Mientras sigan contando mentiras, las seguiremos señalando: mentir no es gobernar y no se trata de “puntos de vista”, sino de la sistemática minimización del Gobierno cuatrotero de sus numerosos gazapos -presentes y pasados-, haciendo como que nada sucede cuando bien saben que han necesitado tomar medidas correctivas en secreto mientras en público lo niegan.
Caso concreto es el del hundimiento de pilotes del Tren Maya en el tramo cinco, que enlaza Cancún con Tulum. Afirmó esta semana en su mentidera matutina la Presidenta: “No hay ningún problema en este momento con el Tren Maya”. Eso afirma la Señora Presidenta, que por ser la primera mujer en serlo está decepcionando al grado de que pudiera ser la última; sin embargo, la Sedena misma -y constan evidencias- está realizando trabajos de apuntalamiento en los pilotes, y los sardos a cargo de la obra -abusando de su “autoridad”- prohibieron a un ambientalista tomar videos de los trabajos que realizan. ¿Cómo que no hay entonces problemas reportados, si se han requerido trabajos importantes de remediación? O a la Presidenta le mienten y ella propaga el embuste, o le informan, pero prefiere taparle los errores a su antecesor negando que haya problemas cuando realmente los hay, ¡y serios!
Se les cayó ya la Línea 12 del Metro matando a 27 ciudadanos, se les descarriló el Transoceánico causando 14 muertes, y ahora la obra que le cuesta al erario diez millones de pesos diarios en pérdidas requiere reparación, dado que -contra los consejos de expertos- el “genio” que habita “La Chingada” se emperró en construir la obra sobre cuevas, cenotes y ríos subterráneos en un suelo más que blando e inapropiado. Jamás aceptan sus errores estos cuatroteros, pues son tan numerosos que, de conocerlos, sus seguidores enganchados por las dádivas se espantarían al percatarse de a quién apoyan para gobernarlos.
Recordemos el caso de las piernas al sol en la ventana de Palacio Nacional. Cuando se hicieron virales las gráficas la Presidenta misma negó que las fotos fueran reales; días después, cuando quedó comprobado que sí lo eran, tuvo que recular diciendo que la persona -que nunca fue identificada oficialmente- “ya había sido sancionada”. Tampoco informaron en qué consistió tal sanción, en qué departamento labora la mujer que se toma libertades en un monumento nacional como si fuese de su propiedad. ¡No merecía sanción, merecía despido inmediato por desecrar un monumento nacional!
En la concatenación de mentiras está el tema del derrame de crudo en el Golfo de México, que ha llegado no sólo a playas mexicanas, sino a las de Texas. Primero lo negaron, después afirmaron que era un barco “de Peña Nieto” -que resultó fantasma, pues nunca existió- y luego salieron con autoalabanzas respecto a la gran labor de limpieza que estaban realizando, echándoles la culpa a unas misteriosas “chapopoteras”. ¡Pero nunca informaron el origen del derrame de crudo ni si ya se ha contenido total o parcialmente! Esto sucede bajo la batuta autoritaria de una doctora en temas de medio ambiente como Presidenta… ¿cómo estaríamos si el tema ambiental le fuera ajeno?
No para ahí el asunto de la marrana embarrada de lipstick que nos quieren vender como “La Chulis”: ayer compareció en el Senado el Canciller designado, Roberto Velasco, quien en el tema de los desaparecidos, respecto al cual lanzó la alarma el Comité de la ONU (más de 130 mil a la fecha), para todo fin práctico desmintió a la Presidenta y su “rechazo” a las conclusiones del Comité.
¿Saben ustedes, estimados lectores, qué fue Velasco antes de ser propuesto como Canciller? ¡Niño! Inexperto como pocos, carente de estatura diplomática, experiencia y prestigio como para representar a México, dijo que sí reconocen las desapariciones, pero que el Gobierno no es responsable. ¿Ah, no? ¿Entonces quién creó el clima de impunidad en este país? ¿Quién ideó la penbosada de “abrazos, no balazos”? ¿Quién tolera a los cárteles y en algunos casos recibe de ellos financiamiento para campañas? Esto, o en velices de cash (en dólares, según testigos protegidos detenidos en EU), entregados a choferes o achichincles, o por vía de patrocinadores asociados al huachicol.
El derrame en el Golfo no es el único mugrero del que son responsables estos del “segundo piso” de la cuatretería.