HUB
El Diario 29 Sep, 2026 22:25 (5 min de lectura)
Soberania / Oportunidad

Obtiene monseñor Arturo Bañuelas el prestigioso Premio Lumen

Por De la Redacción/El Diario de El Paso En mexico Estados Unidos, Texas
Obtiene monseñor Arturo Bañuelas el prestigioso Premio Lumen
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Monseñor Arturo Bañuelas recibe el Premio Lumen Christi 2026-2027 por su labor con laicos.
• El Instituto Tepeyac fundado en 1988 ha formado a 80,000 líderes en la Diócesis de El Paso.
• La ceremonia se realizará el 3 de noviembre en San Marcos, El Paso.

Corría 1988 cuando el entonces joven sacerdote Arturo Bañuelas se arrodilló frente a la tilma de la Virgen de Guadalupe, en la basílica que lleva su nombre en la Ciudad de México, sin saber que ese momento cambiaría el rumbo de la Iglesia católica en la frontera entre Texas y México durante las siguientes cuatro décadas. Según ha contado él mismo, terminaba de rezar el rosario cuando sintió una repentina claridad: había llegado la hora de que los laicos asumieran un papel protagónico en la vida de la Iglesia. Esa tarde escribió, casi de un tirón, la misión, los objetivos y la estructura de lo que hoy se conoce como el Instituto Tepeyac.

Casi cuarenta años después, ese instituto ha formado a cerca de 80,000 líderes laicos en la Diócesis de El Paso. Y ahora, la Catholic Extension Society, una organización católica sin fines de lucro con sede en Chicago, ha decidido reconocer ese trabajo con el Premio Lumen Christi 2026-2027, uno de los máximos honores que otorga la institución a nivel nacional en Estados Unidos.

Monseñor Bañuelas recibirá la distinción el próximo 3 de noviembre en la iglesia de San Marcos, en El Paso, en presencia del obispo Mark J. Seitz y de cientos de feligreses y amigos.

De Pecos a Roma

Bañuelas nació y creció en Pecos, una comunidad texana que pertenece a la Diócesis de El Paso aunque se encuentra a unas 200 millas al este de la ciudad (322 kilómetros). Fue el mayor de ocho hermanos en una familia profundamente religiosa que vivía junto a la parroquia de Santa Rosa de Lima, donde el rosario era una costumbre diaria en casa.

Ingresó al seminario de Notre Dame, en Nueva Orleans, con el respaldo de la propia Catholic Extension Society. Durante esos años tuvo la oportunidad de servir a comunidades indígenas otomíes en el centro de México, una experiencia que, según ha dicho, terminó de definir su vocación: sintió que Dios lo llamaba a servir entre los pobres, y que era precisamente esa cercanía la que sostenía su fe. Más tarde continuó su formación académica en la Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo un doctorado en teología fundamental.

Un instituto nacido de mil doscientas sorpresas

Al regresar a El Paso, compartió su experiencia mística con el entonces obispo Raymundo Peña, quien aprobó la creación del Instituto Tepeyac. La meta inicial de Bañuelas era modesta: reunir a apenas veinte personas para arrancar el programa. A la primera sesión de orientación llegaron 1,200.

Desde entonces, cientos de personas se han formado cada año en el instituto para asumir ministerios dentro de la diócesis, desde el acompañamiento a enfermos de cáncer infantil hasta la preparación sacramental de personas con discapacidad. Un año después de fundar Tepeyac, Bañuelas también cofundó la Academia de Teólogos Católicos Hispanos de Estados Unidos, dedicada a la reflexión teológica desde la experiencia de las comunidades latinas.

Como párroco, primero de la iglesia de San Pío X, entre 1988 y 2014, y después de la parroquia de San Marcos, de 2015 hasta su retiro formal en 2022, Bañuelas impulsó comunidades donde llegaron a coexistir hasta 63 ministerios distintos, sostenidos casi en su totalidad por laicos formados en su instituto.

‘Refinamiento’, no retiro

Aunque oficialmente se retiró hace cuatro años, Bañuelas continúa celebrando misa en una decena de parroquias de la diócesis y sigue impartiendo clases en Tepeyac. Prefiere no llamarlo retiro. Dice que es, más bien, un refinamiento: una oportunidad para mirar tanto los aciertos como los errores del camino recorrido y, con esa mirada, seguir mejorando.

Desde 2015 preside además el Hope Border Institute, una organización que promueve la dignidad, la justicia y la atención pastoral en la región fronteriza entre Estados Unidos y México. Más recientemente ayudó a poner en marcha el ministerio Corazón, enfocado en personas con discapacidad, y colabora en el Instituto Romero, un programa de formación de un año orientado al trabajo de justicia social.

Quienes lo conocen describen su influencia en términos que van más allá de la administración parroquial. Verónica Rayas, quien lo trató por primera vez hace 25 años como alumna del instituto y más tarde como colaboradora pastoral, recuerda que fue él quien la empujó a completar un doctorado en teología y, después, a dirigir la formación religiosa de toda la diócesis. Para ella, el legado de Bañuelas no se mide en cargos, sino en la cantidad de personas a las que ayudó a encontrar su propio lugar dentro de la Iglesia.

Bañuelas suele resumir su vocación de una manera sencilla: asegura que nunca ha existido un solo día en que no quisiera ser sacerdote, y que piensa seguir siéndolo hasta que Dios lo llame de regreso a casa.

[email protected]