El Real Madrid tiene un problema defensivo y Thibaut Courtois lleva demasiado tiempo encargándose de disimularlo. La llegada de José Mourinho debía devolver al conjunto blanco parte de la solidez, el orden y la disciplina que había perdido durante las últimas temporadas. Sin embargo, los primeros ocho encuentros oficiales han dejado una realidad difícil de justificar: Courtois nunca había recibido tantos disparos a portería a estas alturas de una temporada desde su fichaje por el Madrid en 2018. Los números no solo cuestionan el rendimiento de la defensa, sino también el funcionamiento colectivo de un equipo que continúa dependiendo demasiado de su guardameta.
El belga ha recibido 37 remates entre los tres palos en ocho partidos, una media de 4,6 por encuentro que supera considerablemente los 3,6 que acostumbraba a afrontar en anteriores campañas. De esos 37 disparos, ha conseguido detener 28, manteniendo un porcentaje de paradas del 76 %. Son estadísticas propias de un portero que sigue ofreciendo un rendimiento extraordinario, pero que también reflejan las enormes facilidades que encuentra el rival para generar peligro. La paradoja es evidente: cuanto más trabaja Courtois, más al descubierto quedan las carencias de sus compañeros.
Y lo más preocupante es que la situación ha empeorado conforme avanzaba la competición. Durante los tres primeros encuentros, el Madrid no concedió más de tres disparos a portería por partido. Sin embargo, posteriormente llegó el descontrol. El Inter obligó a Courtois a realizar siete intervenciones ante ocho remates, mientras el Rayo Vallecano y el Atlético de Madrid también consiguieron disparar siete veces entre los tres palos. Tres encuentros diferentes que dejaron un mismo denominador común: demasiadas oportunidades para rivales que encontraron más facilidades de las esperadas.
Tampoco sirve esconder el problema detrás de los resultados. El Real Madrid ha conseguido seis victorias en sus ocho primeros compromisos oficiales, pero los triunfos no deberían impedir analizar lo que sucede sobre el terreno de juego. Contra el Inter, por ejemplo, necesitó siete paradas de Courtois para conservar un 2-1 que pudo complicarse considerablemente. El guardameta evitó que las concesiones defensivas tuvieran consecuencias mayores y volvió a demostrar que su influencia trasciende las estadísticas. El problema aparece cuando una actuación extraordinaria deja de ser una excepción y empieza a convertirse en una necesidad habitual.
Ahí es donde Mourinho debe asumir una parte importante de la responsabilidad. El portugués no llegó al Bernabéu para enseñar a Courtois a detener más balones, sino para convertir una plantilla repleta de futbolistas internacionales en un equipo competitivo y reconocible. Su contratación respondía, entre otras cuestiones, a la necesidad de recuperar una estructura colectiva que llevaba demasiado tiempo mostrando síntomas de agotamiento. Sin embargo, después de casi dos meses de competición, el Madrid sigue exhibiendo desconexiones defensivas, dificultades para controlar determinados momentos de los partidos y una preocupante vulnerabilidad cuando pierde la posesión.
Las estadísticas colectivas tampoco ofrecen demasiados argumentos para defender el trabajo realizado hasta ahora. En La Liga, el conjunto blanco registra una posesión media del 52,3 %, muy lejos del 68,7 % del Barcelona, y ocupa la decimosexta posición en recuperaciones de balón, con 302. A eso se añade un dato todavía más revelador: el Madrid es el equipo que menos kilómetros recorre de media por encuentro, con 96,5, casi diez menos que los azulgranas. Correr más no garantiza defender mejor, pero cuando un equipo tampoco destaca recuperando la pelota ni controlando los partidos, resulta inevitable cuestionar su intensidad y organización.
Y tampoco sería justo cargar toda la culpa sobre los cuatro defensores. La defensa comienza mucho antes de que el rival se acerque al área. Comienza con la presión de los delanteros, continúa con el posicionamiento de los centrocampistas y termina con la capacidad de los zagueros para anticiparse y corregir. Cuando alguna de esas piezas falla, el equipo concede espacios y permite que los contrarios lleguen con demasiada comodidad. El Madrid tiene futbolistas de enorme calidad individual, pero sigue sin demostrar que todos entiendan y ejecuten una misma idea colectiva.
Es cierto que las lesiones tampoco han facilitado el trabajo del entrenador portugués. La ausencia de Éder Militão durante buena parte de este arranque, los problemas físicos de Konaté y la reciente operación de Raúl Asencio han reducido considerablemente sus alternativas defensivas. Sin embargo, una cosa es tener dificultades para encontrar una pareja de centrales estable y otra muy distinta que el sistema completo dependa de las intervenciones del portero. Las bajas pueden explicar determinados desajustes, pero no justifican que el equipo siga ofreciendo tantas oportunidades a sus adversarios.
Mientras tanto, Courtois continúa haciendo su trabajo. A sus 34 años mantiene unas prestaciones sobresalientes y ha conseguido evitar buena parte de las consecuencias de los errores colectivos. Sin embargo, únicamente ha logrado dejar su portería a cero en una ocasión, precisamente ante el Málaga. Nueve goles encajados en ocho partidos pueden parecer una cifra relativamente asumible, pero adquieren una dimensión diferente cuando se comprueba que el guardameta ha tenido que intervenir en otras 28 ocasiones. El Madrid no está concediendo menos peligro porque defienda bien; está encajando menos de lo que podría gracias al rendimiento de su portero.
Mourinho tiene que encontrar soluciones y tiene que hacerlo pronto. El Real Madrid afronta un tramo del calendario que incluye compromisos importantes ante el Villarreal y el Barcelona, mientras continúa obligado a recortar los seis puntos que le separan del liderato de La Liga. No parece razonable construir las aspiraciones de un equipo de semejante dimensión sobre la esperanza de que Courtois vuelva a salvarlo cada fin de semana. El belga está respondiendo a las exigencias, pero quienes juegan por delante de él todavía tienen demasiados deberes pendientes. Porque un gran portero puede salvar partidos, incluso temporadas enteras, pero no debería convertirse en la única garantía defensiva de un equipo que aspira a ganarlo todo. @mundiario