
En su última columna, Jesús Silva-Herzog Márquez habla de la extendida costumbre de trasladar las responsabilidades de la Presidenta a sus subalternos. ¿Aparece alguien asoleándose en Palacio Nacional? “Es Inteligencia Artificial”, le dicen, y, pobre, se la cree. ¿Motivo?: “La están informando mal”, “Su equipo la está perjudicando”, etcétera.
Es un vicio muy del oficialismo moderado, pero también de alguno que otro candidato a consultor del Gobierno que busca colarse en el presupuesto por la vía de elogiar al poderoso y descalificar al de abajo, e incluso de algunos opositores asimismo moderados.
Resulta, desde luego, un argumento muy malo, un tremendo “no me defiendas, compadre”, por dos razones posibles: o la Presidenta está perfectamente informada y por lo tanto está haciendo mal la chamba, o está muy mal informada y está haciendo muy mal la chamba, justamente, por estar mal informada, es decir, por estar rodeada de inútiles o marrulleros. Por, en resumen, haber hecho mal su primer trabajo, que es formar un equipo competente y leal, que le rinda cuentas con eficacia y transparencia.
En otras palabras, el ejercicio del poder político más elevado, como el que tiene la titular del Ejecutivo, se rige por la máxima: “El que manda siempre es el culpable”.
O, más bien, se regía por esa máxima en épocas mejores. Hoy, la rendición de cuentas, aquello de asumir tus responsabilidades, no está muy en boga que digamos. No es que sea una tendencia estrictamente nueva. Como recuerda el propio Chucho, este tipo de maromas exculpatorias era muy, por ejemplo, de la Cuba castrista, en la que aquello de “cuando Fidel se entere manda a parar esto” era una cosa de todos los días. Lo que nos lleva a una precisión importante. Decía que estas maniobras dialécticas son muy de ciertas comentocracias y ciertos caraduras ansiosos de hacer bísnes. Lo son.
Pero hay algo más de fondo, que es la necesidad, también muy extendida, de encontrar líderes infalibles, padres –o madres– universales dispuestos a pastorearnos con un autoritarismo condescendiente que nos libere del peso de la responsabilidad propia: la responsabilidad del ciudadano. Es una forma de decir: “Nosotros elegimos bien, pero hay almas perversas dispuestas a perjudicarnos”.
No sé si sirva como consuelo, pero esta tendencia exculpatoria no es, ni de cerca, exclusivamente mexicana. Con todo, recuerden, por favor, cuántas personas de ese equipo han sido despedidas. Les ahorro el recuento: ni una sola. Ni el de la IA. Por algo será.
@juliopatan09