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AM 11 Apr, 2026 01:55

Así nació Haciendas El Refugio: la historia de Helen Anaya

Helen Anaya Sanromán Historia 160

Esta es la historia 160 de 450 que te contaremos sobre León

Helen Anaya en realidad se llama María de Lourdes Elena Anaya Sanromán. Pero nadie la nombra así. Nació en Lagos de Moreno y eligió León para crear su empresa, inspirada en dos figuras clave: su abuela y su madre.

Su historia, marcada por el amor a la cocina y el servicio, no se entiende sin ellas.

Desde los cuatro años, vi cómo ponían una mesa, cómo se servía, el protocolo para asignar los lugares… había un orden… minuto a minuto”, recuerda Helen, de 68 años, creadora de Haciendas El Refugio.

“La cocinera preguntaba a mi mamá qué iba a dar de comer al otro día. Mi mamá le decía y yo también. Tenía todo en chiquito: licuadora, metate, molcajete, estufa”. Al momento de servir, Helen pedía que probaran sus guisos.

A los 17 años llegó a León. Estudió la preparatoria en la UBAC —hoy Universidad La Salle— y después, Turismo y Hotelería.

Sus abuelos, Guillermo Sanromán, de origen español, y su abuela Elena Jones Count, de ascendencia inglesa, fueron propietarios de las haciendas Los Ávalos, Santa Cruz y El Crespo, en Lagos de Moreno, donde tenían ganado y producían frutas y verduras. Sus padres, Luis Anaya Gómez Portugal y Elena Sanromán Jones, participaban.

Elena Jones Count y Guillermo Sanromán, abuelos de Helen Anaya. Foto: Arcelia Becerra

Antes de casarse, su abuela vivió en Ciudad de México, fue compañera de Diego Rivera en la Academia de San Carlos y convivió con intelectuales y artistas. Ya en Lagos, mantuvo ese vínculo cultural y los recibía con frecuencia en su casa.

Así, Helen aprendió a ser anfitriona.

“Mi abuela ya presentaba las mesas como ahora, con la diferencia de que en aquel tiempo todo venía de Europa: las vajillas, los cubiertos, la cristalería, los servilleteros, las tazas de té y de café,  todas las medidas de plato, tipos de vajillas y las copas”, explica.

Los lugares se asignaban con precisión. 

Los encuentros iniciaban con un aperitivo —o precopa—, en los corredores, durante unos 45 minutos.

Después, los comensales pasaban a una mesa que podía extenderse para 24 personas. La servidumbre vestía uniforme de gala y un mayordomo llevaba las viandas. 

“Los alimentos se servían por la izquierda y se recogían por la derecha… lo que te enseñan ahora, ya lo hacía”.

Al terminar, el digestivo se ofrecía en la sala. “Hechos en casa con frutos de las haciendas como durazno, membrillo, capulín, granada”.

Eran menús de cinco o seis tiempos, registrados en la libreta de doña Elena Jones.

Helen y su propio camino

Durante la preparatoria, Helen viajaba diariamente entre Lagos y León. Ya en su etapa profesional, se estableció en León junto a sus hermanos, María Andrea, quien siempre la apoyó, y Luis Guillermo.

Helen y su hermana María Andrea. Foto: Cortesía de Helen Anaya

Tras la muerte de sus abuelos, la familia se mudó a la casa de ellos. “Mi mamá heredó el buen gusto por servir la mesa, cuidaba cada detalle”.

Al concluir la carrera, Helen realizó su servicio en la empresa Komba, del licenciado Alejandro Ascencio. Fue contratada después de seis meses. Ahí conoció todas las áreas: cotizaciones, almacén, alimentos, bebidas y decoración.

Participó en montajes, degustaciones, servicios en restaurante y organización de eventos. Permaneció casi una década, en una etapa de expansión que incluyó el entonces Centro de Convenciones —hoy Poliforum— además de restaurantes y clubes.

Supervisaba todo: abasto, calidad del servicio, coordinación de diseños y logística. Esa experiencia le permitió entender el funcionamiento de la industria.

Coordinó desayunos para tres mil personas, eventos de tres días como SAPICA, pasarelas, cócteles y bodas de hasta mil invitados.

Independencia y primera empresa

Tras su matrimonio, en 1981, con el médico Emilio Vaca Prieto, y el nacimiento de su primer hijo en 1988, decidió emprender su propio negocio. En 1989 fundó Le Gourmet.

Su primera oportunidad independiente llegó en el Club Campestre de Lagos de Moreno, donde obtuvo la concesión del restaurante, el bar y el salón de eventos. 

