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El Financiero 10 Apr, 2026 01:32

La inflación de dos velocidades

El dato que el INEGI dio a conocer este jueves confirma una tendencia incómoda: la inflación acumuló su tercer mes consecutivo al alza y se ubicó en 4.59% anual, su nivel más alto desde octubre de 2024.

A nivel mensual fue de 0.86%, ligeramente por debajo del consenso de los analistas (0.90%), pero más del doble del promedio histórico de los últimos 15 años para un mes de marzo (0.38%). El indicador volvió a colocarse fuera del rango de tolerancia de Banxico y obliga a leer con cuidado qué hay debajo del número.

La buena noticia relativa está en el componente subyacente, el que menos fluctuaciones tiene. A tasa anual bajó a 4.45% desde el 4.50% previo, con un avance mensual de 0.38%. Al interior, mercancías crecieron 0.29% mensual, por debajo de su promedio histórico, con una caída en mercancías alimenticias compensada por un repunte en las no alimenticias, donde los aranceles que entraron en vigor a inicio de año comienzan a manifestarse en rubros como vestido, calzado y autos eléctricos.

El dato más preocupante está en los servicios: su variación mensual de 0.48% superó el promedio histórico de 0.38%, y la tasa anual se elevó a 4.51%, muy lejos de su promedio de largo plazo de 3.6%.

Las presiones acumuladas de costos laborales son uno de los factores que mantienen este componente elevado y su descenso será lento. Por si fuera poco, el Mundial de futbol en el verano añadirá un choque estacional a los servicios turísticos, lo que apunta a otro pico de la subyacente entre junio y julio antes de una disminución gradual en la segunda mitad del año.

Pero si la inflación subyacente es el termómetro de fondo, el componente no subyacente fue el que movió la aguja en marzo, y de forma histórica.

Este subíndice creció 2.46% mensual y alcanzó una tasa anual de 5.05%, frente al 2.44% de febrero. Frutas y verduras se dispararon 10.75% mensual —el mayor aumento para cualquier mes desde 2006 y, para un marzo, el más alto desde que se tiene registro en 1988—, con el jitomate, la papa, el tomate verde, el limón y el pepino como protagonistas.

En energéticos y tarifas, el avance mensual fue de 0.85%, con incrementos en electricidad, gas y gasolinas. El subsidio gubernamental y el acuerdo de tope al precio de la gasolina de bajo octanaje amortiguaron parcialmente el alza en las referencias internacionales derivada del conflicto en Medio Oriente.

Hay otro dato que no puede omitirse: el Índice de la Canasta de Consumo Mínimo subió 0.91% mensual y 4.56% anual, contra 0.21% y 3.60% en marzo de 2025. Las familias de menores ingresos están absorbiendo un golpe proporcionalmente mayor.

Las expectativas del consenso de los analistas que apenas el lunes pasado recogió la Encuesta Citi revelan procupación. Los encuestados elevaron su pronóstico de inflación general para el cierre de 2026 a 4.23%, incorporando un tercer ajuste quincenal al alza. De 38 especialistas, 34 anticipan que cerrará por arriba de 4%; hace tres semanas eran solo ocho.

La dispersión es reveladora: Monex y Natixis proyectan 4.90%, mientras que BBVA y Bx+ estiman 3.90%. Un punto porcentual de diferencia entre analistas ilustra el grado de incertidumbre que existe.

Para la inflación subyacente, la expectativa subió a 4.20%. Y la misma encuesta redujo la proyección de crecimiento del PIB a 1.4% para 2026: más inflación con menos crecimiento es la peor combinación posible para la política monetaria.

El dilema para Banxico es claro. En su decisión del 26 de marzo, la Junta recortó la tasa en 25 puntos base a 6.75% por mayoría de 3-2, y en su guía prospectiva señaló que valoraría “la pertinencia y el momento de realizar un recorte adicional” —en singular, a diferencia de la referencia plural de febrero—, lo que el mercado interpretó como señal del fin del ciclo.

El propio banco central ajustó al alza sus pronósticos de inflación entre el primer y tercer trimestre, atribuyendo la revisión a una trayectoria más elevada de la no subyacente y a una disminución más gradual de lo previsto en servicios, y pospuso la convergencia a la meta de 3% hasta el segundo trimestre de 2027.

Lo que revela esta radiografía es que la inflación tiene hoy dos velocidades. La subyacente avanza con terquedad —servicios no ceden, mercancías absorben el efecto arancelario— pero sin aceleración abrupta.

La no subyacente, alimentada por un choque agrícola histórico y presiones energéticas de origen geopolítico, es la que desborda.

El riesgo es que los efectos de segundo orden contaminen las expectativas de mediano plazo. Si el mercado ya proyectaba 4.23% antes de conocer el dato de hoy, ¿cuánto margen real le queda a Banxico para ese último recorte que está previsto?

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