e incluso Venezuela. Esa fue la salida que tomó recientemente la portavoz del PP en el Senado, Alicia García Rodríguez.

El periodismo "al dictado" favorece a los especuladores

Y es que medios como El País, al que se le supone un grado de profesionalidad, sucumben a la ola de desinformación, rendidos ante la “verdad alternativa”. He perdido la cuenta del número de titulares que anuncian el ultimátum de Trump a Irán para reabrir el estrecho de Ormuz. Incluso, en la tarde del sábado, envió una alerta a los móviles comunicando que faltaban dos días para que concluyera ese ultimátum. Unos días antes, no solo El País sino buena parte de los medios digitales y en papel, radios y televisiones nos habían anunciado una rueda de prensa del mandatario estadounidense para la madrugada del pasado miércoles (hora española) en la que habría un anuncia transcendental sobre la guerra.

Un trampantojo más que nos vendieron desde los medios y que fue muy bien aprovechado por los inversores en Bolsa y los dueños del petróleo para ajustar al alza sus beneficios. La rueda de prensa pasó y ni un solo medio fue capaz de decirnos que tal anuncio había sido un fraude. Tan solo algunos articulistas en el diario The New York Times pusieron las cosas en su sitio: “Me pareció una simple lectura en vivo de sus publicaciones en Truth Social. Es decir, no había nada más allá de lo que hemos visto en varios panfletos en Truth Social durante semanas, incluyendo `esto está a punto de terminar ´, `estamos ganando ´, `bueno, el estrecho se va a abrir ´.

Impensable encontrar algo parecido en un medio español. Aquí nos sirven cada día el parte de guerra que elaboran en Tel Aviv y Washington, siempre bajo la misma perspectiva: bombardeos en puntos estratégicos de Teherán y éxito en la interceptación de los misiles que se lanzan contra Israel. Las imágenes que acompañan estas informaciones son siempre las mismas, todas editadas por las fábricas de propagando de israelíes y norteamericanos. Hemos visto mil veces la imagen de destrucción de un puente en el Sur del Líbano, la voladura del edificio donde se encontraba el ayatola Alí Jamenei, los depósitos de combustible ardiendo en las cercanías de la capital iraní. Sin embargo, apenas se han difundido imágenes de los daños causados por los misiles de Irán en varias ciudades israelíes, incluida la capital. ¿Alguien nos ha contado los daños causados en la ciudad de Dimona, sede de la principal instalación nuclear de Israel? Fue The Washington Post el medio que más ahondó sobre este asunto.

Nadie contrasta las "noticias"

La última agresión de esta forma de informar la sufrimos la mañana del domingo. Nos despertamos con alertas en los móviles que reproducían, ¡cómo no!, un texto de Trump lanzado en su red Truth Social: “Estados Unidos rescata al piloto del avión derribado por Irán, en una operación audaz”. ¿Alguien contrastó la noticia? ¿Mostró Trump alguna prueba de tal hazaña? No. Pero unas horas después llegó otra información, esta vez desde Irán: “Estados Unidos fracasó en su operación de rescate, Irán ha derribado las aeronaves que participaron en esta acción”. Estamos ante esa disyuntiva que tiene que resolver el periodismo serio: si un hombre dice que llueve y otro que hay sol, la obligación del periodista es salir a la calle y comprobar qué tiempo hace antes de informar a sus lectores, oyentes o televidentes, aunque incluya las dos versiones.

 En la prensa española, relax total. Aquí seguimos muy preocupados con los ultimátums de Trump, que en lenguaje popular bien podríamos decir que se estiran y se encogen como la tripa de Jorge. @mundiario
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