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Mundiario 05 Apr, 2026 16:04

El regreso del carbón: cómo la guerra en Irán impulsa la agenda de Donald Trump

La guerra en torno a Irán no solo amenaza con reconfigurar el equilibrio geopolítico, sino también el mapa energético global. En ese contexto, el presidente de EE UU, Donald Trump, ha encontrado una oportunidad estratégica: reactivar la industria del carbón como respuesta rápida a la crisis. Una apuesta que fue controversial cuando fue anunciada, pero que ahora tiene lógica económica en un escenario de escasez e incertidumbre.

El conflicto ha puesto en jaque rutas clave como el estrecho de Ormuz, por donde circula una parte esencial del petróleo y gas mundial. La interrupción o encarecimiento de estos flujos ha disparado los precios energéticos y reavivado temores de inflación global.

En este contexto, la prioridad inmediata para muchos países no es la transición ecológica, sino garantizar el suministro. Y ahí es donde el carbón —abundante, barato y disponible— vuelve a ganar protagonismo.

La historia ofrece un precedente: durante crisis energéticas anteriores, como en los años 70, Estados Unidos ya recurrió al carbón como solución rápida. Hoy, la administración Trump parece retomar esa lógica en un entorno igualmente volátil.

Desde su regreso al poder en 2025, Donald Trump ha reforzado su agenda de “dominancia energética”, centrada en maximizar los combustibles fósiles nacionales. La guerra con Irán ha acelerado esa hoja de ruta.

Entre las medidas más destacadas se encuentran el uso de poderes de emergencia para impedir el cierre de las centrales de carbón, la extensión de la vida útil de plantas consideradas obsoletas y diversas inyecciones económicas al sector. El argumento central de estas acciones es evitar apagones y garantizar la estabilidad del suministro de energía

El Departamento de Energía ha justificado estas decisiones señalando riesgos de escasez eléctrica ante el aumento de la demanda y la retirada de otras fuentes. En términos políticos, la narrativa es clara: seguridad energética frente a incertidumbre global.

¿Por qué el carbón vuelve a ser atractivo?

La clave reside en el coste y la disponibilidad. Mientras el gas natural licuado se encarece y depende de rutas vulnerables, el carbón ofrece ventajas inmediatas gracias a su producción doméstica en EE UU, sus costes relativamente bajos frente a otras alternativas y una capacidad de generación constante que no depende de las condiciones climáticas.

Además, la guerra ha elevado la inflación y los tipos de interés, encareciendo las inversiones en energías renovables, que requieren grandes infraestructuras iniciales.

Por ejemplo, el Departamento de Energía de la Administración Trump prorrogó el pasado lunes la orden de emergencia que obliga a mantener operativa la central de carbón Craig Unit 1 en Colorado. Esta decisión contraviene los deseos de sus propietarios, así como de los reguladores de Colorado y de las organizaciones ecologistas.

La planta, cuyo cierre definitivo estaba previsto por Tri-State Generation and Transmission para el 31 de diciembre —mucho antes de la primera orden de emergencia de Trump—, permanecerá abierta y disponible para reforzar el suministro eléctrico del oeste del país, al menos hasta junio, según consta en la orden.

Incluso países tradicionalmente comprometidos con la transición energética están reconsiderando su postura. En Asia, economías como Japón o India ya han incrementado el uso de carbón. En Europa, algunos gobiernos estudian reactivar centrales cerradas o retrasar su clausura.

El impacto de esta tendencia va más allá de Estados Unidos. La crisis energética derivada del conflicto con Irán podría revertir años de avances en la reducción de emisiones.

Los datos recientes reflejan una realidad incontestable: según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el consumo global de carbón ha crecido significativamente desde 2020 y su peso en la combinación energética mundial ha aumentado en lugar de disminuir entre 2021 y 2024.

Esta situación se debe a que la escasez de gas está empujando a múltiples países a retomar el uso del carbón; en otras palabras, la lógica de la seguridad energética está desplazando, al menos temporalmente, a la agenda climática.

Las dudas sobre la viabilidad real

Sin embargo, el éxito de esta estrategia no es automático, ya que enfrenta diversos obstáculos. Muchas de las plantas de carbón en EE UU son antiguas y costosas de mantener, e incluso algunas no han generado electricidad a pesar de permanecer abiertas. Además, existe el riesgo de que los costes adicionales se trasladen a los consumidores, mientras que las órdenes federales ya enfrentan varios litigios en curso.

Además, la industria no puede aumentar la producción de forma inmediata. Expandir minas y capacidad requiere años, no meses.

Para Donald Trump, la reactivación del carbón cumple varias funciones: responde a la crisis, refuerza su discurso político y ofrece una solución tangible a corto plazo.

Pero también refleja una tensión más profunda: la dificultad de equilibrar seguridad energética, costes económicos y transición ecológica en un mundo cada vez más inestable. @mundiario

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