
Amaba los postes de luz y las marañas de cables en lo alto. Enredaderas pseudosalvajes, como nidos de aves, robots cuyo gorjeo era promesa de modernidad.
Largas líneas forradas de negro conectando Saltillo. Las torres de alto voltaje zumbando como abejas eléctricas. Las tripas del dios la ciudad expuestas.
Llegaron a ser una obsesión estética. Un punto de romantización absurdo.