
Nuestro departamento era diminuto. Decidimos seguir viviendo juntos. ¿Ya estábamos muy grandes como para dormir en una litera?
“Tal vez deberíamos comprar una litera”, le dije a mi novia de siete años.
Lo dije de broma. Al menos eso creo. Sea como sea, dos semanas después de haber terminado, estábamos paseando por el centro de San Francisco buscando literas con mi mamá.