Durante casi cincuenta años, la historia de Carrie White se ha contado en el cine. La primera novela de Stephen King dio pie a la película de Brian De Palma en 1976 y a un remake en 2013, pero nunca había tenido el espacio que solo ofrece una serie. Eso cambia ahora con la versión de Mike Flanagan, que ya puede verse en Prime Video.
La serie, compuesta por ocho episodios y estrenada el 7 de octubre, es el primer proyecto de Flanagan para Amazon tras su etapa en Netflix, donde firmó títulos como La maldición de Hill House y Misa de medianoche. Aquí ejerce como showrunner, guionista y productor ejecutivo, y además dirige cuatro de los capítulos.
Apostar por el formato seriado resulta un acierto. El tiempo extra permite construir a los personajes con calma y explorar matices de la novela que las películas, limitadas a unas dos horas, se veían obligadas a dejar fuera. Cada episodio suma capas a la protagonista y a quienes la rodean, de modo que el desenlace, conocido por casi todos, se vive desde un lugar muy distinto.
Un clásico trasladado al presente
La gran novedad está en el contexto. La historia se sitúa en la actualidad y convierte el ciberacoso en uno de sus ejes centrales. Las burlas que sufre Carrie ya no se quedan en los pasillos del instituto, sino que viajan a través de las redes sociales y la persiguen allá donde vaya.
Carrie / RRSS.
Esa actualización no traiciona el espíritu del libro. Al contrario, conserva la esencia que conocen los lectores de King: una adolescente aislada, una madre dominante y un entorno escolar cruel que la empuja al límite. Summer H. Howell da vida a la protagonista, mientras que Samantha Sloyan interpreta a Margaret White, y el reparto se completa con nombres como Siena Agudong, Matthew Lillard y Katee Sackhoff.
Más thriller psicológico que terror
Quien espere una producción de sustos constantes puede llevarse una sorpresa. Flanagan no plantea la serie como una obra de terror al uso, sino como un thriller psicológico que se adentra en la mente de su protagonista y en las heridas que deja el acoso. La tensión nace más de lo que se intuye que de lo que se muestra, algo que el creador domina como pocos.
Ese enfoque le permite abarcar temas que las adaptaciones anteriores apenas rozaban, desde la presión del entorno digital hasta el peso del fanatismo religioso en casa. El resultado es una propuesta más íntima e inquietante, coherente con el estilo que el director ha ido puliendo en sus trabajos anteriores.
No todo funciona igual de bien. La serie adelanta algunos giros con demasiada antelación, lo que resta fuerza a ciertos momentos clave. Además, el desenlace deja varias preguntas abiertas que pueden dejar insatisfecho a parte del público.
Aun así, la nueva Carrie se consolida como una de las adaptaciones más ambiciosas de la obra de King. Flanagan demuestra que una historia tantas veces contada todavía tiene cosas que decir cuando se mira con ojos nuevos.