España tendrá el próximo 11 de noviembre una huelga general por la vivienda. La convocatoria, respaldada por CCOO y UGT junto al Sindicato de Inquilinas y otras organizaciones sindicales como CGT, CIG, ELA, LAB, CO.BAS y Solidaridad Obrera, supone el primer paro general estatal apoyado conjuntamente por los dos grandes sindicatos desde el 14 de noviembre de 2012. La fecha ha sido finalmente acordada después de varios días de conversaciones y sitúa la movilización en un momento extraordinariamente sensible: apenas 18 días antes de las elecciones generales del 29-N.
La coincidencia temporal es demasiado evidente como para ignorarla, pero tampoco permite reducir toda la convocatoria a una operación electoral. El argumento de los sindicatos es otro: los salarios ya no permiten afrontar el coste de la vivienda, y el problema habitacional afecta directamente a las condiciones económicas de los trabajadores. Su lema combina precisamente ambas cuestiones: salarios suficientes para poder acceder a una vivienda digna. Esa conexión será uno de los elementos fundamentales para determinar la naturaleza y el alcance de la huelga.
El calendario, sin embargo, le añade una dimensión política inevitable. El paro se celebrará el miércoles 11 de noviembre y la campaña electoral comenzará oficialmente el viernes 13. El 29-N está, por tanto, prácticamente encima. La movilización puede convertirse en uno de los últimos grandes acontecimientos sociales antes de que los partidos entren en la fase formal de campaña.
La pregunta central es por qué una cuestión tradicionalmente vinculada a las administraciones públicas, al urbanismo y al mercado inmobiliario termina planteándose mediante una herramienta estrictamente laboral como la huelga. Para los sindicatos, la respuesta radica directamente en la estrecha relación entre los salarios y el coste de la vivienda: si una parte cada vez mayor del sueldo se destina al alquiler o a la hipoteca, el problema deja de ser exclusivamente inmobiliario para convertirse en un factor determinante que socava el poder adquisitivo, la capacidad de emancipación y las condiciones materiales de vida de los trabajadores.
Al anunciar el paro, CCOO y UGT ya habían justificado la incorporación del "conflicto de rentas" a las movilizaciones por la vivienda, argumentando que los salarios actuales hacen inviable afrontar simultáneamente la inflación y el coste habitacional. Por su parte, el Sindicato de Inquilinas ha llevado esta reivindicación un paso más allá al exigir medidas estructurales sobre los alquileres, la vivienda pública, los pisos turísticos y de temporada, así como la regulación de precios en zonas tensionadas. De este modo, la protesta trasciende la simple reclamación de mejoras salariales; su verdadero objetivo es transformar las condiciones que determinan cuánto dinero necesita un trabajador para poder acceder a un techo.
La batalla jurídica: ¿puede ser legal una huelga por la vivienda?
Por su parte, la patronal CEOE y Cepyme sostiene que la huelga plantea un conflicto jurídico, argumentando que sus reivindicaciones apelan directamente a decisiones de las administraciones públicas y no a disputas laborales entre trabajadores y empresas. Tras calificar la convocatoria de "inadmisible", la CEOE advirtió que analizará minuciosamente su encaje legal en cuanto se conozcan los términos definitivos de la misma. El trasfondo normativo de esta postura radica en el artículo 11 del Real Decreto-ley 17/1977, el cual tipifica como ilegal aquella huelga que se inicie o mantenga por motivos políticos o con una finalidad ajena al interés profesional de los empleados afectados.
El Tribunal Constitucional ha establecido una interpretación más amplia del concepto de interés profesional. En la sentencia 193/2006, relativa a la huelga general de 2002, recordó que los intereses defendidos no tienen que coincidir exclusivamente con los intereses individuales de quienes hacen la huelga, sino que pueden afectar a los intereses de la categoría de trabajadores. La jurisprudencia había entendido el interés profesional como el interés de los trabajadores “en cuanto tales”.
Esto explica la estrategia sindical. UGT y CCOO intentan presentar la vivienda no como una reivindicación política desvinculada del trabajo, sino como una cuestión económica que afecta directamente a quienes viven de un salario. Pepe Álvarez lo ha expresado en esos términos al defender que vivienda y salarios mantienen una relación directa.
Por tanto, no puede afirmarse de antemano que la huelga sea ilegal simplemente porque reclame medidas de vivienda. La legalidad dependerá, entre otros elementos, de cómo se formule el preaviso, cuáles sean sus objetivos concretos y qué relación pueda acreditarse entre las reivindicaciones y los intereses profesionales de los trabajadores.
La distancia temporal también convierte el 11-N en una fecha singular. La última huelga general estatal respaldada por CCOO y UGT tuvo lugar el 14 de noviembre de 2012, durante el Gobierno de Mariano Rajoy y en plena crisis económica.
