
Se acercan las celebraciones relativas a los difuntos, aquellas que la Iglesia católica instituyó en la Europa medieval y se marcan en el calendario litúrgico. Este asigna denominaciones específicas para estas fechas: el 1 de noviembre es oficialmente la “Solemnidad de Todos los Santos”, dedicada a honrar a todos los difuntos que superaron el purgatorio y, por tanto, ya son beatos o están canonizados y gozan de la vida eterna y la presencia de Dios, incluyendo tanto los santos reconocidos por la Iglesia como los anónimos, o sea, aquellos millares de mártires cristianos desconocidos.
Por su parte, la “Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos” es la denominación oficial de la celebración asignada al 2 de noviembre, popularmente llamada Día de Muertos o de Difuntos, dedicada exclusivamente a la oración y los sufragios por el descanso de las almas de todos los bautizados fallecidos que se encuentran purificándose en el purgatorio antes de entrar en el cielo, según la escatología cristiana.