Para entonces, ya era conocida en León. Siempre estuvo presente en los servicios de Komba, supervisaba cada detalle. “Todos vieron mi atención personal y empezaron a contratarme”.

Casa de Piedra

Ese mismo año inició operaciones en Casa de Piedra, propiedad de la familia Arena. El inmueble había sido remodelado para el 65 aniversario de bodas de Alejandro Arena García y Concepción Torres Landa, pero no tenía un uso definido.

Helen vio la oportunidad. Propuso a don Alejandro convertir la hacienda en salón de eventos de alto nivel. Permaneció ahí hasta 1994.

El contrato tenía reglas: control del ruido, seguridad y los mejores eventos.

“Serví grandes festejos, alquilaba vajillas importadas, cristalería D’Arques, personalizaba cada uno, supervisaba todo hasta que salían los invitados”.

La muerte de don Alejandro en 1993 y la incertidumbre sobre el destino del inmueble la llevaron a tomar una decisión: buscar un espacio propio.

Haciendas El Refugio

En ese momento, solo existían banqueteras como Zonura, Komba y Real de Minas, cuando Helen decidió construir Haciendas El Refugio, “el mejor”, afirma.

Transcurría su último año en Casa de Piedra cuando compró un terreno de 10 mil metros cuadrados sobre la carretera León-Lagos e inició El Refugio. Era en la falda del Cerro Gordo, sin servicios, pero con vista panorámica a la ciudad.

Solicitó un crédito bancario por 10 millones de pesos. Ante la demora de aprobación, hizo un acuerdo inusual con un arquitecto —integrante del grupo vendedor del terreno— para iniciar la obra. “Tiene once meses para hacerme el mejor salón de eventos de León”, le dijo sin haberle pagado nada.

No tenía dinero, trabajaban doble turno. Comenzó a fines de 1993 y, en un año, estaba terminado”.

El acuerdo fue: si no obtenía el crédito, pagaría con el propio salón.

El financiamiento llegó por partes. Cuando recibió la primera ministración, la obra ya superaba la tercera parte. “No dormía, solo le decía al arquitecto: no pare. Mi peor escenario era olvidar mi sueño y perder el salón”.

En agosto de 1994 recibió la última parte del crédito y liquidó la construcción. Haciendas El Refugio se inauguró en septiembre de 1994.

Diciembre del 94

Helen ya era madre de dos hijos y enfrentaba un crédito millonario cuando estalló la crisis de diciembre de 1994.

En cuestión de semanas, la deuda se disparó. “Debía muchísimos más millones… era para enloquecer”. 

Hablaba con empresarios y todos me repetían: entrega el salón”. 

Su mayor angustia no era perder el salón, sino el patrimonio de su madre, que había puesto en garantía”. 

Abonaba miles de pesos, pero la deuda crecía, hasta que un especialista le recomendó suspender pagos y defender su patrimonio.

Contrató un abogado que la defraudó. Perdió el juicio y recibió  la advertencia de embargo. 

Decidió entonces asumir su propia defensa.

En un proceso de negociación logró un acuerdo: otra institución absorbió la deuda. Helen abonó cerca de 8 millones de pesos, liberó los bienes y obtuvo un plazo de un año para cubrir una cantidad similar.

De no hacerlo, perdería Haciendas El Refugio.

La empresa crece

Haciendas El Refugio pronto fue una de las principales opciones para eventos.

La atención directa de Helen y la calidad de los alimentos, marcaron la diferencia.

“Las bodas eran de mil invitados, desayunos para empresas de miles de trabajadores, graduaciones, reuniones y convenciones, etcétera”.

Años después, la pandemia marcó un punto de quiebre.

“Afectó a todas las empresas: cancelación de eventos, devolución de anticipos, cierre de servicios”,  recuerda Helen.

La dinámica de contratación y los festejos cambiaron desde entonces.

Las bodas ya son de 300 invitados o menos; las celebraciones de mil personas quedaron atrás”.

También se transformó la industria: la promoción y contratación migraron a plataformas digitales, donde proliferan opciones de todo tipo.

Impulsora de empresarias

En 1996, Helen fue fundadora en León de la Asociación Mexicana de Mujeres Jefas de Empresa. Desde entonces, comparte su experiencia.

“Lo que viví para lograr Haciendas El Refugio me tatuó, me inspiró para ser alguien y dejar un ejemplo a otras mujeres, para que se atrevan, para que se preparen, para que luchen por sus ideales, para que no tengan miedo a soñar… eso sí, tiene que ser el éxito acompañado de preparación, de tenacidad, de esfuerzo”.

Helen comparte que, cuando duda, se repite la frase: hay que persistir, hay que resistir y nunca desistir.

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