Después de separarnos, si queremos avanzar en la vida e iniciar el proceso para sentirnos mejor, el primer paso es admitir el fin de la relación.
Al final de una relación le antecede una etapa de desgaste, conflictos y cansancio emocional; nadie puede evitarnos la tristeza que sentimos, lo cual nos deja en un estado vulnerable para enfrentar la separación; nos encontramos ante una esperanza frustrada tras la ruptura, y somos víctimas de las emociones que generan nuestros pensamientos. Edoardo Giusti, en su libro “El arte de separarse”, expresa lo siguiente: “Este proceso no puede detenerse por un simple acto de voluntad, ya que se desarrolla en unas condiciones en las que los pensamientos poseen a la persona…”. Pensamientos recurrentes tratando de comprender y/o justificar lo sucedido, así como la vorágine de recuerdos que nos llenan de nostalgia, al tiempo que se mezclan con sentimientos de rencor y ásperos reclamos hacia la persona de la cual nos separamos, comienzan a formar parte de nuestra vida a cada momento. La tentación e inutilidad de victimizarse asumiendo el peso de la separación o de echar culpas es otra práctica común; a falta de un estado de consciencia y con el sentimiento de pérdida a flor de piel, nuestro ego busca rescatar una victoria emocional, creyendo que se ha cometido un error y considerando una reconciliación.
Tener la razón o no es irrelevante; queda claro que desde su punto de vista cada quien considera que la tiene, sin siquiera ver la lógica de que se necesitan dos personas para iniciar y para terminar una relación. Entendiendo esto, asignar culpas resulta intrascendente en la ruptura, ya que ambos son responsables, cuando menos, de haber seleccionado a la persona equivocada.
Mantener la mayor distancia de la persona de la cual nos separamos es de mucha ayuda y probablemente sea la mejor de las estrategias. Cualquier intento por querer aclarar el pasado o expresar rencores y reclamos solo nos debilitará, haciendo más largo nuestro proceso de recuperación y posiblemente nos lastime aún más. Este proceso puede durar meses o años, dependiendo de cada quien. Las emociones cambian a una velocidad diferente a la de las ideas y pensamientos, normalmente van más lentas, así es como funcionamos. Para algunas personas, la separación es un alivio y resulta motivante; en estos casos el peso emocional y psicológico es más ligero. Sea cual fuere su caso, eventualmente, si quiere avanzar en la vida e iniciar el proceso para sentirse mejor, admitir el fin permite iniciar la recuperación emocional.
Una vez que se ha aceptado la realidad, lo mejor que podemos hacer es tener una nueva y mejorada actitud; cualquier otra opción (desquites, venganzas, rencores, etc.) nos juega en contra. Una sana estrategia se finca en encontrar la fuerza en el estado de ánimo para sortear, con alegría, los nuevos retos y oportunidades que nos presenta la vida. Ante la falta del compañero/a, poco a poco tenemos que ir retomando, con una nueva perspectiva, cada uno de los aspectos de nuestra vida: rutinas diarias, actividades, vida social y familiar, agenda de los hijos (cuando los hay), trabajo, ingreso económico, inclusive los quehaceres del hogar. Con la separación, comienza una nueva etapa en la vida en donde hay todo por descubrir, y con la actitud adecuada, la separación abre nuevas oportunidades de crecimiento personal.
Es importante, antes de iniciar una nueva relación, dejar pasar un tiempo de luto en soledad y reflexión para sanar “heridas” y terminar procesos (o simplemente relaciónate con amigos(as) con derechos, es decir compartir diálogos, ternuras, un baño en regadera o vacaciones, sin establecer un compromiso).
Una buena estrategia es aprovechar esta nueva etapa dedicándonos únicamente a nosotros y a nuestro desarrollo; con el tiempo, el vínculo se desvanece y el apego a quien fue nuestra pareja desaparecerá; es hasta este momento y no antes, que estaremos en condiciones, si así lo deseamos, de iniciar la búsqueda de una nueva pareja; finalmente, con la separación tenemos la oportunidad de vivir la experiencia de ser felices sin depender de alguien más para lograrlo, la felicidad nace desde la independencia emocional personal… ¡Así de sencillo!
Un saludo, una reflexión.
Santiago Heyser, Sr. y Santiago Heyser, Jr.
Escritores y soñadores