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Mundiario 13 Apr, 2026 05:33

Irán eleva la amenaza en el golfo Pérsico ante el inminente bloqueo naval de EE UU en Ormuz

La crisis en torno al estrecho de Ormuz entra en una fase crítica. A escasas horas de que Estados Unidos active su anunciado bloqueo naval en este corredor estratégico, Irán ha respondido con una amenaza directa que eleva el riesgo de escalada regional: si sus infraestructuras portuarias son atacadas o limitadas, ningún puerto del golfo Pérsico ni del golfo de Omán quedará al margen de las represalias.

El aviso, lanzado por el teniente coronel Ebrahim Zolfaqari en nombre de las Fuerzas Armadas iraníes, califica las restricciones estadounidenses como un acto “ilegal” equiparable a la piratería. El mensaje no es solo retórico: apunta directamente al corazón del comercio energético global, ya que por este estrecho circula una parte sustancial del petróleo y gas que abastece a los mercados internacionales.

Por su parte, el Mando Central de Estados Unidos ha fijado la entrada en vigor de las medidas para la tarde de este lunes, marcando un punto de inflexión tras la paralización de las negociaciones entre ambos países. Washington sostiene que permitirá el paso de buques siempre que no tengan relación con puertos iraníes, una condición que en la práctica introduce un control selectivo del tráfico marítimo en una de las rutas más transitadas del planeta.

El presidente Donald Trump ha endurecido aún más el tono al restar importancia a la posibilidad de retomar las conversaciones con Teherán. Su mensaje deja entrever que la Casa Blanca está dispuesta a avanzar en la presión estratégica sin necesidad de un acuerdo inmediato, incluso a costa de aumentar la incertidumbre en la región.

Sin embargo, desde Pakistán —actor clave en la mediación— se insiste en que el proceso diplomático no está roto, sino simplemente bloqueado en sus últimos puntos. Fuentes gubernamentales paquistaníes describen la situación como un “punto muerto” que todavía podría desbloquearse si ambas partes ceden en cuestiones clave, especialmente las relativas al programa nuclear iraní y al control del estrecho.

En paralelo, China ha intervenido con un llamamiento a la contención. Pekín subraya la necesidad de garantizar la libre navegación en Ormuz, recordando que su estabilidad es esencial para el comercio mundial. La diplomacia china insiste en que la única salida viable pasa por un alto el fuego duradero y por la reactivación del diálogo, en línea con su papel creciente como actor moderador en conflictos internacionales.

La tensión no se limita al pulso entre Washington y Teherán. En Líbano, el Gobierno trata de desvincular su propio frente de la dinámica iraní, defendiendo negociaciones directas con Israel bajo el principio de soberanía nacional. Este movimiento refleja el temor de que la escalada en Ormuz arrastre a otros escenarios ya frágiles, ampliando el conflicto más allá del golfo.

Así, el estrecho de Ormuz vuelve a situarse como epicentro de una crisis con múltiples capas: rivalidad geopolítica, presión económica y riesgo militar. La amenaza iraní, el bloqueo estadounidense y el frágil hilo diplomático configuran un escenario en el que cualquier incidente podría desencadenar consecuencias globales, especialmente en los mercados energéticos y en la estabilidad de Oriente Próximo. @mundiario

 

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