La retransmisión televisiva en directo del fusilamiento del comandante y psiquiatra militar Nidal Malik Hasan se convertirá en un éxito de audiencia. El evento está programado para el próximo 3 de diciembre en la base militar de Fort Hood, en Texas. Esta decisión marca la primera ejecución dentro de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos desde 1961.
Hasan fue condenado por el asesinato de 13 personas y por infligir heridas a más de una treintena en el ataque perpetrado en 2009 dentro de las instalaciones militares.
La iniciativa surge tras la fallida ejecución por inyección letal de Christa Pike en Tennessee, cuya condena se remontaba a tres décadas atrás. El secretario de Defensa de Estados Unidos —denominado de Guerra dentro de la Administración— ha optado por doblar la apuesta mediática con el uso de la transmisión en directo. La medida cuenta con la aprobación del presidente Donald Trump.
El titular de la cartera, Pete Hegseth, posee credenciales académicas con una licenciatura por la Universidad de Princeton y un máster por la Universidad de Harvard. Su trayectoria previa incluye una etapa como presentador y analista político en la cadena de televisión Fox. Conocedor de los códigos de los reality shows, la proyección mediática del acto parece asegurada.
Estados Unidos suspendió las ejecuciones públicas en 1936 tras el ahorcamiento en Kentucky de un joven negro, acusado de la violación y el asesinato de una mujer blanca de 70 años.
Aquel suceso congregó a unas veinte mil personas, incluidos numerosos periodistas desplazados desde diversos puntos del país. En el recinto se instalaron puestos de vendedores ambulantes. La naturaleza del acontecimiento provocó un fuerte rechazo social y político, lo que derivó en la suspensión definitiva de estos actos en el ámbito público estadounidense.
En Europa occidental, la última ejecución pública aconteció en 1939 en Versalles. Un asesino en serie de origen alemán fue guillotinado ante miles de asistentes, muchos con cámaras fotográficas, en medio de una gran algarabía. La respuesta institucional del presidente francés Albert Lebrun fue inmediata: prohibió las ejecuciones públicas en todo el territorio nacional. Tampoco se han llevado a cabo ejecuciones desde hace más de cincuenta años. En España, los últimos ajusticiamientos se produjeron el 27 de septiembre de 1975, cuando miembros de ETA y el FRAP fueron fusilados. Aquel episodio representó el último acto de represión sangrienta de la dictadura franquista.
El rechazo internacional derivado de aquellas ejecuciones impulsó la posterior erradicación de la pena de muerte en la legislación española. Hoy en día, la prohibición rige en la totalidad de los países integrados en el Consejo de Europa. Incluso dentro del territorio estadounidense, 23 estados han abolido de manera permanente la pena capital.
Desde una perspectiva europea, los episodios de Christa Pike y Nidal Malik Hasan evidencian la distancia cultural con Estados Unidos en materia de ejecuciones públicas, que se alinea, aunque solo sea por una vez, con regímenes que desprecian los derechos humanos, como Irán, Afganistán o Corea del Norte.
Cabe confiar en que la alta cuota de pantalla que logrará la retransmisión de este fusilamiento televisado despierte un rechazo similar al generado por el ahorcamiento de 1936 y que conduzca a la erradicación de semejantes prácticas en los 27 estados norteamericanos donde la pena de muerte continúa vigente. @mundiario