Entre cantos, abrazos y miradas cómplices, el Santuario Guadalupano fue testigo de un emotivo reencuentro. Jóvenes y familias que formaron parte de las Megamisiones 2026 se reunieron para cerrar una experiencia que dejó huella más allá de los días vividos en comunidad.
La celebración se realizó tras una Semana Santa en la que más de 650 misioneros viajaron a ocho comunidades de Sonora; ahí compartieron mensajes de fe, acompañamiento y cercanía, en el marco de las actividades de estos días.
Gran entusiasmo
De regreso, el ambiente se sintió distinto. Había entusiasmo, pero también una calma que reflejaba lo vivido. Los asistentes intercambiaron anécdotas, recordaron momentos especiales y se reconocieron en una experiencia que los unió desde lo más sencillo.
La misa de clausura mantuvo un tono por demás significativo; cada palabra, cada canto, conectó con quienes participaron y también con quienes acudieron para acompañar.
El mensaje final invitó a llevar lo aprendido a la vida diaria, más allá de las comunidades visitadas.
Impulsadas por el movimiento Juventud y Familia Misionera, estas jornadas se consolidaron, de nueva cuenta, como un espacio de encuentro y crecimiento personal.
La despedida no se sintió como un final, sino como el inicio de algo que continúa en cada uno de los participantes.