El 7 de abril, Telefónica anunció la venta de su filial en México al consorcio Melisa Acquisition por 450 millones de dólares. La operación cierra un ciclo largo y previsible. México era el último eslabón de una retirada que Telefónica había ejecutado con paciencia quirúrgica en Hispanoamérica.
Antes salió de Uruguay, Ecuador, Colombia, Perú, Argentina, Chile y Centroamérica. Conserva Venezuela y Brasil como excepción estratégica en un mercado donde sí invierte y tiene escala. Lo que queda para Telefónica es Europa. Ahí quiere concentrar su capital, redes y atención. México era un activo incómodo y residual.
Movistar México opera como operador móvil virtual sobre la red de AT&T. No tiene infraestructura propia. Eso lo convierte en un negocio sin activos fijos relevantes, dependiente de un contrato mayorista con un tercero que, además, es su competidor en el mercado minorista.
Con más de 21.7 millones de suscriptores al cierre de 2025, la operación no encajaba en la lógica de un grupo europeo que prioriza redes propias, convergencia fijo-móvil, certidumbre jurídica y liderazgo regulatorio en España, Alemania, Reino Unido y Brasil. Venderla por 450 millones implica un valor por suscriptor de 20.7 dólares, una cifra baja que refleja esa ausencia de activos propios.
¿Quién compra? Melisa Acquisition es un consorcio de capital estadounidense articulado en torno a dos firmas con perfiles distintos y complementarios. La primera es OXIO, fundada en 2018 en Nueva York por Nicolas Girard y Jason Geller. OXIO es una plataforma de Telecomunicaciones como Servicio (TaaS, por sus siglas en inglés), modelo que consiste en operar licencias móviles con arquitectura nativa en la Nube, sin redes físicas propias y facilitar que otras empresas (minoristas, bancos, plataformas digitales) lancen sus propios servicios de conectividad sobre esa plataforma.
Es un mayorista digital. OXIO opera licencias en Estados Unidos y ve en la base de clientes de Movistar México una oportunidad para escalar ese modelo en un mercado de 130 millones de habitantes con penetración móvil superior a 90%.
La segunda firma es Newfoundland Capital Management, fundada en 2009 en São Paulo por Eric Fonseca y Jonathan Rosenthal. Nació como un hedge fund (llamado antes Terranova) enfocado en acciones latinoamericanas. Evolucionó hasta gestionar millones de reales en activos regionales.
Newfoundland aporta a OXIO músculo financiero y experiencia en reestructuración de operaciones. Uno pone el capital; el otro, la tecnología. Juntos apuestan por un activo que Telefónica ya no quería, equivalente a 21.7 millones de razones para ser rentable.
La apuesta de OXIO es transformar Movistar en una plataforma mayorista abierta. En ese modelo, la marca Movistar no desaparece; se convierte en el ancla de un ecosistema donde otros actores (fintechs, e-commerce, empresas de logística) pueden ofrecer servicios móviles bajo su propio nombre usando la red y la plataforma. Se denomina Operador Móvil Virtual Habilitador (MVNE).
El mercado mayorista en México es relativamente pequeño, con espacio de crecimiento. Sobre todo ahora que varios reguladores han impulsado la separación entre infraestructura y servicio. Altán Redes, la red mayorista construida sobre la banda 700 MHz con inversión pública y privada, ya demostró que ese modelo tiene demanda de múltiples operadores móviles virtuales, aunque con dificultades financieras. OXIO propone una versión privada, ágil y orientada a empresas digitales.
El actor más afectado por esta operación no es Telcel, con la mayor presencia en el mercado y suficiente fortaleza para observar a distancia. El más expuesto es AT&T porque Movistar opera sobre su red. Hasta ahora, ese acuerdo mayorista era un ingreso garantizado para AT&T con un socio conocido y predecible.
Con el cambio de dueño, ese contrato entra en revisión. OXIO querrá condiciones más favorables para sostener su modelo de negocio. AT&T necesita ese ingreso mayorista para su rentabilidad en un mercado donde sigue siendo el tercer operador, lejos de Telcel y superado en cobertura por Altán Redes. La negociación entre ambas partes determinará si Movistar puede crecer bajo el nuevo esquema o si quedará limitada por costos mayoristas poco competitivos.
Aquí aparece una dimensión geopolítica. Tanto OXIO como AT&T son estadounidenses. La transacción transfiere 21.7 millones de líneas móviles mexicanas a manos del mismo país del operador de red. En la renegociación del T-MEC, lo anterior tiene lecturas políticas y económicas.
Para los usuarios de Movistar, el día después no cambia de inmediato. La marca sigue, los contratos se respetan y la red es la misma. El perfil del cliente Movistar en México pertenece a un segmento medio y medio-bajo, alta sensibilidad al precio, fuerte presencia en prepago y menor penetración de datos de alta velocidad frente a Telcel.
Para OXIO, ese perfil es una oportunidad si logra ofrecer planes más competitivos y servicios digitales integrados. Representa una amenaza si no consigue diferenciarse de Telcel en precio e innovación. La fortaleza del nuevo consorcio será su agilidad tecnológica y su visión de plataforma. La debilidad más evidente es su dependencia de AT&T. Si ese contrato se encarece, el modelo colapsa. La oportunidad está en el mercado mayorista y en la demanda de servicios digitales. La amenaza es Telcel, que puede responder con precios más agresivos e integraciones si Movistar recupera terreno.
México sólo tiene dos operadores de red, pero renace un tercer operador virtual con ADN distinto. No es una telco europea en retirada ni una corporación estadounidense con redes físicas. Es una startup de ocho años que opera como plataforma y tiene respaldo financiero latinoamericano. Modifica el ecosistema móvil. Lo hace menos telco y más digital. México se vuelve un laboratorio donde la infraestructura pesa menos y lo digital gana valor. El día después de la venta de Telefónica no se mide en torres, sino en datos. En clientes. En servicios. El nuevo jugador no quiere construir una red ni adquirir frecuencias. Quiere crear un mercado. Ese es el cambio. Ese es el reto. No de golpe, sí de fondo.
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