nullTRANSPARENCIA
En Querétaro, la Contraloría Social dejó de ser ritual para convertirse en práctica medible con más de 15 mil millones de pesos revisados por 7 mil 225 ciudadanos (tres de cada cuatro, mujeres) organizados en 3 mil 433 comités. El premio estatal no celebra discursos, sino vigilancia concreta en obras sensibles como el drenaje, aulas y casas de día. Capacitar a 15 mil personas desde 2021 solo vale si el escrutinio llega a la obra y no se diluye en el acto. La confianza no se decreta, se gana cuando el vecino puede verificar y, si hace falta, corregir. Ese es el verdadero liderazgo de Querétaro.
EN LA UAQ
La elección de rectoría en la UAQ ya no es solo un relevo interno; es un examen de credibilidad. Cuatro aspirantes compiten para el periodo 2027- 2030, entre ellos la rectora Silvia Amaya, mientras una contendiente, Elena Gutiérrez Franco, denuncia violencia laboral e institucional que, asegura, arrastra desde hace casi dos años y que otras personas habrían replicado. El señalamiento no puede diluirse en porra ni en descalificación. Si la universidad presume autonomía y perspectiva de género, debe investigar con diligencia, plazos y reparación, no convertir la queja en munición de campaña. La auscultación del 19 de octubre medirá votos; la confianza se juega antes.
EN EL ITQ
Suspender clases por una marcha pacífica no resuelve el deterioro; lo confirma. Estudiantes del ITQ recorrieron el Centro con una consigna precisa. “El recurso debe llegar al aula y no perderse en el camino”. No pidieron privilegios, exigieron instalaciones dignas en campus centro y norte, y cuentas claras de la dirección. El comunicado institucional habla de incitación a la violencia; las fotos y las consignas muestran otra cosa. El sindicato suma denuncias de acoso laboral y retiro de material. Cuando la respuesta es cerrar el plantel en vez de abrir los expedientes, la desconfianza crece. La dignidad del aula no se decreta, se construye y se audita.