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Quadratin 12 Apr, 2026 08:25

La agenda del T-MEC y los trabajadores cetemistas (Parte IV)

La ruta del ganar-ganar y la meta final del TMEC 

La intensa integración económica y comercial producida entre nuestras tres economías y los beneficios obtenidos por ella, cierran la puerta a una eventual cancelación, el costo sería incalculable y nadie quiere perder.
Tan solo basta señalar los siguientes elementos.

·        México no solo es el principal proveedor mundial al mercado de Estados Unidos, sino que nuestro país es el principal destino de las exportaciones de Estados Unidos. En enero pasado, cerca del 17% de todas las ventas mundiales de Estados Unidos tuvo como destino a México.

·        El comercio de bienes y servicios provenientes de Estados Unidos en la región del TMEC supera los 2 billones de dólares, una cantidad relevante para las empresas ubicadas en territorio estadounidense.

·        El comercio de bienes de Estados Unidos con México (exportaciones más importaciones) ascendió a un total estimado de 872 mil 800 millones de dólares en 2025.

·        Se estima que más de cinco millones de empleos en Estados Unidos dependen directamente del comercio con México y Canadá.

·        En promedio el 74% del valor de las manufacturas elaboradas en México y que se exportan a Estados Unidos contiene insumos norteamericanos.

Los datos anteriores revelan la profundidad de la integración, las ventajas compartidas entre naciones participantes y la base para poder proyectar una nueva etapa del TMEC que prolongue su vida por otros 16 años y seamos actores de una de las áreas económicas más poderosas y prosperas del planeta para competir frente al resto del mundo.

Decimos que visualizamos más oportunidades que riesgos en la nueva agenda 2026 y lo expresamos a partir de la declaración conjunta de México y Estados Unidos del pasado 18 de marzo donde se señala que se encargó a los equipos técnicos de ambos países “examinar opciones especificas para incrementar la producción y el empleo manufacturero en México y en Estados Unidos”.

Trabajar sobre un estricto cumplimiento en torno a reglas de origen y fortalecer las cadenas productivas de la región sin duda representa una opción viable para ampliar la articulación y la proveeduría nacional de aquellos sectores industriales que han estado al margen de la integración con el TMEC. Lo anterior representa una oportunidad para un salto cualitativo en las capacidades industriales de México a nivel global.

Veamos más allá.

La nueva agenda del TMEC para el 2026 y su futuro debe partir del reconocimiento de que muchas cosas han cambiado desde su renegociación, en especial el recrudecimiento de la competencia entre China y Estados Unidos y la profunda reorganización de las cadenas productivas, la relocalización industrial y el nearshoring.

Lo anterior significa que ya no hablamos exclusivamente de desmantelar barreras al libre comercio como en el TLCAN, ahora la cuestión es como potenciamos la capacidad productiva de la región de norteamericana y en el caso de México convertirnos en una plataforma productiva y exportadora de bienes con mayor valor agregado. Alcanzar ese objetivo requiere de voluntad y de compromiso para alinear a los distintos actores de la economía – gobierno, empresas, trabajadores, academia - y de políticas públicas pertinentes.

Hablamos de poner como una prioridad de la agenda nacional una política integral de competitividad para generar un círculo virtuoso de nuevas y crecientes inversiones y más exportaciones industriales de mayor valor agregado. Una fortaleza competitiva que requiere de infraestructura, especialmente energética amplia y competitiva, ampliación de las redes de logística, cadenas de suministro resilientes, desarrollo tecnológico, incremento del contenido nacional de las exportaciones; así como capital humano con nuevas habilidades y capacidades. 

Requerimos de una política industrial se fortalezcan las capacidades de las micro, pequeñas y medianas empresas para sustituir la proveeduría de empresas que se encuentran fuera del bloque norteamericano y elevar el contenido nacional. Créditos, incentivos fiscales, capacitación de mano de obra, modernización de sistemas y de la gestión de esas unidades económicas favorecerían su vinculación a las cadenas de valor del TMEC. Considerando que la mayor proporción de empleo formal en México, 7 de cada 10, se genera en estas unidades económicas su vinculación por el TMEC impulsaría a los empleos formales.

Con el cumplimiento del anexo del capítulo laboral que se traduzca en un sindicalismo fuerte y responsable mejorando sustancialmente las condiciones laborales de los trabajadores mexicanos, estamos ciertos que bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum, del acompañamiento solido y en equipo del sector productivo , en especial de los trabajadores y sus sindicatos, construiremos una ruta que nos encamine a la mitad del siglo XXI a un México prospero, transformándonos en una potencia económica de relevancia internacional y con estándares de vida propias de una nación desarrollada. Esa es la meta final del TMEC

Epílogo

En la mesa de negociación del TMEC se definirá la hoja de ruta en torno al futuro del acuerdo trinacional. En el horizonte tenemos la oportunidad de lograr en los próximos 16 años consolidar a la región norteamericana como la más competitiva del mundo y a México transformarse en una gran plataforma industrial y comercial de peso global.

Reconocer que el mundo cambió, que el quehacer industrial se ha y sigue modificándose. La reubicación de las cadenas de suministro (nearshoring) abre grandes oportunidades para los socios del bloque y México debe encontrar las suyas. Ya no se trata solamente de eliminar barreras al comercio entre los tres países sino potenciar una integración productiva a partir de la enorme disponibilidad de recursos en la región norteamericana.

Lograr ese gran salto implica identificar los beneficios conjuntos para las tres naciones que superen las rentas obtenidas por el solo libre intercambio comercial. Para México aprovechar las ventajas del nearshoring (la cercanía al mercado) requiere de una visión común entre todos los actores involucrados – gobiernos, empresarios, trabajadores y academia – para consensar y ser corresponsables de la instrumentación de políticas deliberadas y estratégicas que favorezcan la competitividad sistémica del país y se refleje en una participación sustancial en las cadenas de valor del proceso económico e industrial.

Competitividad sistémica donde uno de sus pilares sea la calidad en las capacidades y habilidades de los trabajadores mexicanos del siglo XXI. Trazar la ruta para pasar de la manufactura a la mentefactura, una competitividad laboral basada en el conocimiento, la creatividad y las habilidades blandas y no solo en la fuerza laboral física.

Construir y consolidar un nuevo paradigma laboral acorde a los tiempos de un nuevo TMEC y a las demandas de bienestar de los trabajadores de México. (Final)

Por Juan Huerta Peres
Secretario de Asuntos Económicos, de Acción Ocupacional y Desarrollo Productivo de CT M

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