Antes hubo otras grandes convocatorias: 1988, 1992, 1994, 2002 y 2010, entre otras. La de 2002, contra la reforma de la protección por desempleo del Gobierno de José María Aznar, resulta especialmente interesante para el debate actual porque el Tribunal Constitucional consideró legítimos sus objetivos al estar relacionados con las condiciones económicas y laborales de los trabajadores.
La diferencia en esta ocasión es evidente: el conflicto no se dirige contra una reforma laboral concreta, sino contra las condiciones de acceso a la vivienda y su impacto directo en los salarios. Este enfoque la convertirá, además, en la primera huelga general estatal de esta naturaleza convocada durante el Gobierno de Pedro Sánchez.
Otro elemento importante es que CCOO y UGT han dejado margen para que sus organizaciones territoriales y sectoriales adapten la convocatoria. Aunque el planteamiento nacional es un paro de 24 horas, no necesariamente tendrá la misma intensidad en todas las comunidades, sectores o empresas.
Además, la huelga general del 11 de noviembre no cuenta con un respaldo sindical unánime. La Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) ha anunciado que no secundará el paro debido a su proximidad con las elecciones generales del 29 de noviembre, argumentando que la movilización adquiere una "connotación política" ajena al ámbito estrictamente profesional. Por su parte, la patronal CEOE y Cepyme han calificado la medida de "inadmisible", sosteniendo que las demandas se centran en materia de vivienda y presupuestos. Al ser estas competencias exclusivas de las administraciones públicas, las organizaciones empresariales defienden que las empresas y sus trabajadores no deben asumir los costes económicos de una presión dirigida contra la gestión del Gobierno.
La patronal añade otro argumento: el momento electoral. Para CEOE, convocar una huelga cuando los ciudadanos están a punto de votar introduce una presión sobre empresas y actividad económica en pleno proceso electoral. La crítica es políticamente relevante, pero jurídicamente habrá que distinguir entre que una huelga tenga consecuencias políticas y que sea jurídicamente una huelga política. Las grandes huelgas generales han tenido históricamente efectos políticos evidentes sin que eso determine automáticamente su ilegalidad.
El 11-N puede alterar la campaña del 29-N
El efecto electoral será, con toda probabilidad, una de las claves del conflicto. Dado que la vivienda ya se sitúa en el centro de la política española, este paro corre el riesgo de convertirse en el eje dominante de los días previos a la campaña. Ante este escenario, el Gobierno afronta una doble lectura: por un lado, Pedro Sánchez ha defendido el derecho constitucional de huelga recordando que este problema afecta a millones de trabajadores y sus familias; por otro, la oposición argumenta que la proximidad de la convocatoria con las elecciones evidencia una utilización política de la movilización, una crítica que el PP y Vox ya han puesto sobre la mesa.
Pero los sindicatos tampoco salen indemnes del debate. CCOO y UGT se juegan parte de su capacidad de movilización en una protesta que no nació exclusivamente dentro de sus estructuras, sino que fue impulsada con fuerza por los sindicatos de inquilinos y las plataformas de vivienda.
Por lo tanto, la primera consecuencia de la huelga general será de carácter económico y estará directamente vinculada al nivel de adhesión que logren los sindicatos mayoritarios. Debido a la naturaleza de la convocatoria, el impacto se sentirá de forma desigual: mientras que sectores estratégicos como el transporte público y la industria pesada suelen registrar paralizaciones más evidentes, otras áreas como el comercio, la hostelería y los servicios de administración podrían experimentar efectos más moderados. No obstante, el funcionamiento del país dependerá en gran medida de los servicios mínimos que las administraciones públicas establezcan para garantizar derechos básicos, especialmente en la sanidad y los sistemas de transporte colectivo.
La segunda consecuencia será estrictamente política y medirá el pulso del país a las puertas de la campaña: si la participación es elevada, el grave problema del acceso a la vivienda se consolidará como el eje central e ineludible en el debate de la recta final hacia las elecciones generales del 29 de noviembre. Por el contrario, si el seguimiento es reducido, la patronal junto a los partidos de la oposición dispondrán de un argumento sólido para cuestionar la representatividad de los sindicatos convocantes, desinflar la presión social y restarle fuerza a una movilización que pretende canalizar el descontento de una parte amplia de la población trabajadora.
Y finalmente, la tercera consecuencia será institucional. La huelga general obligará a las formaciones políticas a concretar sus propuestas sobre la regulación de alquileres, ampliación de vivienda pública, salarios, fiscalidad y protección de los inquilinos justo dos días antes de que comience oficialmente la campaña electoral. El 11 de noviembre convierte de manera ineludible la crisis habitacional en el último gran pulso social de la legislatura antes de las elecciones generales anticipadas del 29 de noviembre, convocadas tras el rechazo parlamentario a los decretos gubernamentales de vivienda. @mundiario