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Mundiario 08 Oct, 2026 04:13 (7 min de lectura)
Observatorio Neutral

El secreto fósil de los mosasaurios: colas que funcionaban como catapultas en el agua

Por Diego Tudares En Ciencia México
El secreto fósil de los mosasaurios: colas que funcionaban como catapultas en el agua
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Estudio de Rutgers revela que los mosasaurios usaban colas flexibles para aceleración explosiva.
• La técnica 'slam-start' permitía acumular curvatura y lanzar el cuerpo contra el agua.

Hubo un tiempo en que los dinosaurios dominaban los continentes y, bajo la superficie de los mares, otros grandes reptiles ocupaban el lugar de los principales depredadores. Entre ellos estaban los mosasaurios, un grupo de lagartos que evolucionó hacia una vida completamente acuática y que llegó a alcanzar tamaños considerables durante el Cretácico. No eran dinosaurios, aunque su imagen moderna haya quedado asociada inevitablemente a ellos.

Ahora, un estudio dirigido por Kiersten Formoso, profesora de la Universidad Rutgers, ofrece una nueva perspectiva sobre uno de los problemas más difíciles de reconstruir cuando se estudian animales extinguidos: cómo cazaban realmente. Publicado en Current Biology, el trabajo utiliza esqueletos fósiles, reconstrucciones anatómicas y modelos basados en la física de la natación para estimar la velocidad que podían alcanzar estos reptiles durante un ataque repentino.

La conclusión más llamativa es que no todos los mosasaurios estaban diseñados para cazar de la misma manera. Algunos parecen haber contado con una ventaja decisiva para realizar una aceleración corta y violenta: una cola más flexible capaz de acumular una mayor curvatura antes de lanzar el golpe contra el agua.

La diferencia es importante porque durante mucho tiempo los modelos de locomoción de animales marinos extintos se han concentrado principalmente en la natación sostenida. Es decir, en cómo un animal podía desplazarse durante un periodo prolongado utilizando movimientos repetidos de la cola.

Un depredador no siempre necesita ser el animal más rápido del océano. En una persecución prolongada, factores como la resistencia, la eficiencia energética y la capacidad de mantener una velocidad elevada resultan determinantes. Por el contrario, en una emboscada la dinámica es completamente opuesta: lo verdaderamente crucial es la aceleración explosiva, es decir, la habilidad de pasar de estar prácticamente inmóvil a desplazarse con enorme rapidez en unos pocos instantes.

El equipo de Rutgers denominó al movimiento estudiado slam-start. La mecánica puede entenderse con una comparación sencilla: un nadador que se impulsa contra la pared de una piscina. En el caso del mosasaurio, no existe una pared contra la que apoyarse. Es la propia cola la que realiza ese trabajo al curvarse y después desplazarse violentamente contra el agua.

El animal habría colocado inicialmente la cola hacia un lado, acumulando una determinada curvatura, y posteriormente la habría lanzado en sentido contrario. Esa interacción con el agua generaba un impulso que desplazaba rápidamente todo el cuerpo hacia delante.

La cola, por tanto, no era únicamente un mecanismo para mantener la velocidad. Podía funcionar como un auténtico sistema de lanzamiento.

La flexibilidad era la clave

A partir de esqueletos fósiles relativamente completos, los investigadores lograron reconstruir cuatro tipos de mosasaurios: Platecarpus, Tylosaurus, Mosasaurus y Plotosaurus, lo que les permitió estimar sus dimensiones corporales y las proporciones de sus colas. Sin embargo, el siguiente gran desafío de la investigación consistía en modelar un componente elemental que los fósiles no logran conservar: la estructura muscular.

Para lograrlo, los científicos utilizaron información procedente de lagartos actuales, incluido el dragón de Komodo, y sometieron las reconstrucciones a diversas pruebas de fuerza muscular, flexibilidad de la cola y resistencia al agua. El resultado de estas simulaciones fue consistente: la capacidad de doblar la cola demostró tener una influencia especialmente determinante en la velocidad de arranque del animal.

El Platecarpus resultó ser el más rápido de los cuatro en relación con su tamaño, mientras que el Tylosaurus también exhibió una notable capacidad de aceleración. De hecho, según determinados modelos, un ejemplar especialmente grande de Tylosaurus habría sido capaz de alcanzar aproximadamente los 24 kilómetros por hora con un solo golpe de cola. Sin embargo, esta cifra requiere una precisión fundamental: no significa que el reptil pudiese navegar de forma continua a dicha velocidad, ya que se trata de una estimación de su velocidad máxima durante un breve impulso y no de su ritmo de crucero.

Los resultados apuntan a que Platecarpus y Tylosaurus se beneficiaban de una estrategia basada en el factor sorpresa. Su cola, dotada de mayor flexibilidad, permitía una curvatura inicial más pronunciada y, en consecuencia, un movimiento de ataque mucho más explosivo. En términos ecológicos, este rasgo anatómico encaja con la hipótesis de que ambos animales aprovecharan zonas poco profundas para permanecer ocultos o reducir su presencia visual justo antes de lanzarse sobre sus presas.

Los gigantes que podían perseguir en mar abierto

Sin embargo, que una cola no estuviera orientada a la aceleración instantánea no implica que el animal fuera lento. De hecho, los investigadores consideran que el Plotosaurus pudo estar mejor adaptado a una natación sostenida, comparable en algunos aspectos funcionales con la estrategia de peces modernos de alta eficiencia como el atún. Esta es una distinción fundamental para entender la evolución de estos reptiles, ya que demuestra que no existía un único modelo de "mosasaurio depredador", sino que la evolución produjo diferentes soluciones para explotar distintos nichos ecológicos.

Mientras que un animal podía invertir sus capacidades en acelerar violentamente durante unos segundos, otro podía beneficiarse de una locomoción más eficiente para recorrer grandes distancias en mar abierto. De este modo, la anatomía de la cola se convierte en una pista crucial sobre su comportamiento; un indicio que adquiere todavía más valor cuando coincide con otras evidencias del registro fósil.

Los autores señalan que estas diferencias en la locomoción son totalmente compatibles con otros trabajos que han analizado la alimentación y el modo de vida de los mosasaurios a través de la fuerza de mordida, el desgaste dental y la composición química de los fósiles. Dado que cada una de estas técnicas aporta una pieza distinta del rompecabezas, el resultado final es una imagen mucho más compleja de los océanos del Cretácico; un ecosistema donde diferentes especies de mosasaurios lograban coexistir porque no competían exactamente por los mismos recursos ni de la misma manera.

El equipo llevó además sus modelos hasta ejemplares excepcionalmente grandes, incluido un mosasaurio basado en un fósil conservado por el Museo Estatal de Nueva Jersey en Trenton. Según los investigadores, este trabajo constituye el primer intento de cuantificar, mediante este tipo de simulación, el rendimiento de aceleración explosiva de reptiles marinos de la era de los dinosaurios. Es precisamente ahí donde radica la consecuencia más interesante: las herramientas desarrolladas pueden aplicarse a otros animales extinguidos, incluso a especies que carecen de equivalentes modernos cercanos.

Eso permitirá comparar no solo mosasaurios, sino también otros grandes vertebrados marinos y reconstruir cómo diferentes cuerpos resolvieron un mismo problema: moverse eficazmente bajo el agua y capturar alimento. @mundiario

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