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Mundiario 09 Apr, 2026 04:36

Netanyahu e Israel ante la tregua con Irán: malestar social y reproches políticos

La tregua de dos semanas anunciada por Donald Trump con Irán ha abierto una crisis política en Israel que golpea directamente al primer ministro, Benjamín Netanyahu. El cese de las hostilidades, que incluye la reapertura del estrecho de Ormuz, ha sido recibido con sorpresa, enfado y desconcierto tanto en la opinión pública como en la clase política israelí.

Un mensaje en hebreo difundido en redes sociales en la madrugada del anuncio ha sintetizado ese malestar: “Recuerda que pasaste 40 días bajando a los refugios solo para abrir una ruta marítima que siempre había estado abierta”. La frase refleja la sensación de que la ofensiva no ha logrado los objetivos prometidos, pese a haber sido presentada como una operación decisiva.

Un alto el fuego que deja a Netanyahu en entredicho

El conflicto, iniciado el 28 de febrero con el respaldo de Washington, fue planteado por Netanyahu como una campaña destinada a lograr una “victoria definitiva” y propiciar el fin del régimen iraní. Sin embargo, el alto el fuego ha llegado sin que esos objetivos se hayan materializado y tras unas negociaciones en las que, según las críticas internas, Israel no ha tenido un papel determinante.

El primer ministro ha tardado 18 horas en dirigirse a la nación tras el anuncio de la tregua. Su comparecencia, ya en hebreo y a última hora del miércoles, no ha introducido cambios sustanciales en el relato oficial: ha insistido en que la guerra no ha terminado y que Israel volverá a combatir “si resulta necesario”. “Tenemos el dedo en el gatillo”, ha advertido.

A pesar de las crecientes críticas y de los llamamientos a su dimisión, Netanyahu ha defendido que Israel es “la parte vencedora” y ha ridiculizado a quienes cuestionan los resultados militares obtenidos en Irán.

Críticas desde todos los frentes políticos

La oposición, que en un inicio respaldó mayoritariamente la ofensiva, ha virado hacia una crítica contundente. El ex primer ministro Yair Lapid ha calificado la situación de “desastre político”, denunciando que Israel ni siquiera estuvo presente en la mesa de negociaciones donde se tomaron decisiones clave para su seguridad.

En términos similares se ha expresado Yair Golán, quien ha subrayado la brecha entre las expectativas generadas y los resultados reales. Según Golán, no se ha logrado ninguno de los objetivos estratégicos: ni la destrucción del programa nuclear iraní ni la eliminación de la amenaza balística.

Desde posiciones más conservadoras, el exministro de Defensa Avigdor Lieberman también ha mostrado su escepticismo ante la tregua, advirtiendo de que cualquier acuerdo que no limite las capacidades militares de Irán podría derivar en un nuevo conflicto “en condiciones más difíciles”.

Una guerra con alto coste y resultados limitados

Durante las semanas de enfrentamiento, el Gobierno israelí ha intentado sostener una narrativa de avances militares, destacando bombardeos y destrucción de infraestructuras. Sin embargo, con el paso del tiempo, han emergido dudas sobre la eficacia real de la estrategia, especialmente en lo relativo al objetivo de provocar un cambio de régimen en Teherán.

Ese planteamiento, inicialmente defendido con discursos de alto tono político e incluso referencias simbólicas, ha ido perdiendo peso en el discurso oficial. El propio Netanyahu llegó a matizar que el futuro político de Irán “depende de los iraníes”, en un aparente repliegue de sus aspiraciones iniciales.

En paralelo, han surgido filtraciones internas que señalan tensiones dentro del aparato de seguridad israelí, incluyendo críticas al papel del Mosad y a las expectativas generadas sobre la viabilidad de un cambio de régimen.

Caída del apoyo social y presión electoral

El desgaste político se produce en un contexto electoral delicado. A seis meses de los comicios, los sondeos no anticipan una reedición de la actual coalición de Gobierno, formada junto a partidos ultraortodoxos y ultranacionalistas.

El respaldo social a la guerra también ha descendido. Si al inicio superaba el 90% entre la población judía, las últimas encuestas lo sitúan en torno al 78%, con un aumento progresivo del rechazo y protestas en las calles, incluida la mayor manifestación contra la guerra en Tel Aviv.

Líbano, el otro frente de la tensión

Mientras se consolidaba el alto el fuego con Irán, la situación en Líbano ha añadido presión al Gobierno israelí. En medio de las negociaciones sobre su inclusión en la tregua, el ejército israelí ha intensificado los bombardeos, causando más de 250 muertos en la mayor oleada de ataques en ese frente.

Este escenario ha sido interpretado por parte de la oposición como una “huida hacia adelante” que podría poner en riesgo la estabilidad de un acuerdo alcanzado sin la participación directa de Israel.

Un equilibrio inestable con Washington

El papel de Estados Unidos ha sido determinante en el desenlace. Según diversas informaciones, el anuncio del alto el fuego habría sorprendido incluso a sectores del Gobierno israelí, algo que Netanyahu ha negado, defendiendo que se trata de una decisión “coordinada” con Washington.

Sin embargo, las versiones sobre contactos previos y presiones para evitar la tregua apuntan a una relación compleja entre ambos aliados en la gestión del conflicto.

El final abrupto de las hostilidades ha transformado las dudas en críticas abiertas. La percepción de una guerra sin resultados claros, sumada a la exclusión de Israel en las negociaciones finales, ha debilitado la posición política de Netanyahu en un momento clave.

La crisis no solo redefine el equilibrio interno en Israel, sino que también abre interrogantes sobre su estrategia en la región y su capacidad para influir en futuros escenarios de negociación en Oriente Próximo. @mundiario

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