Maquiavelo nos haría escribir planas completas de: “UN HOMBRE (o mujer) QUE QUIERE SER BUENO, ENTRE TANTOS QUE NO LO SON, LABRARÁ SU PROPIA RUINA”, y el florentino no se equivocó, pues bajo los postulados de El Príncipe, las arenas del poder no son compatibles con la moralidad; vamos, ni los defensores de la moral vinculados a las distintas iglesias y religiones son puros en eso de dirigir al rebaño sin que se les atraviese alguna guerra u otros pecados muy terrenales.
Así que la pregunta inicial se estrella con un rotundo NO. No se concibe en la mesa del banquete a un buen ser humano que salga victorioso y sin mácula en el arte de hacer política, de la más apestosa.
No sin vivir un tormento personal, un infierno incluso espiritual, íntimo y sin sosiego. Pienso que en esos trances se encuentra una mujer que, bajo mi entender, es de buenos sentimientos y honorable: la maestra Delfina Gómez, gobernadora del Estado de México (EMX), una rareza de “esa sociedad política” que no perdona debilidades humanas como la empatía, y mucho menos la honestidad.
Tuve la oportunidad de desayunar un par de ocasiones con ella por razones periodísticas; la conocí en ambos momentos como candidata a la gubernatura: una, cuando pierde ante Alfredo del Mazo; otra, poco antes de ganar frente a Alejandra del Moral. Y de verdad lo digo: me cayó muy bien, pues me dejó la impresión de ser una mujer sincera, sin poses, nunca arrogante y, hasta cierto grado, con aires de mujer espiritual; insisto, una buena persona.
Y la fricción del cargo, con sus días malos y otros terribles, la han llevado a sufrir un desgaste en su salud, mismo que se comenta en su círculo más cercano y que, lo digo con sinceridad, lamento mucho.
Pero el otro desgaste, no biológico, es el abuso de algunos personajes muy cercanos a ella, quienes han cometido, en contra de su buena disposición, pequeñas y grandes traiciones. La maestra está atada a una falsa lealtad con el pasado, ese pasado que sigue creyendo que ella es su empleada. El popular junior (que rápido se olvidó de su viaje a Japón y los multimillonarios negocios) mantiene en el puño el control de una parte importante del aparato mexiquense, como conocida fórmula para la captación de dinero (millones de pesos) que le sirva de fondeo para la siguiente aventura electoral, ya sea en la CDMX o Tabasco.
Y sí, la maestra ha tenido varios aciertos en los últimos días al haber removido de su cargo a distintos personajes en áreas de educación, salud y Secretaría de las Mujeres; desplazamientos necesarios, sí, pero que abren aún más el apetito por saber cuándo se servirá el platillo fuerte, el que defina que su administración es suya y de nadie más. Solo que, para ello, se necesitará que deje por un momento el aura de buena persona, apriete el puño, golpee la mesa y se sacuda esas tóxicas herencias. Pero ese es el tipo de “política” que la maestra no ejecuta, pues siente que traicionaría al “movimiento”, aunque este tenga ya siglas de CSP.
La gobernadora Delfina ha sabido avanzar en medio de mentiras y vilezas de quienes le afirman estar con ella. Uno de sus principales blindajes es el respaldo federal, particularmente con uno de los proyectos más relevantes de la presidenta Claudia Sheinbaum, implementado en los 11 municipios del oriente, cuyos resultados ya han sido abordados en distintas entregas: una acción de gran magnitud que implicó no solo recursos económicos, sino la operación directa del gabinete federal en territorio.
La mandataria estatal ha sido el centro de atención del gobierno de la República y partícipe de esos resultados, que, junto con los de los presidentes municipales, se perfilan como ejemplo de lo que puede replicarse en otras entidades.
Y viene la prueba de fuego para la gobernadora: los procesos electorales del 27 y 29, que podrían convertir al Estado de México (EMX) en un campo de disputa. No por una oposición fortalecida, sino por conflictos internos dentro de Morena.
Morena contra Morena… Texcoco contra Texcoco.
¿Así o más fratricida?
Por ello, al igual que ocurrió con el plan de rescate de los 11 municipios del oriente, el gobierno federal —Palacio Nacional, para ser claros— podría intervenir para ordenar el proceso y evitar que las elecciones municipales, legislativas y, posteriormente, la gubernatura, deriven en un debilitamiento del proyecto en el poder.
Por ello resulta oportuna esta reflexión sobre una mujer buena, muy buena, que, lo diré una vez más, es fácil de apreciar por su buen corazón, pero que, por esa virtud —que en política se vuelve debilidad—, pisa una línea riesgosa: ser recordada por lo que no se debe hacer en un entorno de traiciones y ambiciones.
Con respeto, maestra: usted sabe lo que viene y los desafíos que enfrenta. Sea un poco menos buena; se merece no ser utilizada ni traicionada, para que —como usted dice— al Estado de México y a su gobierno les vaya “requetebien”.
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